Clínica Sanna del poderoso grupo Credicorp no retiró productos defectuosos –sueros asesinos– pese a conocer reacciones adversas desde febrero, provocando muertes evitables.
La clínica SANNA tuvo conocimiento de las reacciones adversas causadas por los sueros defectuosos de Medifarma desde antes del primer fallecimiento ocurrido el 28 de febrero, pero no realizó el retiro obligatorio del producto del mercado, una grave omisión que expone la negligencia de la institución vinculada al poderoso grupo financiero Credicorp.
Según un comunicado emitido por la propia clínica, SANNA San Borja fue el primer establecimiento en alertar a las autoridades sobre los efectos adversos del suero fisiológico producido por Medifarma, pero esto ocurrió recién el 21 de marzo, casi un mes después de la primera muerte registrada. La clínica SANNA Sánchez Ferrer de Trujillo, por su parte, reportó retrospectivamente que dos pacientes fallecieron el 28 de febrero y el 11 de marzo tras recibir el suero del lote sospechoso.

La protección mediática y política a Credicorp
Resulta alarmante el silencio de los grandes medios de comunicación y de varios congresistas frente a la responsabilidad de SANNA en este caso. La pertenencia de la cadena de clínicas al grupo Pacífica Salud – Credicorp, uno de los conglomerados financieros más poderosos del país, parece garantizarle una protección mediática y política que otras instituciones no reciben.
El reglamento sanitario establece claramente la obligación de retirar inmediatamente del mercado cualquier producto médico que presente reacciones adversas graves. Sin embargo, SANNA esperó semanas antes de comunicar oficialmente a DIGEMID, permitiendo que más pacientes recibieran el suero defectuoso.

Justificaciones insuficientes
La clínica SANNA Sánchez Ferrer de Trujillo alega que al momento de las muertes no podía identificar que la causa fuera el suero defectuoso debido a que los pacientes «recibieron más de un medicamento, tenían enfermedades preexistentes y en uno de los casos tenía comorbilidades severas».
Sin embargo, estas justificaciones contrastan con el hecho de que la clínica SANNA San Borja sí pudo sospechar del suero al atender «un mayor número de pacientes afectados en un período más corto de tiempo», lo que sugiere que la información sobre estos casos pudo haber sido compartida entre los establecimientos de la misma cadena para prevenir más muertes.
Esta tragedia evidencia cómo el poder económico de los grandes grupos empresariales parece influir en la rendición de cuentas y la cobertura mediática, dejando desprotegidos a los ciudadanos frente a las negligencias de las corporaciones vinculadas a la elite financiera del país.