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Facultades legislativas y el Congreso complaciente

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Alfombras, televisores y más gastos desmedidos en el Congreso

PALABRA DE HONOR
Por: Óscar Valdés Dancuart
Expresidente del Consejo de Ministros
@oscarevaldes


Nuestra Constitución es el marco en el cual debemos los peruanos desarrollar todas nuestras actividades y los limites que señalan el actuar de todas nuestras Instituciones.
El Congreso de la República debe legislar, fiscalizar y representar, El Ejecutivo llevar adelante la ejecución de los presupuestos y gestionar en todos los ámbitos ya sea nacional, regional y local; asimismo el poder judicial impartir justicia donde el Ministerio Público es el encargado de denunciar ante los jueces que son los encargados de impartir justicia a través de sus sentencias.
Cuando estos poderes no cumplen sus funciones se dan situaciones en las que el poder ejecutivo pide al Congreso facultades “extraordinarias” para legislar lo que este deja o no quiere hacer, lo cual es un despropósito y un desorden. Los congresistas debieran tener vergüenza de que le pidan hacer su trabajo de manera pública y lo perciban como normal y natural.
¿Existe realmente un programa anual o quinquenal de las actividades legislativas que debe llevar a cabo en Congreso priorizando las leyes que normen los grandes problemas nacionales que tanto reclama la ciudadanía, así como están programas las semanas de representación? ¿O es que solo existe la improvisación programática o los deseos e intereses de las Juntas Directivas y partidos integrantes de ella?
El Congreso actual ya tiene dos años de funcionamiento sin embargo no ha legislado lo necesario para combatir la inseguridad ciudadana, la reactivación económica, la descentralización y regionalización, la lucha contra el narcotráfico, la minería ilegal y la trata de personas. Es decir, no han hecho su trabajo solo se ha dedicado a producir escándalos y actos de mala conducta por ser benévolos en cuanto a temas de corrupción como los mochasueldos, los niños de Castillo, los voto de oro, los violadores, etc.
En conclusión, este Congreso complaciente e ineficiente se ha ganado su desaprobación a pulso. ¡Una Lástima!

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