Interés por el otro

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    ¿Llevas a tu hijo a la escuela?, le pregunto a una joven madre. Sí, me responde ¿Hay un vigilante en la entrada de la escuela?, vuelvo a preguntar. Sí, responde. Pregunto otra vez: ¿Sabes su nombre? No, no lo conozco, me responde. Y ya, no pregunto más.

    En una empresa a la que, con relativa frecuencia, le brindo servicios de capacitación, el equipo de marketing me cita a una reunión en la que me proponen que sea la figura que invite a los empleados a ser amables y respetuosos entre ellos. La idea era que protagonizara mediante una silueta a tamaño natural de mi persona (algo parecido a la imagen de un futbolista promocionando un antiinflamatorio en la puerta de una farmacia). Mientras me hacen esta oferta veo pasar por el corredor a una señora de mameluco plomo. Salgo rápidamente tras ella y luego de averiguar cómo se llama, regreso a la conversación y les pregunto a mis anfitriones: ¿Conocen el nombre de la señora que pasó por el corredor? Es la señora de la limpieza, me dice uno de ellos. Bueno pues, les digo, ella es Mercedes, trabaja aquí hace más de seis años y estoy seguro de que le encantaría ser ella la imagen del proyecto que a mí me están ofreciendo.

    En ambas historias, aunque solo sea no por convicción sino por pura conveniencia, saber el nombre de alguien y llamarlo por su nombre, le da a esa persona existencia, lo hace real. La madre que está dejando a su hijo en un local que el vigilante cuida, si se preocupa por saludarlo y nombrarlo, hará que él le preste mayor cuidado y atención a su niño. En la empresa, la señora Mercedes se sentirá gratificada por el reconocimiento y seguramente la campaña despertará el interés por el otro entre los empleados, con el beneficio de un mejor clima laboral.

    Siendo la falta de seguridad el tema recurrente de conversación, el conocernos un poco más con los vecinos, con los compañeros de trabajo, de estudio, de diversión, nos hará sentir más confiados, con menos temor, más reconocidos al escuchar nuestro nombre, más gratificados al escuchar un saludo, un por favor, un gracias, todas estas formas de relación acompañadas además de una sonrisa.