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La población está caliente y todavía no se enchufa con las Elecciones Generales 2026

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Obligados al fin, los peruanos tendremos que ir a votar tapándonos la nariz y perdernos en la sábana de sufragio.

24 PLANCHAS QUEMADAS

  • La atomización del voto como estrategia de una clase política que se niega a soltar el botín del Estado.

El espectáculo que el Jurado Nacional de Elecciones nos ha servido este 2 de enero no es una fiesta democrática, sino un funeral de la inteligencia. Al cerrar el registro con 24 fórmulas presidenciales inscritas para abril de 2026, el Perú ha oficializado su ingreso al manicomio de la fragmentación. Lo que tenemos ante nosotros no es una oferta política; es un mercado de pulgas donde se liquidan retazos de ideologías muertas y apetitos personales que dan náuseas.

Miren la lista, si el estómago se los permite. Ahí está la señora Keiko Fujimori, persistiendo en su vocación de naufragio; el señor César Acuña, cuya relación con la sintaxis es tan precaria como su compromiso ético; ‘Porky’ López Aliaga, que en ocasiones parece un tren a la deriva, por mencionar a algunos.

Es la barbarie del número. En un país con un 68.9% de ciudadanos que aún no sabe por quién votar (según el último reporte del IEP), lanzar 24 candidatos con sus respectivas planchas es una burla, un insulto a la desesperación de un pueblo que ya no espera nada de sus instituciones.

Estamos ante una ‘democracia’ de cartón piedra. Según el padrón del RENIEC, más de 27.3 millones de peruanos estamos llamados a las urnas, pero nos envían al matadero electoral con una cédula que parecerá una guía telefónica. La ONPE ha advertido que estos comicios costarán cerca de 1,500 millones de soles. Es una fortuna dilapidada para financiar las ambiciones de aventureros que, en su mayoría, no alcanzan ni el 1% de intención de voto.

TRAGEDIA A LA VISTA. Es el triunfo de la mediocridad institucionalizada: el JNE admite planchas con planes de gobierno que son meros ejercicios de ‘copy-paste’ y paridad de género de fachada, mientras las tachas se resuelven en el limbo de la burocracia.

¿Qué nos queda? Una nación atomizada donde el voto se dispersará tanto que el próximo presidente podría llegar a la segunda vuelta con apenas un 8% o 9% de respaldo real, repitiendo la tragedia del 2021.

Es el abismo de la ilegitimidad. Mientras el 12 de abril se acerca, el aire huele a descomposición. Lo que el JNE llama «cumplimiento de requisitos legales», nosotros lo llamamos el acta de defunción de un sistema que ha preferido la cantidad de los cómplices a la calidad de los estadistas.

El Perú no va hacia una elección; va hacia un choque de trenes donde los únicos sobrevivientes serán, como siempre, los oportunistas que han hecho de la política el negocio más lucrativo y asqueroso de nuestra historia. Esa es la cruda realidad.

“Es una fortuna dilapidada para financiar las ambiciones de aventureros que, en su mayoría, no alcanzan ni el 1% de intención de voto”.

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en periodo de tacha y 2 con tacha en trámite.