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Especial

Velasco esperaba invasión chilena

Aseguró el historiador Antonio Zapata durante Coloquio Internacional sobre el régimen militar iniciado en 1968.

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Denis Merino
Diario UNO

El historiador Antonio Zapata calificó como una leyenda urbana la posibilidad que durante el gobierno del general Juan Velasco se estuviera a un paso de declarar la guerra a Chile para recuperar antiguos territorios y aseguró que por el contrario, el entonces presidente temió una invasión del país del sur.

Fue al tratar del tema “Perú y Chile durante el gobierno de Juan Velasco” durante el Coloquio Internacional “Nuevas Miradas sobre el régimen militar de Velasco Alvarado” organizado por el Instituto Francés de Estudios Andinos en coordinación con la Biblioteca Nacional, el Instituto de Estudios Peruanos y las Universidades San Marcos, Católica, Del Pacifico y Ricardo Palma.

Para su investigación Zapata se basa en Actas de Consejos de Ministros de la época, cuyos borradores encontró en la oficina del entonces secretario del Consejo de Ministros general Arturo Valdes Palacio, quien se ocupaba de transcribir los acuerdos y controversias y cuyos originales desaparecieron.

Jefes militares Juan Velasco Alvarado

EJE DE DERECHA
“El temor del presidente a una posible invasión tenía como fundamento la amistad de los presidentes de Chile, Augusto Pinochet, de Bolivia Hugo Banzer y de Brasil Ernesto Geisel -todos llegados al poder, igual que Velasco, por un golpe de estado, pero que a diferencia del peruano instauraron regimenes de derecha- y al llegar rumores que Chile otorgaría a Bolivia un corredor de salida al mar por Arica”.

Según dicha versión, Velasco convocó a un grupo de generales para averiguar si podíamos hacer frente a la posibilidad de una guerra y le dijeron que saldríamos perdiendo porque, al tener armamento soviético, en caso de emergencia el equipamiento estaba muy lejos, a diferencia de Chile que acudiría a Estados Unidos que lo proveía de armas.

“Fue entonces que Velasco envía como emisarios a Bolivia a los generales Morales Bermúdez y Richter Prada para que conversen con sus autoridades que recibieron como respuesta que no habría guerra y lo mismo respondió una autoridad chilena lo que fue un alivio”.

RELACIONES CON CHILE
Tambien comentó Zapata que no es tan cierto que Velasco tuviera excelente relaciones con Salvador Allende porque siempre había la desconfianza entre los militares peruanos por la incorporación de comunistas y la orientación marxista del gobierno socialista del mandatario sureño lo que no se quería para el Perú.

“Su mejor relación fue con el presidente Eduardo Frei, amigo de otro adherente al gobierno, el presidente de la Democracia Cristiana, Héctor Cornejo Chávez”, apuntó el historiador.

Anotó que con Pinochet no hubo buena relación porque el dictador chileno se trajo abajo el Pacto Andino que era una de las banderas del régimen de Velasco que lo consideraba un mercado ampliado que ayudaría a superar la crisis económica como también la posición del dictador del sur que cambia la concepción sobre las 200 millas de mar territorial y a su alejamiento del grupo de los no alineados al que pertenecía Perú y también Chile y “todo esto cuando se cumplía el centenario de la Guerra del Pacifico”.

En ese contexto, Zapata dijo que es una mentira que el golpe de Morales Bermúdez a Velasco, el 29 de agosto de 1975, fuera para impedir una guerra.

RELACIÓN CON EE.UU
Por su parte el profesor de la Universidad de Washington Richard Walter, al exponer el tema “El Perú y los Estados Unidos durante los años de Velasco. El rol de los Embajadores” que figura en su libro “Perú y Estados Unidos 1960-1975” dijo que en una oportunidad un funcionario de su país llegó a comentar, por las expropiaciones de empresas norteamericanas y las relaciones que se entabló con Cuba, Unión Soviética y China, que cómo un país tan pequeño podía causarles tantos dolores de cabeza.

Añadió que, sin embargo y pese a las tensas relaciones de nuestro país con la potencia del norte por la negativa de compensar a la petrolera IPC por la expropiación, a instancias del canciller Edgardo Mercado Jarrín, a quien describió como un hombre con mucha destreza, se nombra en 1968 embajador de Perú en Estados Unidos a Fernando Berkemeyer, hombre de derecha, casado con norteamericana y gran amigo de autoridades de ese país pero que tuvo que enfrentar grandes desafíos y un ambiente complicado. “Creo que no era la mejor opción para un gobierno nacionalista”, señaló.

El mismo 1968 Velasco se reúne con el embajador norteamericano John Wesley Jones, un ex marino que participo en la segunda guerra mundial, y le explica los motivos del golpe y le pide que interceda ante las autoridades norteamericanas para que comprendan y le den apoyo.

