Cuando la fragmentación política y el apetito de poder convierten la democracia en una piñata de intereses particulares
• Pusieron a José Jerí y ahora se hacen los santos y quieren lavarse la cara con su censura
Por: Toto de la Torre Ugarte
El Perú camina al 2026 como quien entra a una pelea de mercado y no a una fiesta democrática. En vez de buscar un estadista, tenemos 37 grupos que se dicen partidos disputándose el sillón como si fuera premio mayor de lotería. La presidencia ya no se presenta como servicio público, sino como botín: inmunidad, poder y caja. El ciudadano mira este circo con la sensación amarga de que la política dejó de ser proyecto de país y pasó a ser negocio personal, gritado a todo volumen en redes y mítines de cartón.
La degradación es tan evidente que espantaría a cualquiera que todavía crea en ideas. Si Mario Vargas Llosa observara este escenario, vería ese “espíritu de tribu” del que tanto advirtió: grupos cerrados, sin doctrina, unidos solo por el hambre de poder. Aquí no se discuten programas, se reparten puestos; no hay visión, hay cálculo. El país real —el de la inseguridad, el sueldo que no alcanza y el miedo a enfermarse— queda fuera del encuadre, mientras la vitrina política ofrece candidatos como si fueran productos vencidos pero relanzados con nueva etiqueta.
La fragmentación no es pluralidad, es ruido. Decenas de aspirantes peleando por el tesoro de Palacio garantizan un ganador débil desde el primer día, un presidente miniatura rodeado de un Congreso que funciona como mercado persa. Ahí se compra, se vende y se negocia gobernabilidad por horas. El resultado ya lo conocemos: mandatarios devorados por un sistema que primero los fabrica y luego los descarta, mientras la institucionalidad se vuelve un chiste que nadie celebra.
Y en medio de este panorama, el Congreso llama a plenos extraordinarios y las ambiciones hierven. La moción contra José Jerí activa a los mismos de siempre, listos para probarse la banda presidencial como si fuera disfraz. Surgen nombres como José Balcázar y uno se pregunta en qué momento la política se convirtió en casting permanente. Ya basta de payasadas: si vamos a cambiar de presidente en plena carrera electoral, que al menos valga el trauma. El problema es que, con esta clase política, el país siente que siempre paga la entrada… para ver la misma mala función.
“El resultado ya lo conocemos: mandatarios devorados por un sistema que primero los fabrica y luego los descarta”.
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grupos buscan adueñarse de las mieles del poder.
• El partido Alianza Venceremos, presidido por el candidato presidencial Ronald Atencio, encabezará la cédula de sufragio, mientras que el Partido Morado, que postula a Mesías Guevara, ocupará la última posición en la inmensa cédula de sufragio que le hará la vida imposible al votante el día de las elecciones.



