¡202 años de crímenes!

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    Por Herbert Mujica Rojas

    Si hay alguna víctima zaherida, insultada, vejada, desde hace 202 años en Perú, esta es Clío! Nuestra historia es tortuosa, plena en accidentes, con memoria para muchos farsantes y olvido para el pueblo llano.

    ¿Qué han sido los gobiernos en Perú? Algunas veces nacidos del voto popular, en otras intérpretes de la coyuntura. Una constante de entreguismo, tímido o descarado, rodea sus endebles prestigios.

    Desafortunadamente no hemos protagonizado una historia colectiva sino otra fragmentada, divorciada entre sí, abundante en taras, complejos, credos indigestos basados en el color de la piel, la pronunciación del apellido y la pseudo distinción de pertenecer a “buenas familias”.

    Algunos historiadores con lazos de sangre o simpatías acérrimas con los díscolos e inmorales oportunistas en los gobiernos, se han hecho literalmente los ciegos, sordos y mudos. Sus versiones exhiben parcialidad y juicios venales. 

    Los gobiernos ejercieron como políticas de Estado el mantenimiento de la educación sin prioridad, ajena a las grandes masas anhelantes de estudiar y poseer esa sabiduría académica. El resultado no puede ser más dramático. 

    El analfabetismo afecta a gruesos sectores ciudadanos y el fenómeno de la media ciencia generó subnormales que son analfabetos de arriba, funcionales, útiles a la cadena de mando bajo la premisa de buenas recompensas para no quebrar el status quo.

    Avenidas, parques, jirones, llevan el nombre de héroes de juguete, pusilánimes inventados por la leyenda e irresponsables que sólo asaltaron al fisco en provecho propio.

    ¿Alguien ha detallado con números y documentos, cómo se convirtieron en multimillonarios varios de esos señorones a quienes nadie toca?

    ¿Basta con llamar sólo demagogia a la estafa pública en que incurre el 95% de los políticos o de quienes están en ella, sin serlo?

    No son pocos los casos en nuestros días que descendientes de altamente sospechosos de corrupción, gocen de un tren de vida pleno en propiedades inmobiliarias, vehículos, presencia en clubes exclusivos a los que se enrolan sólo con el aval de decenas de miles de dólares como inscripcion.

    Y todos se preguntan ¿cómo hicieron esas fortunas si lo que ganaban en el Estado era insuficiente para estas exhibiciones grotescas?

    La ley penal, en un país en que las leyes se cuentan por miles, pareciera ser insuficiente. Si el ratero más sospechoso se muere ¡se acaba cualquier investigación! Los parientes ya aseguraron con terceros o cuartos la posesión de bienes y riquezas.

    ¿No es eso un asalto legal al bolsillo del pueblo? 

    Hay concesiones, otorgamiento de contratos, buenas pro para obras que manejan millones de dólares y cualquier comisión puede ser depositada en cuentas cifradas, lejos del Perú, con garantías que ninguna investigación perturbará su hechiza tranquilidad.

    ¿Y con qué herramientas cuenta el común de la gente?

    Tomé conocimiento que hoy por hoy quien acusa o denuncia no sólo debe hacerlo, también tiene que documentar sólidamente su acción y con su propio peculio, o sea hacer de fiscal que ya no lo paga el Estado. 

    Pareciera que un grupo de sabios en inteligencia se atrevió a formular un plan para “disminuir la carga procesal”. Léase, desanimar cualquier empresa justiciera que requiere de miles de soles para continuar litigando.

    Sobre esto no escriben los grandes iluminados que se pasean por todos los canales, mesas de redacción y cabinas de radio. Cuestionar el poder genuino de quienes sí manejan los hilos subrepticios de la justicia ¡es un pecado! 

    ¿Cuántos libros de historia han dado cuenta pormenorizada de las grandes jornadas del pueblo peruano, en todo el país, cuando insurgió contra toda clase de injusticias?

    La infausta guerra entre 1879-1883 apenas si recuerda al Soldado Desconocido y a la Rabona Heroica, la placa que lo hace está oxidada, casi sepultada sobre cerros de desperdicios en Chorrillos. 

    Clío tendrá que ser reivindicada y con ella al pueblo en su legitimidad guerrera y gallarda. Un primer paso lo constituirá no olvidar a los más de 65 fallecidos violentamente en los últimos 45 días. No eran violentistas o terroristas, no cargaban armas o artefactos molotov. Eran personeros del pueblo en protesta.

    Plagada de imposturas y cuentos que a fuer de repetidos, se han hecho “verdad”, la historia del Perú bien merece ser la epopeya de un pueblo, con sus virtudes y defectos, pero con la evidencia de su participación y en búsqueda de un Perú justo, libre y culto.