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Diplomacia, chifa y poder: el embajador de EE. UU. llega a Lima en plena pugna con China

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El arribo de Bernie Navarro a Lima refleja el intento de Estados Unidos por reforzar su influencia en Perú, en medio del avance de China, el ruido del Chifagate y una disputa silenciosa por el poder político y económico del país.


La llegada del nuevo embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, no fue un gesto inocente de diplomacia protocolar. Aterrizó en Lima en medio de una creciente tensión geopolítica, con Washington decidido a recuperar influencia en América Latina y con China avanzando —sin disimulo— en el corazón económico y político del país.


Su primera frase pública, al hablar de “comer comida chifa”, no fue solo un deseo por disfrutar de la oferta gastronómica del Perú: cayó como gasolina sobre el fuego del escándalo Chifagate, que vincula al presidente José Jerí con empresarios chinos y reabre la pregunta incómoda que sobrevuela Palacio: ¿Perú está girando hacia Beijing mientras EE. UU. mueve sus fichas para evitarlo?


Perú, una pieza clave en la disputa global

Desde Washington, el mensaje es claro. Navarro sostuvo que “Perú es importante para la seguridad de Estados Unidos y para nuestra región”, según declaró a la agencia Andina.


No es casual: datos de AP News indican que China ha destinado más de US$153 000 millones en créditos y financiamiento a América Latina entre 2014 y 2025, frente a unos US$50 700 millones de EE. UU. Una brecha que preocupa a la Casa Blanca.

Las cifras confirman esa inquietud. De acuerdo con reportes económicos citados por Bloomberg Línea, China concentra cerca del 33 % del comercio exterior peruano, mientras que Estados Unidos representa alrededor del 14 %. Además, Beijing mantiene una posición dominante en sectores estratégicos como minería, puertos e infraestructura energética.

Analistas en política internacional advierten que esta designación no es simbólica. Juan Carlos Liendo O’Connor, exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) del Perú, señaló a Infobae que Washington observa con preocupación la presencia china en activos estratégicos y busca fortalecer alianzas políticas y militares para frenar esa expansión en el Pacífico sudamericano.


Élite, vínculos y diplomacia blanda

A este escenario se suma un factor menos visible: los lazos del nuevo embajador con sectores de la élite peruana. La esposa de Navarro, Claudia Navarro, de origen peruano, ha sido mencionada por medios locales como un posible puente con círculos empresariales y sociales influyentes.

Así, la llegada del nuevo embajador estadounidense a Lima se lee como una señal política potente. Mientras Estados Unidos busca recuperar terreno e influencia, China sigue siendo un socio económico difícil de desplazar.

En medio de esa disputa silenciosa, Perú vuelve a quedar en el centro de una pugna global que se libra tanto en cifras como en gestos, palabras —y hasta en un plato de chifa.