No se quieren ir

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    Dicen que “la sangre derramada del pueblo, jamás será olvidada”. han pasado 54 días del gobierno de Dina Boluarte y la convulsión social violenta, con actos ilegales y arbitrarios solo dejan de saldo la muerte de compatriotas en distintas regiones, decenas de heridos y continuas movilizaciones que en las últimas semanas toman más fuerza. La respuesta del Ejecutivo y del Legislativo ha sido clara, no se quieren ir, la democracia es una pelota que no se queda en ninguna cancha y donde el principal afectado es el pueblo.

    Es patético patear la pelota del adelanto de elecciones hacia el campo del Congreso sin haber visualizado que son los principales opositores para que estas se realicen en octubre del 2023. También se hace evidente la falta de visión de la presidenta al mostrar capacidad creativa para tomar o generar iniciativas hacia una salida al entrampamiento político donde priman los intereses de unos pocos por la captura total de los poderes del Estado y del control del gobierno. Estamos lejos de tener una salida democrática, ese silencio cómplice del Congreso para no vacar a la presidenta teniendo como saldo la muerte de peruanos.

    Un gobierno militar, sin legitimidad, con la gente en las calles y aferrándose al cargo, no tiene más que paralización en su sistema. No avanzamos en la atención de proyectos de inversión, cerrar las brechas sociales, menos descentralizar el presupuesto. Nos encontramos estancados desde julio de 2021, estamos en retroceso, nos hemos dedicado a ver las contantes interpelaciones, al periodicazo y ¿qué hemos avanzado? Absolutamente nada, los pueblos siguen sin agua, servicios básicos, sobreviviendo a la inflación, la agricultura subsistiendo a los cambios climáticos, sin servicios sanitarios ni de educación. ¡Nadie se quiere ir, pero tampoco quieren trabajar!