ABORTÓ LA OPERACIÓN
• Una muestra más de que la lideresa de FP no tiene un discurso convincente pese a tres postulaciones perdidas
Por: Toto
¿Alguna vez han escuchado una idea brillante de Keiko Fujimori? Desde que es candidata -y ya suma tres derrotas consecutivas- su discurso no pasa de oraciones coyunturales, ajusticiamientos verbales a sus rivales (acaba de llamar “tonto útil de los caviares” a Rafael ‘Porky’ López Aliaga) y un permanente apego al accionar de su padre, el exdictador Alberto Fujimori.
A ello se añade su pesada mochila judicial por presuntos actos de corrupción, que incluso la llevaron a prisión. Hasta el impresentable Mark Vito logró articular una frase con algo de elaboración cuando la lideresa naranja cayó en Santa Mónica y él también enfrentaba a la justicia: “Si mi delito es amar a Keiko, entonces condéneme”. Esa precariedad argumental -o doble discurso- también la distanció de su hermano Kenji Fujimori, el engreído del ‘Chino’. No sorprende, entonces, que ahora afloren discrepancias incluso con su propia hija y en un asunto medular para cualquier aspirante a Palacio.
En reciente entrevista con RPP Noticias, la candidata de Keiko Fujimori dijo respetar la postura de su hija mayor sobre el aborto en casos de violación y “valorar la valentía” de defender sus ideas, pese a no compartirlas. La respuesta de Kyara Villanella fue clara y directa: se manifestó a favor de que una mujer pueda interrumpir un embarazo producto de una violación, al considerar que obligarla a continuar con la gestación implica revictimizarla y desconocer su derecho a decidir en una circunstancia extrema.
Es decir, una posición abiertamente distinta a la línea calculadora que su madre ha sostenido públicamente. El gesto puede leerse como tolerancia en el plano familiar, pero en el terreno político vuelve a exhibir la ambigüedad de siempre: intenta no alejar al electorado conservador, mientras envía señales a sectores jóvenes y urbanos que reclaman libertades individuales. Cuando todo es equilibrio táctico, termina faltando convicción.
Un candidato que no tiene llegada a la población con un discurso claro y consistente difícilmente puede ganar una elección. Keiko arrastra un antivoto sólido y, lejos de desmontarlo con propuestas innovadoras sobre seguridad, economía o reforma del Estado, reincide en el libreto de siempre: victimización, polarización y reivindicación del pasado. El país de 2026 no es el de 1995, pero su narrativa parece congelada en esa década.
Por si fuera poco, en su lanzamiento de su campaña en Trujillo se reportó que una cámara del Congreso fue utilizada para cubrir el mitin partidario, un hecho que despierta serias dudas sobre el uso de recursos públicos con fines proselitistas. En tiempos donde la ciudadanía exige transparencia y pulcritud, esos gestos confirman la sensación de que el fujimorismo no termina de comprender que la política no puede seguir manejándose como patrimonio familiar.
Keiko Fujimori insiste en que esta será la vencida. Pero las elecciones no se ganan por insistencia ni por herencia. Se ganan con ideas, credibilidad y conexión real con la calle. Y, hasta ahora, su candidatura parece más un eco del pasado que una propuesta de futuro.
“No sorprende, entonces, que ahora afloren discrepancias incluso con su propia hija y en un asunto medular para cualquier aspirante a Palacio”.
50
Años tiene la hija de Alberto Fujimori.
• Kyara indicó a través de sus redes que tiene una opinión “distinta” a la de su “mamá”: ante “el caso hipotético presentado”, sí “optaría por abortar”.
• “Es claro, yo tengo una postura, yo defiendo la vida y mis hijas tienen otra”, señaló la candidata presidencial evidenciando falta de comunicación en casa.



