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Jerí en ritmo de meme

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Jerí jamás entendió que llegó a la sede del Ejecutivo y no a un recinto en el que podía hacer lo que le dé la gana.


Presidente eléctrico dio cabida para el desarrollo de la creatividad cómica en redes sociales


• El chifita y la retahíla de chicas que desfilaron por su escritorio dieron pie a rabia pero también a risas

Dicen que la política peruana siempre tiene algo de sainete, pero lo de José Jerí traspasó cualquier obra montada, lo que despertó la creatividad popular. Ya parecía temporada extendida de comedia de circo.
Todo empezó con aquel rumor sabroso: que el mandatario se reunía con un empresario chino en un chifa de San Borja, camuflado con gorra, lentes oscuros y una casaca que gritaba “incógnito” a cuatro cuadras. La foto borrosa -porque en el Perú no hay escándalo sin foto movida- lo mostraba inclinándose sobre un wantán frito como si estuviera negociando el TLC versión arroz chaufa. “Diplomacia gastronómica”, decían unos. “Misión secreta con sillao”, respondían otros.
Pero la cosa no quedó ahí. Versiones digitales aseguraban que hubo más encuentros con otros empresarios orientales, esta vez ya sin disfraz, aunque con esa sonrisa nerviosa de quien sabe que el arroz se puede quemar. En redes, el hashtag #ChifaGate competía palmo a palmo con #SillaoLeaks. La creatividad nacional no descansa.
Y mientras tanto, en la majestuosa -y muy formal-, conocido también como la Casa de Pizarro, el movimiento nocturno parecía más propio de after office en Barranco que de sede presidencial. Según el runrún tuitero, una retahíla de visitantes femeninas ingresaba cuando el reloj ya marcaba hora de leche con galleta. Algunas, decían, salían al alba. Otras, ni salían: se quedaban a “evaluar proyectos” hasta el día siguiente.
LA CHAPA. Los memes no perdonaron. Que si el despacho presidencial había mutado en “oficina de recursos humanos”, que si las órdenes de servicio salían más rápidas que combo en hora punta. “Casa de Pizarro o casa de empleos”, ironizaban los comentaristas digitales, mientras circulaban montajes con sellos de “aprobado en una sola noche”.
La chapa tampoco tardó. En el Perú somos creativos para el apodo, y así nació “Pajerí”, mezcla irreverente que corría por WhatsApp como cadena de tía entusiasta. Cada nueva visita era gasolina para el meme: fotos editadas con fila de postulantes, casting presidencial, y hasta supuestos “viajes oficiales” donde más de uno preguntaba si la comitiva incluía asesoría… sentimental.
Cuando llegó la censura -ese momento solemne en que el Congreso baja el pulgar-, las redes lo convirtieron en festival. Circularon invitaciones ficticias a la “Fiesta de Despedida de Jerí”: orquesta en vivo, traje elegante obligatorio y, según el flyer viral, presencia de “las ricas y apretaditas”. Humor criollo en estado puro, con brillantina digital y todo.
Al final, más allá de la exageración y el ingenio popular, quedó la sensación de que el país puede convertir cualquier crisis en carnaval de creatividad. Porque si algo sabemos hacer en el Perú, además de buen cebiche y memes de antología, es reírnos del poder cuando este se toma demasiado en serio… o cuando parece no tomarse nada en serio.

Y así pasó José Jerí por la historia del Perú: entre chifas estratégicos, visitas nocturnas y una avalancha de memes que, como siempre, fueron más rápidos que cualquier comunicado oficial. En la política peruana, la realidad compite con la sátira. Y casi siempre, la sátira gana. Máquina, máquina…

“Según el runrún tuitero, una retahíla de visitantes femeninas ingresaba cuando el reloj ya marcaba hora de leche con galleta”.

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Días duró Jerí en Palacio de Gobierno.


Durante el periodo de Jerí, el país registró aproximadamente 750 homicidios, un promedio que superó las seis muertes violentas por día, según el analista Pedro Yaranga.
• Otros cálculos elevaron las cifras y advirtieron que el condensado real podría sobrepasar los 10 fallecidos diarios a nivel nacional. Un verdadero desastre como mandatario.