LA METAMORFOSIS DE LA ‘URRACA’
• Las redes están ansiosas por ver cuál será el resultado del deep plane facelift
Magaly Medina no cumple años: ella renegocia su contrato con la gravedad. A las puertas de los 63, la «Urraca» ha decidido que el paso del tiempo es un ampay que no está dispuesta a protagonizar, y por ello voló a la Argentina para someterse a un deep plane facelift. Esta maniobra de alta ingeniería estética promete devolverle la lozanía sin dejarla con esa clásica expresión de «sorpresa permanente» que tanto le ha diseccionado a sus víctimas de Chollywood.
Magaly es la ironía máxima de la farándula. La mujer que ha hecho una carrera señalando cada miligramo de bótox ajeno, hoy se refugia en cámaras hiperbáricas y apósitos, recibiendo una dosis de su propia medicina estética.
DE SU PROPIA MEDICINA. Mientras en redes sociales el público ya se debate entre si el resultado final será un tributo a Michael Jackson o una variante de la Tigresa del Oriente, ella se pasea por Buenos Aires con el rostro «golpeadito» pero el ego intacto. Magaly se ríe de su propia metamorfosis kafkiana, comparándose con alguien que sobrevivió a un encuentro con un boxeador, demostrando que, en la guerra por la eterna juventud, los moretones son medallas de honor.
Habrá que ver si, cuando las luces del set se enciendan y la inflamación baje, el resultado está a la altura de su lengua bífida. Por ahora, camina envuelta en disfraces y esponjas, buscando transformarse en una versión de sí misma que el espejo no reconozca, pero que el rating adore.
Al final, ella misma lo admite entre risas: todo es un disfraz. La duda queda en el aire: cuando se quite las vendas, ¿veremos a la Magaly renovada o simplemente a la «reina del bisturí» tratando de convencernos de que su nueva cara es producto del buen ánimo y no de un excelente cirujano argentino? En el mundo de Magaly, la única verdad es que el que critica último, critica mejor… aunque sea con el rostro recién planchado.
YO LA DESCUBRÍ. No hay que olvidar que esta historia de transformaciones y colmillos afilados empezó hace décadas, cuando una joven periodista alcanzó la notoriedad absoluta tras lanzarse a la yugular del mismísimo Augusto Ferrando. Desde aquel bautismo de fuego, donde la crítica feroz fue su mejor carta de presentación, Magaly se convirtió, por derecho propio y voluntad férrea, en un «monstruo» televisivo. Un ser mitológico de la pantalla chica que, tras devorar a cuanto personaje se le puso enfrente, hoy intenta devorarse a sí misma en el quirófano para que el personaje nunca muera, recordándonos que en su mundo, la estética cambia, pero el hambre de poder (y de rating) permanece intacto.
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“Me he inventado este tipo de disfraz para que la gente no vea las cosas, las esponjas que tengo a ambos lados de la cara y uno de mis ojos, por supuesto, está bastante golpeadito”.
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31
de marzo cumplirá 63 años la pareja del notario Alfredo Zambrano.
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• Su imagen pública es un activo fundamental y, por lo tanto, no estaba dispuesta a dejarla en manos de cualquier especialista.
• Magaly Medina suma varias operaciones, entre ellas una rinoplastia (nariz), otoplastia (orejas) y una liposucción hace años.



