La literatura peruana contemporánea ha encontrado en la dupla de los hermanos Juan y Víctor Ataucuri una voz que no solo narra, sino que testimonia la vida de los barrios de Lima Norte.
Por: José Beltrán Peña
En su novela juvenil «Los Aprendices», los autores abandonan la acidez satírica de sus cuentos políticos del libro Por Dios y por la plata, el rescate de la identidad nacional en sus Fábulas peruanas y más lejos aún de su tierno Tabita y Tabito, para adentrarse en una narrativa que es, en esencia, una disección de la fractura social limeña a través del prisma del fútbol.
El fútbol, una metáfora
En esta obra, el fútbol deja de ser un espectáculo de masas para convertirse en una metáfora de la desigualdad estructural peruana. La confrontación entre el Sport Barranco y el Juventud América de Comas, populoso distrito de Lima Norte, no es un duelo de talentos, sino un choque de construcciones sociales. Los Ataucuri nos sitúan en la herida: allí donde el «uniforme impecable» se enfrenta a la «camiseta pintada con plumón». La goleada de once a uno que sufren los protagonistas no es una derrota deportiva, es la consecuencia física de nacer en la periferia.
Sin embargo, el genio literario de los Ataucuri brilla al subvertir la tragedia. El «gol de honor» de los chicos de Comas no es un consuelo estadístico, sino un acto de resistencia. Los autores reivindican la habilidad del desposeído frente a la potencia del privilegiado. Es la «Dignidad del perdedor» que adquiere una dimensión heroica: podemos ser vencidos, pero nunca dejarnos desintegrar por el sistema. Una muestra que las historias de los Ataucuri siempre tienen un propósito social. En realidad, son intelectuales orgánicos en la concepción primaria de Gramsci, pero con una habilidad literaria que deja huella en el lector.
El Quijote de los cerros
El eje gravitacional del relato es Juan Oviedo. Este cronista deportivo de la vieja guardia, que cree en los muchachos de barrio, es el «Quijote de los cerros». Oviedo representa el romanticismo de un fútbol que se apaga frente al pragmatismo feroz de un deporte que solo busca resultados. Su locura para asistir al Mundial de España 82 gastando toda su jubilación, es un recordatorio de que la pasión es el único salvoconducto hacia la libertad personal. Es el rechazo a una sociedad que solo valora el «éxito» monetario.
Las fronteras invisibles
La obra también toca las llagas abiertas de nuestra sociedad. Los capítulos dedicados a la tragedia de «Petiso» en la Plaza San Martín o el racismo institucionalizado en las calles de Miraflores elevan el texto de la literatura juvenil a la sociología narrativa. Los Ataucuri denuncian cómo el color de piel y el código postal operan como fronteras invisibles. El término «terruco» se usa como un mazo para silenciar la presencia del «otro» en los espacios exclusivos.
«Los Aprendices» es, en definitiva, una obra indispensable para entender la Lima del siglo XXI, tan fracturada y llena de fronteras económicas y sociales. También es un homenaje a la «raza pujante» de los Colli y a la autoconstrucción, no solo de viviendas sobre los cerros, sino de identidades por encima la derrota. Los hermanos Ataucuri nos recuerdan que, aunque el marcador de la vida nos sea adverso, siempre habrá un momento de magia —un «camotito» en medio de la cancha— que nos devuelva la humanidad.




