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El zancudo que pica en la política

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EN OTRO LENGUAJE
Por: Jaime Asián Domínguez
@jaimeasian

En el Perú nuestro de cada día, “picar” se ha convertido en un deporte nacional, sobre todo en los predios políticos, donde abundan las investigaciones por el sistemático robo a las arcas del Estado vía contratos amañados, cuchipandas, coimas y mermeladas. El caso Odebrecht y la larga lista de implicados es un ejemplo emblemático de colusión y tráfico de influencias. El “pique” a la constructora brasileña fue endémico.

De manera que, a propósito de la proliferación del dengue, el zancudo gordo de la corrupción sigue picando a diestra y siniestra, y se impone una urgente fumigación en los diferentes niveles de la administración pública para acabar, además, con los “mochasueldos”, “Niños” sinvergüenza y otorongos que no comen otorongos, pero sí un buffet diario de 180 soles -que más parece un piqueo-, en un claro desdén por el hambre de las mayorías.

Algunos personajes inmersos en estos delitos han tratado de “picárselas” y, de hecho, lo han conseguido, como ocurrió con Alejandro Toledo, aunque finalmente fue extraditado de Estados Unidos, y la misma Eliane Karp, que ya está cantando a pierna suelta “Israel, Israel, qué bonito es Israel”; no obstante, muchas veces la justicia se muestra parsimoniosa en su accionar y luego gasta un montón de dinero en buscarlos y traerlos de vuelta.

Así como en la tauromaquia se habla del arte de picar, a nivel punitivo el país requiere que los jueces y fiscales, montados en el caballo de la jurisprudencia, hieran de muerte al monstruo de la corrupción, que ya contabiliza muchos años cortando rabo y oreja en un ruedo que acarrea millonarias pérdidas, de dinero y de confianza. Hace falta la estocada final a los matadores que defienden a capa y espada la putrefacción.

Y hay otro “pique” sumamente peligroso y cercano que también se ha expandido sin control: el de los extorsionadores a comerciantes, emprendedores, transportistas y chambas que buscan ganarle la faena a la pobreza. Si no pagas, te mandan amenazas y bombas o secuestran a los empresarios. En una oportunidad, hasta mataron a su ocasional víctima.
Así está el Perú de estos tiempos, en modo “pique”. Y lo de nunca acabar: malos policías que salen a hacer operativos, no con el ánimo de atrapar rateros, sino de echarle mano a una coima porque, además, el indocumentado o el ebrio al volante siempre es parte del folclor automotor.