En otro lenguaje
Por Jaime Asián Domínguez

La política nuestra de cada día ya parece una mezcla de circo y telenovela, donde los candidatos al Congreso bicameral del 2026 han decidido que decir la verdad no suma votos. Al abrigo de pesos pesados como César Acuña, Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Martín Vizcarra y el mismo Carlos Álvarez, vemos desfilar promesas que no les corresponden. Ofrecen hospitales, agua potable, comisarías y hasta “escaleras solidarias” como si el Congreso fuera una municipalidad. No es ignorancia nomás, es engañar a una población cansada de que le vendan humo.
El colmo del descaro es escuchar a aspirantes a senadores o diputados prometer cemento y fierro como si fueran maestros de obra. Hay que decirlo claro y sin rodeos: el Congreso no ejecuta obras ni maneja presupuesto. Un congresista no pone ladrillos; hace leyes, fiscaliza y representa (bueno, sobre el papel). Prometer un hospital desde un escaño es tan absurdo como pedirle a un chofer que haga una operación a corazón abierto. Pero todo vale cuando el miedo manda y la inseguridad cerró el 2025 con un sofocante 83.9% de percepción ciudadana.
La incoherencia es la marca registrada de estas candidaturas. APP, Fuerza Popular y Renovación Popular llenan las redes con promesas de “seguridad y obras”, cuando sus propias bancadas han sido parte de la parálisis que hoy nos golpea. Los números no mienten: el Perú terminó el 2025 con 10.7 homicidios por cada 100 mil habitantes. Si no pudieron frenar la violencia con las leyes que ya votaron, ¿con qué autoridad prometen ahora obras que le tocan al Ejecutivo o a los municipios? Pura yuca.
Y es que la distancia entre lo que prometen y lo que pueden hacer es enorme. En un país donde la victimización llegó al 25.2% en 2025, elegir a un legislador porque promete “construir un colegio” es como darle las llaves de la casa a alguien que no sabe ni dónde queda la puerta. Tenemos políticos que quieren actuar de alcaldes porque legislar exige estudio y responsabilidad. Si en el 2026 el Senado y la Cámara de diputados se llenan de estos “constructores de mentiras”, la bicameralidad no será una solución, sino otro escenario para el mismo engaño de siempre. Y así, no juega Perú.
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“Pero todo vale cuando el miedo manda y la inseguridad cerró el 2025 con un sofocante 83.9% de percepción ciudadana”.



