Esther Alama Monje ha estado en cientos de nacimientos. Su historia es un homenaje a todas las profesionales de traje blanco y guinda
Ellas y ellos son los primeros en darnos la bienvenida a este mundo, en vernos, tocarnos y decirnos las primeras palabras de amor, de cariño, antes que nuestras propias madre6s. Nos referimos al equipo especializado de profesionales de la salud que se encarga de que todo salga bien durante el parto: los obstetras. Una de ellas es la obstetra Esther Alama Monje (61), del Centro de Salud Chancas de Andahuaylas, de Santa Anita, quien considera una bendición a cada bebé que ayuda a nacer. La DIRIS Lima Este suma 268 profesionales del uniforme blanco y guinda.
Pero este grupo de especialistas no solo se encarga de ayudar a los niños a ver la luz, sino que los obstetras cumplen un rol fundamental en la salud integral de la población, en especial en el cuidado de la salud reproductiva de la mujer; es decir, adolescentes, embarazadas, madres, así como la atención del parto, postparto y al recién nacido, y conforme pasa el tiempo se empoderan más.
“El rol de la obstetricia ha evolucionado en la comunidad. Hoy no solo atendemos partos, también trabajamos en prevención de cáncer, control de infecciones de transmisión sexual, planificación familiar y educación en salud, especialmente con adolescentes. Eso demuestra la amplitud e importancia de nuestra profesión”, manifiesta con orgullo Alama Monje, quien tiene 44 años ayudando a traer bebés a este mundo, sobre todo en el primer nivel de la DIRIS Lima Este.
SU LEGADO. La primera vez que ella vio un parto fue en el año 1981 en el Instituto Nacional Perinatal, exMaternidad de Lima, y valoró aún más su profesión. “Cuando vi mi primer parto en 1981, comprendí que ser obstetra es mucho más que una profesión: es acompañar a la mujer en uno de los momentos más trascendentes de su vida, brindándole confianza y seguridad. Para mí, cada nacimiento es una bendición”, dijo.
Esther Alama siempre ha destacado por su empuje en su labor. En los inicios de su carrera, cuando llegó a la DIRIS Lima Este, junto a otra colega, implementó el Materno San Fernando y al principio no acudía ninguna paciente por lo que ofrecieron el servicio de ambulancia para trasladar a las gestantes que empezaban trabajo de parto. “En mi primera guardia, que fue ad honorem, atendimos siete partos en una sola noche. Esa experiencia me enseñó la importancia de crear estrategias comunitarias para que la salud llegue a todos”, recordó.
La obstetra, quien es la sexta de diez hermanos, estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y realizó su SERUMS en Chachapoyas, Amazonas. Es viuda y tiene dos hijos profesionales, de 30 y 33 años. “Mi trabajo me dio la fortaleza para sacar adelante a mi familia, combinando mis responsabilidades en casa con la formación de mis hijos”, añadió.
Pero su vasta experiencia a lo largo de su trayectoria profesional, al pasar por siete establecimientos de salud, no se lo guarda para ella y como toda una persona solidaria las comparte como catedrática en su Alma Mater desde el año 1997. “Para mí, enseñar es una forma de devolver lo que recibí y formar nuevas generaciones comprometidas con la salud de la mujer”, indicó.
Tiene muchÍsimos ‘sobrinos’ en su haber, pero para ella, “lo más valioso ha sido el vínculo con las madres y sus familias. Muchas regresan años después con sus hijos ya grandes, y ese cariño es el mejor regalo que me ha dejado esta profesión”. Feliz Día Internacional del Obstetra, que se celebra cada 31 de agosto.
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La obstetra de la DIRIS Lima Este, Esther Alama Monje, reitera que cumplen un rol fundamental en la salud integral de la población.