Presentaciones aburridas

Publicado el 08/02/2026

Luego de transcurridos treinta insoportables minutos, el expositor dice la única frase esperada por su público: «Y para terminar…». A todos nos suena a música celestial, ¡ya no sabíamos qué hacer para aguantar el tedio! 

Por desgracia, con más frecuencia de la que quisiera soy testigo de situaciones como la descrita. ¿Qué razones explican la permanencia de esta práctica tan desgastante, de esta pérdida de tiempo colectiva? Creo que varias, pero hay una que resulta francamente sorprendente: la mayoría de las presentaciones utilizan mal el PowerPoint®, un excelente recurso audiovisual que, incorrectamente manejado, se convierte en garantía de aburrimiento colectivo.

No se trata, en absoluto, de desterrar el uso de este programa. De lo que estoy en contra es de que este uso se haya hecho prácticamente obligatorio y se haya convertido en refugio de expositores que, la mayoría de las veces, se dedican a pasar las diapositivas y a leer su contenido, como si el auditorio no estuviera en capacidad de hacerlo por sí mismo.

Una de las razones más comunes por las que una presentación resulta pesada como el plomo es que el expositor pretende decirnos absolutamente todo lo que sabe sobre el tema. Y claro, como suele tratarse de un especialista, lo habitual es que sepa mucho… demasiado para transmitir en el poco tiempo con el que cuenta. No busca la esencia de lo que quiere que sepamos, sino que nos lo quiere contar todo, y para que lo comprendamos bien y no lo olvidemos jamás, abunda en información y en un sinfín de datos ordenados en cuadros que proyecta acompañándolos con la frase: «Como podemos ver claramente en esta lámina…». Pero no podemos ver claramente nada porque la información es tan abundante que está escrita en tamaño pequeño, ilegible a la distancia. Entonces, ni modo: cortésmente, fingimos que de verdad la estamos viendo y él continúa feliz su exposición. 

Un discurso que no tiene un objetivo claro será muy difícil de exponer. Es decir, veremos al orador divagar y dar vueltas con su voz monocorde y de efecto narcotizador. Por el contrario: si tiene una idea precisa de lo que quiere transmitir, su exposición será entusiasta, inspiradora, provocadora.

“Un discurso que no tiene un objetivo claro será muy difícil de exponer.”