Lima en 1863: Manuel de Almagro y Vega
Publicado el 11/01/2026
Entre 1862 y 1866, se realizó la Expedición Científica por orden del Rey de España por la llamada Comisión Científica del Pacífico, la cual fue conformada por el médico nacido en Cuba, Manuel de Almagro, quien publicará sus investigaciones en Madrid en 1866. Posteriormente, los expedicionarios publicaron: “Breve descripción de los hechos en América por la Comisión científica enviada por S. M. C. durante los años 1862 a 1866, acompañada de dos mapas y de la enumeración de las colecciones que forman la Exposición Pública, por Don Manuel de Almagro, Dr. en Medicina de la Facultad de París, etc., etc.” (que se puede consultar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). De Lima escribieron:
“Lima es residencia de los jefes de la nación, de las Cámaras, altos tribunales, arzobispado, etc. Tiene establecimientos de enseñanza de todas clases, y un interesante, pero descuidado, museo de ciencias naturales, donde luce una rica colección de antigüedades peruanas. La magnífica penitenciaría, émula de las mejores del mundo, es el único edificio público construido después de la independencia, pues los demás, incluso el palacio de Gobierno, son de nuestra época: y algunos tan antiguos, que el último nombrado fue edificado por Francisco Pizarro”.
Perfecta descripción de Lima. Luego de la independencia, la capital fue privilegiada en la “construcción de la nación”. Escuelas para la educación formal de la clase dominante. La Universidad de San Marcos mantiene su colonial prestigio sirviendo a la oligarquía. Pero, al informar que: “la magnífica penitenciaría, émula de las mejores del mundo, es el único edificio público construido después de la independencia”, nos permite percibir el origen de nuestra cultura judicial penal. Todo problema se soluciona con la cárcel. La labor de los jueces es enviar a los “culpables” a la cárcel. Peor aún, los grandes males se solucionan con la pena de muerte por fusilamiento. Las cárceles permiten barrer la casa y esconder la suciedad debajo de la alfombra; más, no la desaparecen, sólo la ocultan. Y, ese “magnífico edificio” construido a “imagen y semejanza del mundo occidental”, contrasta con una ciudad colonial intacta. La capital fue la misma que abandonó José de la Serna en julio de 1821. Por ello -42 años después de la Independencia-, Lima seguía siendo una ciudad española, con una cárcel occidental. La llamada “modernidad” tiene imágenes que muchas veces resultan inverosímiles. De Almagro escribe:
“La población de Lima pasa de 100,000 almas: las calles son rectas, anchas, horriblemente empedradas, y en general muy sucias, por haber en medio de cada una, acequias descubiertas, donde echan las inmundicias de todas las casas. El caserío es en general de aspecto mezquino, aunque en el interior de las moradas hay magníficas habitaciones adornadas con el mayor lujo. Lo que constituye el agrado de Lima y le ha producido la fama de que goza, es su buena sociedad, tan hospitalaria como agradable. Nosotros, que tuvimos el placer de frecuentarla, no podemos sino tributarla los mayores elogios, y desear cese el lamentable estado político que nos ha convertido en leales enemigos, de amigos afectuosos que éramos”.
Frente a Palma y su “Lima señorial”; la realidad siempre ha sido radicalmente opuesta. Lima ha sido –y es- una de las ciudades más sucias del Perú. Sin desagües por donde discurran las defecaciones humanas (“acequias descubiertas, donde echan las inmundicias de todas las casas”), los olores –y las visones- debieron haber sido una situación desagradable para los viajeros y visitantes. Esto llevó a los viejos limeños a tener mucha atención a la llegada de la misturera (vendedora de flores) para “arreglar y perfumar” las casas. La sahumadora también era bien recibida ya que, con sus sahumerios, cambiaba los “olores” y el aire se convertía en “respirable”. Era costumbre que, en procesiones religiosas, matrimonio y velorios/entierros, la misturera y la sahumadora estén presentes y en lugar privilegiado. La suciedad y la inmundicia fue mucho más común en Lima, frente a quienes han imaginado una “ciudad jardín”. Esto último –“ciudad jardín”- fue por la existencia de cientos de hectáreas cultivadas con alimentos y frutos de gran calidad y buena cantidad. Sobre esas hectáreas muy productivas se ha construido los nuevos barrios de Lima. Haciéndola más gris y contaminada que antes. De las mujeres en Lima, Manuel de Almagro hace referencia:
“El bello sexo limeño es el tipo de la amabilidad, finura y buen tono: un talento despejado, una inteligencia prodigiosa, y una imaginación viva y espiritual, hacen que el trato de las lindas limeñas sea sumamente agradable”.
No es la descripción de la “mujer limeña en general” o de la “limeña en abstracto”; por el contrario, es la descripción de las mujeres limeñas de la oligarquía. De aquellas familias que tenías esclavos, sirvientes, yanaconas y pongos. De las limeñas que jamás cocinaron porque eso era la labor de las sirvientas negras. De las limeñas que jamás lavaron la ropa porque eso era labor de la sirviente india. Incluso, de las señoras limeñas que no amamantaron a sus hijos porque tenían una negra ama de leche. Se ha querido traficar con una homogenización que no es real. Las mujeres también forman parte de las clases sociales. Los viajeros que llegaron a Lima en el siglo XIX y fueron bien recibidos por las familias oligárquicas, habitaron las salas y los comedores; jamás las cocinas. Sus testimonios son muy agradables para quienes pretenden hacer creer que el Perú fue un país desde el mismo 28 de julio de 1821; pues, precisamente todo lo contario. En el Perú, el pasado no es lo mejor; el futuro es lo mejor, porque está por construirse.