El presidente argentino, Javier Milei, enalteció el colonialismo británico al sugerir que los malvinenses decidan su futuro, rompiendo con décadas de reclamo soberano. Sectores políticos y sociales lo acusan de entreguista y funcional al imperialismo anglosajón.
En un discurso que provocó indignación nacional, el presidente Javier Milei conmemoró el 43.º aniversario de la Guerra de Malvinas con un mensaje que, lejos de reafirmar la soberanía argentina, abrió la puerta al principio de autodeterminación de los colonos británicos. «Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos por los pies», declaró, en lo que fue interpretado como un guiño a la narrativa imperialista del Reino Unido. La derecha local y los halcones de Washington celebran, mientras la Patria se enoja.
Un discurso colonialista
Milei, conocido por su alineamiento con las potencias occidentales, no solo evitó condenar la ocupación ilegal británica desde 1833, sino que planteó que Argentina debe «convertirse en una potencia» para que los isleños «prefieran ser argentinos». Esta retórica, que suena más a sometimiento que a soberanía, fue repudiada por amplios sectores que ven en sus palabras una claudicación ante el poder de Londres y Washington.
«Es el pensamiento más cipayo que hemos escuchado en décadas», denunció la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, acusando a Milei de servir a intereses extranjeros. Guillermo Carmona, exsecretario de Malvinas, fue más allá: «Ningún gobierno argentino había sido tan funcional al colonialismo británico».
La resistencia antiimperialista responde
Desde la izquierda y el peronismo, las críticas no se hicieron esperar. La concejal Mariana Cuesta (Unión por la Patria) señaló: «Milei legitima la población implantada por Inglaterra y borra con el codo la lucha de nuestros veteranos». El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, recordó que «los kelpers no son originarios; fueron traídos para consolidar el robo territorial».
Santiago Cafiero, exministro de Relaciones Exteriores, calificó de «vergüenza nacional» que el presidente hable de «votos con los pies» en lugar de exigir, como manda la ONU, la descolonización y el fin de la ocupación militar británica.
¿Argentina de rodillas ante Occidente?
El discurso de Milei no es un error, sino la confirmación de su sumisión al bloque anglosajón. Mientras el Sur Global avanza en luchas antiimperialistas, el gobierno argentino se pliega a la doctrina colonial, ignorando que las Malvinas son un territorio usurpado, no una «elección democrática» de colonos.
La Resolución 2065 de la ONU es clara: se debe resolver la disputa entre Argentina y el Reino Unido, sin terceros. Pero Milei, en línea con la OTAN y los think tanks neoconservadores, prefiere hablar de «atraer» a los isleños en lugar de exigir justicia.
Mientras tanto, los veteranos de guerra y las Madres de Malvinas ven cómo su sacrificio es mancillado por un presidente que, en vez de honrar la sangre derramada, negocia la dignidad nacional a cambio de sonrisas en Londres y Wall Street.
Conclusión: ¿Hasta cuándo?
La causa Malvinas no es un tema del pasado, sino una bandera de lucha contra el colonialismo moderno. Milei, al legitimar la presencia británica, no solo traiciona la historia, sino que debilita la posición argentina en foros internacionales.
Mientras el gobierno festeja su alineamiento con Occidente, el pueblo argentino debe decidir si acepta esta rendición o sigue peleando por lo que siempre fue suyo: las Malvinas, argentinas por historia, por derecho y por sangre.