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Podemos aprender a vivir con nuestros muertos

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Los domingos 12 y 19 de febrero (7 p.m., ingreso libre, capacidad limitada), la Casa de la Literatura (Jr. Áncash 207, Lima, a espaldas de Palacio de Gobierno), presenta una segunda versión de “Estación desamparados”, dedicada a los compatriotas que han fallecido en la protesta.

Por: Marco A. Fernández

Existen pocos espacios para procesar el duelo. No basta el trago del café amargo en los velorios ni las misas donde apenas mencionan el nombre de tu amigo o familiar que se ha ido, o a quien sacaron con violencia de este mundo.
En el contexto de crisis política, con un pueblo que recuerda a sus muertos recientes, regresa a la Casa de la Literatura “Estación desamparados”, la más reciente obra del Aula de Investigación Interdisciplinaria que dirige Roberto Sánchez-Piérola, creador teatral y fundador de la plataforma de investigación y creación en performance CUER2.
La publicidad lo describe así: “En esta experiencia podrán procesar sus duelos tanto individuales tanto como colectivos, encontrándose con aquellos que han dejado este modo de existencia para acompañarlos en su conversión a un modo más potente de ser. Tendrán opción de bailar con ellos, agradecerles, pedirles perdón, abrazarlos, escuchar sus mensajes, entre otras acciones que les permitirán instaurarlos como parte de nuestro imaginario. Dedicaremos esta función especialmente a los fallecidos en la coyuntura actual.”
—¿Por qué “Estación desamparados”?
—Tiene que ver con el desamparo que tiene nuestra sociedad con respecto a los espacios para poder procesar las pérdidas. No hay espacios; en ese sentido, estamos desamparados. En un velorio, tomas cafecito; en una misa, con las justas mencionan a tus muertos. En esta experiencia, uno tiene la posibilidad de procesar los duelos individuales y colectivos. Mientras menos occidental es la cultura, probablemente tiene más espacios, como los japoneses que ponen el altar en su casa o la misma cultura andina que van al cementerio y comen con los muertos. Pero en la urbe limeña, cada vez tenemos menos espacios. Pierdes a alguien y ya se fue, te vas a tu casa solito.
—Estas experiencias teatrales forman parte de una serie de actividades en la Casa de la Literatura. ¿Cuáles son estas?
—Tengo cuatro proyectos en la Casa de la Literatura. El Aula de Investigación Interdisciplinaria, una coproducción de CUER2 con la Casa, dura casi un año y con talleres abiertos a toda la comunidad; se compone una propuesta que no es teatro en el sentido más convencional. En la propuesta actual, “Estación desamparados”, tratamos de entender la muerte como otro modo de existencia. Dicen que lo saludable es cerrar el duelo, pero aquí tratamos de ver cómo podemos seguir viviendo con nuestros muertos. Los otros proyectos son la Escuela de Espectadores, que ahora se llamará Círculo de Respuesta, donde los participantes comentan una obra de teatro a partir de su experiencia, lecturas y otros materiales. El tercer proyecto es las Mesas de Diálogo, donde hemos entrevistado a creadores de teatro y performances con proyectos sostenidos, y ahora queremos proponer mesas con temas para que los ponentes entren en debate. Y por último, el proyecto del Quipu Enredado, cuyo objetivo es difundir la literatura peruana a partir de experiencias participativas. La última fue “Tu wonderful country”, surgida a partir de “Conversación en La Catedral” de Mario Vargas Llosa, y “Todas las sangres”, de José María Arguedas. El anterior fue “Quién hace tanta bulla”, en homenaje por los cien años de “Trilce”, de César Vallejo, experiencia sonora, con el público al centro y los performers alrededor intentando interpretar cómo suena “Trilce”.
—¿Por qué estas obras no tienen registro escrito?
—Si bien en el proceso se utiliza la escritura como un elemento, no son publicables en papel, y esa es la idea, que se mantengan como experiencias. Como son experiencias, no son escritas, sino vividas. Se trabajan con los actores en el mismo espacio, se crean. Es como organizar una fiesta. Son experiencias más cercanas a la literatura oral. Hay registro en video, pero son más internos; tal vez para un investigador, pero no para el público. A lo largo de los siglos los seres humanos han creado experiencias. La comedia del arte que es improvisada en las calles, la teatralidad andina… son experiencias que van más allá del texto. Entender el teatro como una experiencia más que como algo que surja de un texto literario no es vanguardia, sino lo contrario: se rescata la función original del teatro, que es la fiesta del encuentro. Justamente para que la gente pueda ampliar su visión del teatro a partir de las tradiciones teatrales que hay acá, estamos trabajando una propuesta basada en la Fiesta de las Virgen de las Nieves de Cora Cora, Ayacucho.

—¿Qué es CUER2?

—Es una plataforma de investigación y creación en performance, que fundé en 1999. Actualmente estamos investigando el teatro de objetos, que va en línea con la tendencia actual del poshumanismo. Vemos siempre al ser humano como el centro del universo; y por creernos el centro, el mundo está como está. En el teatro de objetos, el ser humano es un objeto más junto con los otros objetos. Existen antecedentes en Kantor, que trataba que sus actores fueran objetos en su escenario y ver la realidad de lo que pasa en escena más allá de lo que pasa en su representación: no el hombre que muere, sino el hombre que cae. La materialidad misma de lo que ocurre en escena. Algunos toman el teatro de objetos como documental, con énfasis en lo que significó el objeto, si es la chalina de tu mamá o las sandalias de la abuela. La tendencia de Cuer2 es más el objeto en su materialidad misma.

—Finalmente, dedicar estas funciones a los caídos en protesta marca una posición política.
—Muchos no podemos ir todos los días a las marchas o movilizarnos de una región a otra. Esta segunda versión de “Estación desamparados” nace de la necesidad de querer hacer algo en esta coyuntura.