Pero casi al mismo tiempo la Marina interviene un barco de USA que pescaba en mar territorial, y el gobierno expulsa a la misión militar norteamericanas y se niega a recibir al empresario Rockefeller. El embajador Jones comentó que su último año en el Perú fue muy triste porque lo dedicó “a llevar notas de protesta”.

REFORMISMO MILITAR
Jorge Rodríguez, profesor de la Universidad de Puerto Rico, al exponer “Una experiencia de investigación en el Perú sobre los orígenes del reformismo militar”, señaló que llamó la atención en el mundo un gobierno militar nacionalista cuando en otros países gobernaban dictaduras militares de derecha.

“Cuando vine en esa época tuve buen recibimiento, recuerdo que los militares estaban orgullosos de lo que hacían como la reforma agraria, la reforma tributaria y otros que privilegiaban a los más necesitados aunque supe que habían diferencias internas”, recordó

Precisó que conversó con Julio Cotler quien estaba sorprendido porque se suponía que los militares eran “los perros guardianes de la oligarquía”, y trató con otros analistas como Víctor Villanueva y otros que fueron clave en el Instituto de Estudios Peruanos.

“La preocupación de los militares había sido la guerra interna revolucionaria como la guerrilla del 65, y el movimiento de Hugo Blanco, eso sirve para entender la ideología de los militares que los condujo a un reformismo para prevenir la insurgencia interna.”

El director de la Escuela de Historia de la Universidad de San Marcos, Cristóbal Aljovín de Losada, al sustentar el tema “Mas allá de los partidos políticos. El imaginario político de Juan Velasco Alvarado” explica que el modelo de gobierno de Velasco se acerca a lo que pretendieron construir Lázaro Cardenas en los años 30 en México, Juan Domingo Perón en Argentina a fines de los 40 y Getulio Vargas en Brasil entre 1930 y 1945, regímenes que algunos llaman corporativos.

Reforma Agraria - Juan Velasco Alvarado

PUEBLO BURLADO
“Otro analista describe al gobierno de Velasco como una revolución por decreto, es decir, los cambios fueron de arriba hacia abajo, sin embargo el Gobierno Revolucionario dejaba atrás una historia trágica, la del pueblo burlado por los partidos políticos que habían estado manipulados por una elite egoísta y extranjerizante. Lo que es cierto es que Velasco buscaba fundar una verdadera democracia que tenía rasgos de una representación corporativista”, explicó Aljovín.

Recordó que Velasco, en sus discursos, hablaba contra los partidos políticos, anotando que sus líderes traicionaban sus ideales y los intereses y anhelos de las bases como había sucedido con Belaunde y, sin mencionar su nombre, con Haya de la Torre.

“En un discurso en San Marcos dice ‘hemos desenmascarado la farsa de la democracia liberal al servicio de los poderosos…queremos contribuir a que sea posible la participación auténtica y el verdadero diálogo”, pero también critica posturas radicales marxistas con las palabras “no soy intelectual , soy revolucionario y soldado, quienes gobernamos no somos marxistas” y acusa que los traidores de la revolución son los agentes de la derecha así como la izquierda radical. Uno de sus slogan fue “ni comunismo, ni capitalismo”.

EX EMERRETISTA
Pos su parte el sociologo, escritor y ex dirigente del MRTA Alberto Gálvez Olaechea, quien este año terminó de cumplir una condena por terrorismo de más de 20 años, señaló que las relaciones entre Velasco y la izquierda fueron difíciles de manejar para ambas partes, pese a que teóricamente eran convergentes en concepciones y propósitos.

“La nueva izquierda fue el rival más encarnizado del velasquismo, solo años después de que este periodo acabó se le valora como un momento estelar en la lucha por la construcción de un proyecto nacional soberano de potencial liberador. Ninguna de las partes estaba preparada intelectualmente para recibir a la otra. La nueva izquierda porque acababa de nacer para hacer insurrecciones populares y los militares porque la única forma de revolución que concebían era desde arriba, por decreto”, dijo.

El capitán de fragata en retiro e historiador Jorge Ortiz Sotelo se refirió a los incidentes entre la armada y Velasco por la oposición de los marinos a algunas reformas y otras contradicciones.

Mencionó como militares conservadores al almirante Vargas Caballero y a Francisco Morales Bermúdez, como innovadores y modernistas a Edgardo Mercado Jarrín y al grupo la Misión que tenía como cabeza a Tantaleán Vanini y como radicales y progresistas a los ex coroneles y ya generales Rodríguez Figueroa, Gallegos Venero, Hoyos Rubio, Fernández Maldonado, De la Flor, Meza Cuadra, Graham y Gilardi.

