El rostro en el espejo
Publicado el 01/02/2026
La imagen que nos devuelve el espejo es producto del trabajo de una serie de músculos que actúan obedeciendo las órdenes del cerebro. Sobre esta acción nosotros no solemos tener ningún control, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con nuestros dedos, que podemos entrecruzar, estirar, encoger, etcétera a voluntad. Conocemos su posición exacta sin necesidad de verlos.
En cambio, los receptores sensoriales de la cara no envían al cerebro la suficiente información, y este, sin esos datos, no puede indicarnos el grado de tensión de los músculos. Por esa razón, no estamos en condiciones de conocer con exactitud la expresión que proyecta nuestra cara, salvo que camináramos con un espejo por delante todo el tiempo. Sin embargo, nuestro rostro —y, obviamente, lo que expresa— no está oculto para los demás, y sucede con frecuencia que comunicamos nuestro estado emocional incluso cuando quisiéramos evitarlo.
En efecto, la expresión de nuestras emociones se refleja principalmente en el rostro. Por eso se dice que la cara es el espejo del alma, y por más de que intentemos ocultar ese resultado expresivo, cualquier persona medianamente observadora interpretará con facilidad cuál es nuestro estado de ánimo, si estamos diciendo la verdad o estamos mintiendo, si nos sentimos seguros o inseguros, etcétera.
Por supuesto que hay personas que, como parte de su trabajo, se entrenan profesionalmente para no dejar ver ni una pizca de sus emociones. En este grupo encontramos, por ejemplo, a los jugadores de póquer, quienes pueden llegar a tener tal dominio de sus gestos que pareciera que están hechos de piedra. Claro, también está el otro extremo: aquellas personas en cuyo rostro se puede leer, casi a simple vista, la historia de su vida.
Saber que nuestro rostro no puede ocultar lo que sentimos y mostramos a los demás debería hacernos tomar conciencia de lo mucho que podemos estar comunicando sin proponérnoslo. Y una vez que reconozcamos que es cierto aquello de que el rostro es el espejo del alma, deberíamos aprender a utilizar a nuestro favor este potente recurso comunicativo.
“La expresión de nuestras emociones se refleja principalmente en el rostro. Por eso se dice que la cara es el espejo del alma.”