Home CULTURA Juan y Víctor Ataucuri: «La derecha ha secuestrado el término demócrata»

Juan y Víctor Ataucuri: «La derecha ha secuestrado el término demócrata»

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En esta entrevista del Diario Uno a los Ataucuri, Premio Nacional de Literatura 2023, denuncian una «apropiación terminológica» por parte de sectores de la derecha. Han monopolizado los conceptos «democracia» y «libertad» para descalificar a la oposición.

Diario Uno: ¿Cómo ven el panorama de las elecciones generales 2026 en el Perú?

Las cosas están muy complicadas. Adelantar quién tiene más posibilidades es arriesgarse al error. Aunque la mayoría de las encuestas sitúan a representantes de la derecha encabezando los porcentajes, aún existe un alto número de indecisos. En esta campaña, el eje ya no radica en las propuestas o planes de gobierno, sino en quién representa la «democracia» y la «libertad». Es una trampa retórica que reduce todo a elegir entre democracia o dictadura; un total disparate.

¿Cómo es eso de elegir entre la democracia y la dictadura?

Es sencillo de explicar. Durante las últimas décadas, un sector poderoso del país ha capturado las palabras «democracia» y «libertad» hasta convertirlas en su propiedad privada. Esta apropiación ha vaciado los términos de su significado histórico, volviéndolos inseparables de la agenda de la derecha. En palabras sencillas: han instalado la idea de que votar por la derecha es votar por la libertad. Si no lo haces, automáticamente estás votando por la «dictadura».

Esta retórica ha monopolizado el discurso, construyendo un marco lógico donde la oposición queda fuera de la moralidad. El ciudadano adoctrinado solo ve democracia en un lado; en el otro, solo percibe oscuridad y miedo. Es un fenómeno estudiado por la lingüística Sabrine Weber, denominado «apropiación del discurso».

«Demócratas» contra «terrucos»

¿Quiere decir que, si alguien ofrece un discurso contrario a los postulados de la derecha, lo tildan de «terruco»? Es curioso cómo se unen dos fenómenos lingüísticos para invalidar cualquier propuesta progresista de justicia social, regulación estatal o reivindicación de derechos. Por un lado, la apropiación de la palabra «democracia» y, por otro, la «simplificación del enemigo» de Goebbels. Al asumirse como propietarios de la definición de «demócrata», etiquetan automáticamente a cualquier crítico como «terrorista», «rojo» o «pro-dictadura».

¿Qué consecuencias trae la apropiación de estos términos?

Al apropiarse del término «demócrata», se anula el debate. Ya no se discuten ideas, sino que se expulsa al otro de la categoría de «ciudadano con derechos» por no encajar en la «democracia del patrón». Asimismo, la palabra «libertad» se convierte en una bandera superficial: sus seguidores sienten que son libres, aunque pierdan derechos laborales o sociales. La emoción de pertenecer al «bando de la libertad» les anula la visión de la realidad.

¿Esto se relaciona también con la posverdad?

La posverdad es, esencialmente, una mentira diseñada para modelar la opinión pública. Su modus operandi depende de los medios masivos de comunicación. Para ejecutar la apropiación del discurso se requiere de una prensa hegemónica que repita incesantemente que la democracia es inherente a la derecha y la esclavitud a la izquierda, sin explicar jamás el porqué. Hemos sido testigos de cómo esta reducción de definiciones ha servido para degradar los debates políticos.

Actualmente, la posverdad se sostiene en tres pilares: los algoritmos, la opinión del influencer y la saturación informativa. Se deja de lado la búsqueda activa de información; todo llega por azar. Ya no se escucha al experto, sino al aficionado famoso, y se abruma a la población con datos falsos hasta que terminan por creerlos. Este método ha permitido que la derecha se autoproclame «democracia y libertad» sin dar explicaciones. Es peligroso porque anula el contrapeso necesario para una democracia real.

¿Qué podemos hacer para hallar una solución?

Para Para romper este ciclo, es imperativo arrebatarle el monopolio de la palabra «democracia» a quienes la usan como eslogan publicitario. Debemos empezar por aclarar en todos los medios que la democracia no es un partido político. Es un sistema donde se ejerce la soberanía del elector sin coacciones ni miedos, basándose únicamente en su conciencia. Hemos visto cómo algunos candidatos de la derecha utilizan estos términos para cerrar debates, para no explicar ni argumentar, basta con decir que son «demócratas» y que los demás son enemigos de la libertad y se acabó. Todos los partidos que aceptan las reglas de juego electorales son democráticos por antonomasia, sean estos rojos, verdes, azules o amarillos.

Como escritores, si algo nos enseñan los personajes de la literatura política peruana es que la palabra es un arma poderosísima, por eso, hay que velar porque todos tengan voz, que a ninguno se le prohíba tribuna, siempre hay algo qué decir y algo qué escuchar. Eso es democracia.