Describió a la Marina como conservadora porque tiene entre sus miembros oficiales surgidos de las clases medias altas contrariamente al Ejército, de extracción más popular mientras que a la Fuerza Aérea la denominó como “una mescolanza”.

Campesinos cosechando en chacra - Juan Velasco Alvarado

CRISIS MILITAR
“Luego de la enfermedad de Velasco en 1973 se producen una serie de roces, Vargas Cabellero respalda a Mercado Jarrín en la discusión sobre el acercamiento del Perú a los países socialistas y su percepción que el gobierno se acercaba a la izquierda. Había el problema de la pesca, de la prensa, de la propiedad privada. Vargas Caballero dijo que somos un país cristiano y occidental mientras que Velasco creía que la Marina era contrarrevolucionaria, hay crisis. El Comercio y otros echan leña al fuego. Llegaron a suceder movilizaciones en la Armada, Vargas Caballero renuncia, entra por poco tiempo Jiménez de Lucio que pasa al grupo de los radicales y se producen más fricciones”, señaló Ortiz.

El marino historiador recuerda que Guillermo Faura asume la Comandancia de la Marina y que la víspera de su juramentación le colocan una bomba en su casa, “supuestamente por sus propios compañeros, como una especie de advertencia. Velasco se debilita y entra Morales Bermúdez”.

OTROS EXPOSITORES
Resulta largo enumerar las exposiciones de más de 30 personalidades que tuvieron frases elogiosas como tambien críticas para el gobierno del presidente Velasco. Entre ellos el ex guerrillero Héctor Bejar –uno de los amnistiados por Velasco-, Edmundo Murrugarra, Victoria Villanueva -en el tema del feminismo de la época-, David Rengifo –quien habló sobre la movida rockera y la expulsión del músico Carlos Santana-, Aldo Panfichi, quien dijo que el régimen militar privilegió el deporte y que en esos años se asistió a dos mundiales de fútbol y se ganó la Copa América y se contrató técnicos deportivos cubanos.

También expusieron Rolando Rojas y Javier Aguilar sobre cómo el Sutep se constituyó en uno de los principales enemigos de la reforma educativa, Mario Garfias sobre la reforma universitaria velasquista, y Erick Pozo, Óscar Espinoza, Hernán Manrique y Juan Carlos La Serna sobre la política indígena.

Igualmente Eduardo Toche, director de Desco, Alejandro Santisteban y el norteamericano Mark Rice quien se refirió al Turismo en el Cusco durante el régimen militar. También se presentó el libro de Christabelle Roca-Rey “La propaganda visual durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado”.

Antes de su exposición el historiador Antonio Zapata saludó la realización del evento y la gran concurrencia que tuvo. “Es importante la revalorización del gobierno de Velasco contrariamente a quienes llegan a calificarlo como un demonio, es un importante camino el que se ha abierto” con su gobierno, señaló.

Otro expositor llegó a decir que los tiempos cambian y ciertas obras se empiezan a estudiar y revalorar como ocurre con universidades como la Católica y del Pacífico y meses atrás la Villarreal, que han empezado a estudiar el régimen velasquista sin odios ni apasionamientos.

Por su parte, Gerard Borras, director del Instituto Francés de Estudios Andinos, principal organizador del Coloquio, agradeció a todos los que hicieron posible la realización del certamen “dedicado a un momento de la historia contemporánea del Perú” y felicitó efusivamente a Jesús Ruiz Durand por la exposición de afiches y otras obras pictóricas sobre el proceso velasquista que se expone en la Biblioteca Nacional.

“Algunos se preguntaran por qué hacer un evento sobre el régimen militar de Velasco Alvarado cuando se sabe perfectamente que casi 50 años después sigue siendo un tema polémico que genera reacciones apasionadas en pro o en contra. Diría justamente por eso”, explicó Borras.

Continuó: “aquí como académicos no estamos en una postura que sería la de militantes pro o anti velaquistas, pero consideramos que después de décadas, de polémicas, pero también de producción académica, ha llegado el momento de proponer, intentar una relectura, una mirada nueva sobre lo que fue el gobierno de Velasco Alvarado. Porque estas posturas polémicas a las que aludía son señales que todavía falta mucho por analizar e investigar”.

Por su parte María Elena Velasco, hija del general Juan Velasco dijo al termino del Coloquio que por fin se comienza a revalorar la obra de su padre que lo único que perseguía era el bien de los peruanos y a quien se ha llegado a denigrar de diversas maneas y con fuertes insultos.

“El llegó a decir en sus últimos días que no se arrepentía de lo hecho pese a traiciones y que lo volvería a hacer para bien del pueblo”, dijo.

