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La presencialidad laboral se redefine en Perú: cómo las empresas están reorganizando sus oficinas

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● Lejos de un regreso masivo o del trabajo remoto total, las empresas peruanas avanzan hacia esquemas de presencialidad estratégica, con oficinas más flexibles, eficientes y alineadas a la forma en que hoy trabajan los equipos.
Lima, enero 2026 – El 2026 arranca con una señal clara en el mercado laboral peruano: la presencialidad ya no está en discusión, está en ejecución. Según el estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral en Perú”, elaborado por WeWork y Michael Page, el 48% de los trabajadores en el país opera hoy de forma 100% presencial, una cifra que triplica la registrada un año antes.
El dato, sin embargo, no marca un regreso al modelo previo a la pandemia, sino una reorganización del trabajo en oficina. Aunque la asistencia aumenta, el 54% del talento sigue prefiriendo esquemas híbridos, lo que obliga a las empresas a ajustar calendarios, espacios y dinámicas para que el tiempo presencial esté alineado a objetivos concretos del negocio. En este escenario, la presencialidad deja de ser una política general y se consolida como una herramienta estratégica que impacta en productividad, coordinación y cultura organizacional.
Menos días fijos, más sentido de presencia
A diferencia de los esquemas rígidos previos a 2020, las empresas están apostando por modelos de presencialidad selectiva, donde la pregunta central ya no es cuántos días se asiste, sino para qué vale la pena estar en la oficina.
“La discusión ya no pasa por cuántos días se va a la oficina, sino por qué valor tiene ese encuentro presencial”, señala Claudio Hidalgo, presidente de WeWork para Latinoamérica. “La presencialidad funciona cuando está alineada a objetivos concretos: coordinación, toma de decisiones y construcción de cultura”.
Reuniones estratégicas, trabajo colaborativo, procesos de onboarding y momentos de alineación aparecen como los principales motores del encuentro presencial. El estudio refuerza esta lectura: el 67% de los trabajadores percibe impactos positivos al ajustar su modalidad laboral, especialmente en productividad, dinámica de equipo y balance vida–trabajo. La asistencia deja de medirse por horario y se evalúa por su impacto en el desempeño colectivo.
Oficinas que acompañan la forma de trabajar
La redefinición de la presencialidad no pasa solo por el calendario, sino también por el espacio físico. Las empresas están revisando cómo se usan realmente sus oficinas y ajustando el diseño a dinámicas más acordes con estructuras híbridas y equipos flexibles.
Este proceso ya se refleja en el mercado inmobiliario corporativo. En Lima, el mercado de oficinas clase A consolidó su recuperación en 2025, con una vacancia que descendió hasta alrededor del 12.6% y una absorción neta acumulada superior a los 20,000 m², según los informes más recientes del mercado corporativo local. El dato refleja un equilibrio más sólido entre oferta y demanda de espacios premium, impulsado por una reorganización más eficiente del uso de oficinas.
En paralelo, el espacio promedio por persona cayó de 9.5 m² a 5.7 m², como resultado de modelos híbridos con mayor rotación. El foco está puesto en la flexibilidad: áreas colaborativas, salas de reunión, zonas silenciosas y tecnología que permita trabajar de forma híbrida sin fricciones. La oficina deja de ser un lugar de permanencia obligatoria y se convierte en una herramienta de gestión.
Presencialidad como ventaja competitiva
En un mercado laboral más exigente, la manera en que una empresa gestiona la presencialidad impacta directamente en su atractivo como empleador. El estudio muestra que el 31% de los trabajadores no aceptaría hoy un empleo sin alguna modalidad remota, una señal de que la flexibilidad se ha consolidado como un factor decisivo.
Las organizaciones que logran articular esquemas híbridos con espacios bien diseñados tienden a generar mayor compromiso y sentido de pertenencia, especialmente en perfiles jóvenes y roles estratégicos. En este escenario, la oficina recupera protagonismo, no como símbolo de control, sino como un espacio que potencia el trabajo y la toma de decisiones.
“La oficina vuelve a ser relevante cuando aporta experiencia, no cuando impone presencia”, agrega Hidalgo. “Por eso vemos empresas que priorizan espacios flexibles, bien ubicados y diseñados para que el tiempo presencial realmente valga la pena”.
Un modelo que se consolida
El consenso entre líderes empresariales es claro: la presencialidad no está retrocediendo, pero tampoco volvió a ser lo que era. El modelo que se consolida en Perú combina presencia con propósito, oficinas más eficientes y una gestión del espacio alineada a los objetivos del negocio.
Más que una vuelta al pasado, se trata de una evolución silenciosa, donde la oficina vuelve a ocupar un rol central, adaptada a una nueva forma de trabajar que ya empezó a marcar el pulso del 2026.