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Jaime Antezana advierte: El Perú ya es, en la práctica, un narcoestado

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Por Javier Soto

En entrevista para Diario UNO, el especialista en temas de narcotráfico, Jaime Antezana, advirtió que el Perú ya es, en la práctica, un narcoestado, en razón a que el problema del avance del narcotráfico no es abordado por el gobierno, que a lo único que se dedica es a “terruquear” al resto del país. Cuestionó igualmente que la falsa narrativa del “peligro terrorista” sólo sirve para beneficiar al fujimorismo, “al ser ellos los que se apropiaron de la derrota de Sendero Luminoso”. Antezana señaló también que “es una práctica generalizada”, entre la Policía asignada a las zonas de los valles de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), apropiarse de la droga incautada a los carteles del narcotráfico que allí operan.

¿Qué explicación tiene para el país, la reciente emboscada de los remanentes narcoterroristas del VRAEM, saldada con la dolorosa muerte de siete efectivos policiales?

Es un hecho lamentable, trágico para la familia policial y para los deudos. El impacto es el que estamos viendo. Que, por un lado, Keiko Fujimori y el fujimorismo, salen contentos, aunque ésta diga que no va a ser candidata, si es que hay un adelanto de elecciones. Pero ella sale, y su mensaje fue que va a luchar contra la alianza del narcotráfico y el terrorismo, o sea, en un discurso de separación. Se muestra envalentonada, como si el terrorismo fuera el principal problema del Perú. Y en el Congreso, todos alineados, en torno a la ultraderecha de Renovación Popular, con el discurso del terror. Entonces, uno ve en esos tres actores cómo la emboscada les ha caído a pelo, y ahora pretenden inaugurar una nueva etapa política. Y, en ese contexto, el lado del Ejecutivo no se quedó atrás y convocó ese mismo día, el inicio de las “conversaciones” con los líderes políticos.

 ¿Por qué, tal como usted lo señala, esta emboscada ha sido presentada como “una acción terrorista”, y no como una narco-emboscada de un brazo armado del narcotráfico?

Es inadecuado hablar de narcoterrorismo, porque el narcoterrorismo en el Perú nos desliza a que terminemos hablando solamente de terrorismo. El término narcoterrorismo, que es un concepto compuesto de dos fenómenos diferentes, no es válido para dar cuenta de lo que está ocurriendo hoy. O es terrorismo, o es crimen organizado, o es narcotráfico. O sea, o son narcos o son terroristas.

¿Cuál es el interés en sostener la narrativa de presentar estas acciones armadas como terroristas, por parte del fujimorismo y los sectores conservadores del país?

Porque el terrorismo o senderismo ha sido, y es, un arma psicológica y política muy poderosa en el Perú, no sólo entre los mayores de 45 años, que son los que tienen la vivencia de los años en que operaron los grupos terroristas. Pero también se trata de una narrativa que se ha ido elaborando sobre la base de un terrorismo que no tiene facticidad. Que no es real, pero que lo han construido. Es una construcción psicológica. Y ellos han visto que tiene una enorme capacidad de manipulación psicológica. Además, porque ha demostrado su elasticidad, su capacidad de poder ser aplicable a cualquier contexto. Porque Sendero Luminoso fue derrotado en 1992, o sea, hace treinta años. Y no hay acciones terroristas de Sendero desde 1997, por lo menos; año que coincide también con la debelación de la última acción armada del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA): el asalto a la casa del embajador japonés, en Lima. Y se acabó. Nunca más se ha vuelto a ver una sola acción armada del MRTA. O sea, no hay terrorismo, por lo menos del lado de muerte, ahí.

¿No es cuestionable que el gobierno de Dina Boluarte, y sus aliados de derecha, hayan pretendido hacer un uso político de esta tragedia?

