La vicepresidenta Delcy Rodríguez denunció este sábado el secuestro del presidente y la primera dama por parte de Estados Unidos durante una operación militar que dejó soldados y civiles muertos.
En una declaración de extrema gravedad, la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó este sábado que el presidente Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores, fueron «secuestrados» por fuerzas de los Estados Unidos. La noticia llega tras los bombardeos perpetrados por EE.UU. contra Caracas y otros estados, ataques calificados por el gobierno venezolano como una «gravísima agresión militar».
Secuestro presidencial y exigencia de prueba de vida
Ante la brutal situación, Rodríguez exigió al gobierno estadounidense la entrega inmediata de «prueba de vida» del mandatario y de la primera dama. «Ante esta brutal situación y ante este brutal ataque, nosotros desconocemos el paradero del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama», aseveró la vicepresidenta en declaraciones a la televisión estatal.
Rodríguez vinculó directamente esta agresión con la advertencia que había hecho Maduro sobre el peligro que representa «la voracidad energética de los EE.UU.», un objetivo que, según el gobierno venezolano, busca apropiarse del petróleo del país. La vicepresidenta recordó que el último llamado del presidente fue «pueblo a la calle», activando todos los planes de defensa y movilización popular.
La condena internacional y el patrón de agresión
La escalada recibió la condena inmediata de Rusia. El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso emitió un comunicado expresando su «profunda preocupación y condena» ante el «acto de agresión armada» cometido por Washington. Esta reacción internacional se produce mientras Caracas denuncia una serie de violaciones previas al derecho internacional.
Esta agresión aérea no es un hecho aislado. Se produce en medio de una escalada que se inició en agosto pasado, con un despliegue militar estadounidense en el Caribe, frente a las costas venezolanas. Según el gobierno bolivariano, esto dio paso a bombardeos ilegales, amenazas directas contra Caracas y la incautación de buques petroleros, actos calificados como «robo» y «piratería».
El discurso desde la Casa Blanca, que en un principio justificó estas acciones bajo la lucha contra el narcotráfico, ha virado en las últimas semanas hacia el deseo explícito de apropiarse de los recursos petroleros de Venezuela, confirmando las acusaciones de que el objetivo final es un saqueo colonial de la nación suramericana.



