Alejandro Arteaga
Ni la prohibición ni las advertencias frenan a la criminalidad. A pocas horas de entrar en vigencia la restricción de dos personas en moto, un colectivero fue ejecutado de seis disparos en plena vía pública, en La Victoria. El crimen ocurrió al amanecer, cuando la víctima desayunaba antes de iniciar su jornada rumbo a Lima Sur.
Los sicarios llegaron en motocicleta. Uno bajó, disparó a quemarropa y huyó sin robar nada. Fue un asesinato puro y directo. Un mensaje de sangre. Las mafias parecen responder así a las autoridades: no acatan, no temen y no se detienen.
El ataque se perpetró en la cuadra 2 de la avenida México, cerca del terminal de Perú Bus, una zona ya marcada por la violencia. No es un hecho aislado. En el mismo lugar, hace un año, dos trabajadores del transporte informal también fueron asesinados.
Mientras las medidas se anuncian, las balas siguen mandando en las calles de Lima.



