El llanto y los hombres
Publicado el 18/01/2026
¿Cuándo fue la última vez que usted, señor, lloró? ¿Se acuerda cómo empezó, cuál fue el motivo? Tal vez tuvo que ver con un hecho tan grave como la pérdida de un ser querido o el solo pensar en la posibilidad de perderlo. Sí, pues: el dolor, componente inevitable de la existencia humana, es uno de los principales detonantes del llanto.
Alguna vez leí que alguien afirmaba que el hombre es una máquina de fluidos. Se refería no solo a sus exponentes de sexo masculino. Lloran los hombres y lloran las mujeres, pero según las normas de nuestra sociedad, solo ellas tienen derecho a hacerlo.
Y aquí la discusión: ¿es que los hombres no lloran o, en todo caso, lloran mucho menos que las mujeres?
Para buscar una respuesta, empiezo por dar mi testimonio: soy un llorón. Lloro cuando recuerdo en soledad. Lloro cuando recuerdo en voz alta, ya sea que esté con mi familia o con mis amigos. Lloro cuando veo películas como Cinema Paradiso; cuando la vi, lloré mucho antes del final porque lo presentí. Lloro cuando me salen las cosas mal y también cuando me salen bien. Lloro de alegría por mis pequeños éxitos y por los éxitos de los demás.
Recuerdo haber llorado cuando vi bajar del avión de la ONU al embajador Javier Pérez de Cuéllar en su primera visita oficial al Perú después de que, pocos meses antes, el Gobierno de turno lo baloteara en el Congreso, negándole así la posibilidad de ser nuestro embajador en el Brasil. Lloré, sí, y mucho aquella vez, porque era emocionante el final feliz que tuvo esa historia de mezquindad, que terminó favoreciendo a un hombre honesto.
Bueno, yo ya le conté lo mío. ¿Y usted llora, amigo mío, o se aguanta las lágrimas?
Llorar es una forma de lenguaje. Hay momentos en los que llorando expresamos mucho más que lo que podríamos decir con palabras. El llanto denota una pena, un deseo, una súplica, una alegría. Es cierto que las mujeres se expresan más fácilmente por el camino de las lágrimas, pero esto nos lleva a la pregunta de por qué a los hombres nos resulta tan difícil llorar.
Sin embargo, y dado que el llorar —es decir, el producir lágrimas a partir de las emociones— es patrimonio de todos los humanos, no veo por qué deberíamos privarnos del formidable ejercicio de desahogo emocional que representa.
Llorar es una forma de lenguaje. Hay momentos en los que llorando expresamos mucho más que lo que podríamos decir con palabras.