• Al presidente norteamericano se le han subido los humos y todo lo demás a la cabeza
Por: Toto de la Torre Ugarte
Como decimos los peruanos cuando alguien luce «agrandado» o excesivamente empoderado, Donald Trump está simplemente insoportable. Tras la captura a sangre y fuego de Nicolás Maduro, al presidente norteamericano se le han subido los humos -y todo lo demás- a la cabeza. El mismo día de la incursión en Venezuela, ya hablaba de anexionar Groenlandia, la isla de Dinamarca; y poco después, con la nariz alzada y el poder destilándole por las orejas, sentenció que la adquisición será “por las buenas o por las malas”.
Dizque su temor es que, si Estados Unidos no actúa, la Rusia de Vladímir Putin o la China de Xi Jinping podrían ocupar la isla en el futuro. ¿De qué se trata esto? Parece un juego de «gana-gana» donde quien pone la primera mano cree que puede apropiarse de cualquier rincón del planeta. Por lo pronto, en una declaración conjunta, los líderes de Francia, Alemania, el Reino Unido, Italia, Polonia y España han sido enfáticos: Groenlandia pertenece a su propio pueblo.
VENEZUELA NEBULOSA. Mientras tanto, el panorama en Venezuela sigue siendo una nebulosa. Delcy Rodríguez, chavista hasta los tuétanos, ha asumido el mando y, aunque se han dado algunas concesiones ante las exigencias de Washington, todavía no existe un derrotero seguro hacia la libertad y soberanía que tanto anhelan los venezolanos, tanto los que resisten en su territorio como los millones que caminan por el mundo. El análisis nos lleva a una pregunta inevitable: ¿Si a Trump se le antoja invadir cualquier país -el Perú, por ejemplo- por un «quítame esta paja», tenemos todos que ponernos de rodillas? Definitivamente, así no es la cosa.
Insistimos: todos queremos ver a Venezuela reverdecer, pero el paso inicial debe ser dejar que el pueblo determine a sus autoridades tras la caída de Maduro. No es aceptable pasar de la opresión del régimen chavista a vivir bajo el zapato de Trump en territorio venezolano. La libertad no es un trueque de tiranías ni un botín de guerra para el postor más fuerte.
Al final del día, el mundo no es un tablero de Monopoly donde Trump puede ir comprando propiedades o derrocando fichas a su antojo. Si la caída de Maduro solo sirve para alimentar el mesianismo de un líder que mira al resto de naciones como provincias en venta, entonces la democracia global está en cuidados intensivos. Porque si permitimos que el «derecho a la fuerza» reemplace al derecho internacional, mañana cualquier país podría despertar con una bandera ajena en su plaza, solo porque a alguien en la Casa Blanca le pareció que su geografía combinaba con sus cortinas.
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“No es aceptable pasar de la opresión del régimen chavista a vivir bajo el zapato de Trump en territorio venezolano”.
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De enero cayó Maduro en ‘Operación Determinación Absoluta’.
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• La captura de Nicolás Maduro ha disparado el apoyo a Donald Trump entre venezolanos y cubanos, según el diario El País.
• Ya suman 17 los excarcelados y se espera la liberación de más presos políticos que sufrieron el rigor del régimen de Maduro.