Bueno, lo han hecho. Y eso corrobora lo que yo vengo sosteniendo desde el 2021, de que hay una coincidencia. No sé si es otra cosa, pero por lo menos es coincidencia que cuando el fujimorismo necesita de una narcoemboscada, ocurre una. Estamos hablando. El 4 de junio del 2011, una emboscada en la ruta hacia el VRAEM, contra una patrulla militar. Cinco soldados muertos, y al día siguiente era la segunda vuelta entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. ¿A quién beneficia eso? Obviamente, era para ir en contra de la candidatura de Humala y beneficiar a la candidatura de Keiko.

¿Quiere decir, entonces, que el fujimorismo siempre resulta ser el directo beneficiado, con las acciones criminales de estos remanentes senderistas?

Todo lo que es terrorismo los termina beneficiando, al ser ellos los que se apropiaron de la derrota de Sendero Luminoso, pese a que la caída de esta organización terrorista, estuvo en manos de los ronderos, desde 1984 a 1990; así como la debacle que provocó la captura de Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre, así como de otros miembros de la cúpula senderista, estuvo a cargo del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote). Eso de ser el que se apropia de la derrota de Sendero, le permite al fujimorismo ser considerado como “los pacificadores del Perú”; y es por ello que ellos capitalizan todo lo que es terrorismo.

Usted ha indicado también que estas emboscadas narcosenderistas serían “un ajuste de cuentas’ con los policías que se dedican a quedarse con la droga y a cobrar cupos en exceso por la “tolerancia” con esta actividad ilícita. Esto es gravísimo, señor Antezana.

Claro que sí. Desde el 2006, todas las emboscadas a unidades policiales, todas sin excepción, han sido motivadas porque los policías le quitan la droga al mochilero (portador), al traquetero (microcomercializador), o al narco local. Digo la palabra quitar, porque no están haciendo una incautación, lo cual implica tener a un fiscal, y que la droga queda, entonces, en manos del Ministerio Público. Hay otros mecanismos que funcionan cuando sí hay un fiscal y se siguen los protocolos. Acá no.  Acá, el policía va de civil, y en una unidad vehicular que no es policial, sino una camioneta.  Entonces, ¿a qué van? Van a hacer lo que es una práctica generalizada, entre los policías que operan en el VRAEM: no a quitar la merca, la coca; y a cobrar cupos en exceso. Y eso es considerado abuso, dentro de la lógica del mundo del sistema de tráfico de drogas. Y es por eso que los mafiosos colombianos siempre han emboscado a policías que hacen esas cosas. No es una invención.

Si la propia Policía tolera, permite e, incluso, se aprovecharía del tráfico ilícito de drogas en el VRAEM, tal como usted lo denuncia, ¿entonces la corrupción no tendría remedio en esa zona crítica del país?

Los valles del VRAEM son una zona de narcotráfico tan boyante e importante, que acumula más de 30 mil hectáreas de cultivos de hojas de coca, y unas 350 toneladas de producción de cocaína. Lo cierto es que está en la zona más importante del tráfico de cocaína, donde la economía está marcada por el narcotráfico. Donde todos están de una u otra manera involucrados en esta economía: desde el policía, el militar, el fiscal, el juez, todos están en una economía de la droga. Entonces, evidentemente, la corrupción es derivada del narcotráfico. Es una corrupción del narcotráfico. ¿Por qué? Porque tiene que “pagar” a los policías.

En todo caso, ¿a qué punto estamos de que el Perú se convierta en un narcoestado?

Evidentemente, el Perú prácticamente ya es narcoestado. Lo único que faltaría es consolidar esta situación. ¿Por qué? Porque los distintos gobiernos solo se ocupan del narcotráfico cuando ocurren estos atentados en el VRAEM, y se muestran los cuerpos de los policías. Hablan, durante la ceremonia (de los funerales). Terminan las honras fúnebres, y después no más. Lo que se habla sobre narcotráfico y terrorismo, al final es terrorismo, nada más. Qué es lo que más les interesa a ellos. Remachar y remachar ésto, en la mente de los demás. Pero el problema del narcotráfico no entra, porque el gobierno se dedica a “terruquear”. Y hay un bloqueo en abordar este tema, a escala nacional.