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Empresas recalculan el tamaño de sus oficinas para alinearlas a nuevas dinámicas de trabajo

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● La redefinición del trabajo presencial está llevando a las empresas a recalcular cuántos metros necesitan y cómo justificar cada espacio desde una lógica de eficiencia operativa.
Lima, enero de 2026 — La agenda corporativa peruana volvió a poner el foco en la eficiencia operativa, y en 2026 uno de los ajustes más visibles se está dando en el tamaño y uso de las oficinas. Las empresas no están cerrando espacios: están recalculando cuántos metros cuadrados realmente necesitan y para qué.
El cambio responde a esquemas híbridos más estables, mayor rotación de equipos y una necesidad creciente de optimizar el uso de recursos sin afectar la productividad. Hoy, la pregunta clave ya no es cuántas personas caben en una oficina, sino cómo se justifica cada metro cuadrado en función del negocio.
Menos metros, más eficiencia
A diferencia del ajuste abrupto que siguió a la pandemia, el movimiento actual es más técnico y estratégico. Las empresas están dejando atrás oficinas sobredimensionadas para migrar hacia espacios más compactos y funcionales, diseñados para equipos que no asisten todos los días al mismo tiempo.
“El foco ya no está en cuántos metros se alquilan, sino en cómo se usan”, explica Claudio Hidalgo, presidente de WeWork para Latinoamérica. “Una oficina más pequeña, bien diseñada y con alta rotación puede ser más eficiente —y menos costosa— que grandes espacios subutilizados”.
Esta lógica se traduce en layouts más dinámicos, con menos puestos fijos y mayor presencia de salas de reunión, áreas colaborativas y espacios de concentración. El objetivo es reducir metros ociosos sin perder capacidad operativa. En esa línea, datos del mercado inmobiliario corporativo indican que el espacio promedio por persona pasó de 9.5 m² a 5.7 m², como resultado de modelos híbridos con mayor rotación y una planificación más precisa del uso de las oficinas.
El metro cuadrado entra al radar financiero
A este ajuste se suma una variable clave: el costo del metro cuadrado. De acuerdo con reportes del mercado corporativo de JLL, los valores de alquiler en edificios prime en Lima ya se ubican cerca de US$17 por m², con una tendencia al alza en los segmentos de mejor ubicación y calidad. Este escenario eleva el impacto de mantener metros subutilizados y refuerza la presión por usar mejor cada espacio contratado.
Desde la lógica financiera, el efecto es directo: cuando el m² se encarece, cada metro que no se usa pesa más en el P&L. Por eso, la discusión dejó de centrarse únicamente en cuánto se paga por el alquiler y pasó a enfocarse en cuánto valor genera cada metro contratado. “Cuando el m² sube, el problema no es cuánto espacio tienes, sino cuánto espacio estás pagando sin usar”, resume Hidalgo.
Flexibilidad como herramienta de gestión
El estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral en Perú”, elaborado por WeWork y Michael Page, muestra que el 48% de los trabajadores en el país opera hoy de forma 100% presencial, pero la preferencia mayoritaria sigue siendo híbrida (54%). Esta combinación obliga a diseñar oficinas pensadas para picos de asistencia, no para ocupación total permanente.
En la práctica, esto ha acelerado el uso de herramientas como reservas de puestos, planificación por equipos y medición de ocupación real. La flexibilidad deja de ser solo un beneficio para el talento y se convierte en una herramienta de gestión que permite ajustar el tamaño del espacio a la demanda efectiva. “Las oficinas hoy se gestionan como un activo, no como una infraestructura estática”, señala Hidalgo. “Eso permite ajustar el espacio sin sacrificar colaboración ni operación”.
Un ajuste estructural
Lejos de ser una respuesta coyuntural, el redimensionamiento de las oficinas se perfila como una tendencia estructural. Las empresas que ya realizaron este ajuste reportan mayor eficiencia en el uso del espacio y una mejor alineación entre infraestructura y forma de trabajo.
En 2026, el nuevo cálculo es claro: menos metros, mejor usados. En un escenario donde cada decisión inmobiliaria impacta la operación, el espacio dejó de ser una constante para convertirse en una variable de gestión.