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¡Sobrevivir a una colombiana!

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Por Esteban Bracamonte

Dicen que uno no elige a su familia. Confirmo. Yo soy peruano, tranquilo, reflexivo, pacífico… y vivo con una caótica, inquieta, bullosa colombiana. No cualquier colombiana: mi mamá. Y no está un poquito loca, no le falta un tornillo ni dos. Le faltan todos. Vivir con una mamá colombiana no es una experiencia, es un deporte extremo.

Uno despierta pensando que será un día normal y, de pronto, da vuelta en U al estilo fórmula uno porque olvidó la cartera, olvidó que tenía una cita en el colegio de mis hermanas o simplemente olvidó si apagó o no la olla. Sin decir que puede pensar que olvidó su pasaporte con el pasabordo en el counter; Yo ya no pido explicación. Solo cierro los ojos y espero a que diga: “¡Juepucha, Esteban! ¿Sabes si …?”

Los colombianos, y más aún las mamás colombianas, viven en modo intensidad máxima. Todo es urgente. Te llaman y te dicen “tengo una emergencia” y yo me imagino que se está quemando la casa, pero no. Es algo tan simple como que no encuentran las llaves. Con ellas todo es emocional y todo se dice con volumen alto. A veces las personas me miran de reojo tratando de saber si las está regañando. Y yo digo nooo así habla.

En cambio, los peruanos somos pausados. Si algo pasa, lo procesamos primero. Mi mamá no procesa: narra en tiempo real como comentarista deportiva en una final de fútbol. Sin decir que tengo un montón de tías colombianas que hablan en simultáneo y se responden de todos lados a la vez parecen en la vía expresa 6 pm, Hablan tan rápido que parece una pelea de gallinas. Otra diferencia: el drama. En Perú, si algo sale mal, decimos “ya fue” y seguimos.

En Colombia, se hace una novela. Te cuentan desde el principio y a cada persona que se encuentran vuelven a contarle, y cada vez que lo cuentan es como si revivieran la novela. Con música, lágrimas y discurso incluido. Sin decir que los dichos como “que Dios lo bendiga”, “virgen santísima” y cosas como “agradezca a Dios que no lo tengo al frente” no son para decir lo maravilloso que soy, sino la suerte divina de no tenerme al frente, porque si no sería una combi sin frenos.

Y realmente te sientes así cuando a las 8 am se abren las ventanas de toda la casa y se coloca vallenato, salsa o merengue. Y depende del estado la música pues en de ánimo, pues hasta para cumplir años no cantan el happy birthday como en América, sino “que Dios te bendiga y que cumplas muchos años”. La comida hace una gran diferencia.

Yo crecí creyendo que el almuerzo era sagrado. Todos los peruanos comemos arroz de plato fuerte. Para muchos colombianos en especial los paisas la arepa es sagrada. Mi mamá, puede desayunar con calentado de frijoles y arepa (porque no son frejoles), huevos pericos (que no es un ave verde, son huevos con cebolla y tomate) y arepa, comer caldo de costilla con arepa y cuando tiene gripa (porque los colombianos no tienen gripe), tomar onces que son a las 4 pm, comerse un tinto que es un café negro con arepa y, almorzar de 12 a 4 pm y luego comer algo “ligerito” que termina siendo suficiente para alimentar a un batallón.

Eso sí, hay que reconocerlo: nadie pregunta como una mamá colombiana. Te pregunta si comiste, si dormiste, si estás triste, si estás feliz, si respiraste bien. Y hasta con quién hablaste, qué te preguntó y qué respondiste. No sé si son comunicativas o metidas al 100%.

Y si no respondes rápido, ya asume lo peor. El silencio para ella no es paz o reflexión, es peligro. A pesar del caos, el ruido constante, vivir con una colombiana me ha enseñado algo importante: el amor también puede ser agotador y escandaloso. Puede ser exagerado, ruidoso y un poco raro, pero siempre está ahí.

Así que sí, mi mamá está algo loca. Pero es esa locura la que me recuerda todos los días que no importa si eres peruano o colombiano: cuando hay familia, hay amor. Digo esto porque mi mamá leerá cada letra de mi columna y dirá: “qué pena con ud, pero en la casa arreglamos”, que en peruano es: me van a sacar la mugre!