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

Un grupo de policías mus­culosos que llevan pistolas y bastones semiautomáticos se mueven lentamente entre la multitud al final de un con­cierto de salsa al aire libre. Mis amigos y yo tenemos una botella de ron, y creo que los policías lo confiscarán y tal vez hasta nos arresten.

En cambio, la policía nos pide que bebamos, y rápida­mente cumplimos. Confiscan la botella de vidrio para que no se pueda romper y usar como arma.

Este incidente tuvo lugar en La Habana hace algunos años, y dice mucho sobre lo que constituye una buena vi­gilancia policial. Los policías estaban interesados en preve­nir el crimen, no en agravar­lo.

Contrariamente a la ima­gen de comunistas brutales y represivos, la policía en Cuba ofrece un ejemplo instructivo para los activistas en los Es­tados Unidos. La policía vive en las ciudades que patru­llan. Generalmente tratan a los ciudadanos con respeto. Como documenté en mi libro Dateline Havana, las golpizas policiales a criminales son ra­ras y los asesinatos policiales son inexistentes. Cuba tiene una de las tasas de crimina­lidad más bajas de América Latina.

Las continuas protestas por las vidas de los negros en los Estados Unidos han forzado un debate nacional sin precedentes sobre el pa­pel de la policía. ¿Deben los departamentos de policía ser financiados y ese dinero ser desviado para ayudar a las comunidades pobres? ¿Debe­ría la policía ser abolida por completo?

Cuba ha luchado con pro­blemas policiales desde la re­volución de 1959. El gobierno, aunque ciertamente tiene su cuota de fallas, ha creado un sistema de interacción entre la comunidad y la policía que reduce el crimen sin depen­der de la fuerza bruta.

La lucha contra el crimen en Cuba comienza con una red de seguridad social, que brinda a cada cubano educación gratuita, atención médica gratuita y eventos culturales subsidiados. Cuba no sufre los azotes de la falta de vivienda y la adicción a las dro­gas instigada por los carteles, a pe­sar de los intentos regulares de los traficantes de contrabandear dro­gas a Cuba desde Florida.

La economía socialista signifi­ca que Cuba no tiene extremos de riqueza y pobreza. He visitado las casas de funcionarios gubernamen­tales de alto rango que viven en ve­cindarios de ingresos medios. Me he encontrado con agentes de policía que vivían en un modesto complejo de apartamentos en el mismo ve­cindario que patrullaban.

Cuba usa la presión de la comu­nidad para desalentar el crimen. Los Comités para la Defensa de la Revolución (CDR) se crearon origi­nalmente a principios de la década de 1960 para erradicar a los contra­rrevolucionarios respaldados por Estados Unidos. Hoy en día, los CDR promueven la salud pública y ac­túan como grupos de vigilancia del vecindario.

Humberto Carillo Ramírez, un líder nacional de CDR entonces, me dijo en un documental de radio que los residentes locales a menudo sa­ben quiénes son los delincuentes.

“Si una familia no envía a sus hijos a la escuela o si un joven no está trabajando y se está metiendo en problemas…nos reunimos con ellos “, dice. “Vivimos en [su] blo­que… Explicamos por qué es malo para el país y también explicamos las graves consecuencias legales para ellos”.

Cuando los residentes son con­denados por delitos, los miembros de CDR los visitan en la cárcel. “Queremos…reincorporarlos a la so­ciedad después de que salgan “, dice Carillo.

A principios de la década de 1990. Cuba enfrentó una crisis eco­nómica masiva provocada por el co­lapso de la Unión Soviética e inten­sificada por los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al gobierno. Los cubanos enfrentaron una gra­ve escasez de gasolina, alimentos y electricidad. A partir de 1996, la na­ción experimentó un fuerte aumen­to en los robos de viviendas y asaltos callejeros; incluso hubo un intento de robo de un vehículo blindado.

Según los estándares de Estados Unidos, el crimen en Cuba seguía siendo ligero, pero era más de lo que los cubanos estaban dispues­tos a aceptar. En 1999, el gobierno aprobó una ley que duplicó algunas penas de prisión. Los jueces tam­bién permitieron que menos prisioneros salieran en libertad condicional. La policía estaba estacionada en cada esquina de las zonas turísticas. La represión resultó en una caída del 20 por ciento en la delincuencia, me dijo el juez de la Corte Suprema Jorge Bodes Torres en una entre­vista en ese momento.

Él atribuye el éxito a las medidas de “ley y orden” y a la organización comunitaria. “La mayoría de las personas están involucradas en la lucha contra el crimen”, dice. “Ese es el factor más importante”.

Los disidentes políticos cu­banos están totalmente en des­acuerdo. Afirman que la policía golpea y encarcela rutinariamen­te a los opositores del gobierno. Sin embargo, como he documen­tado, muchos de estos disidentes son financiados por Washington y regularmente difunden noti­cias falsas, por lo que sus recla­mos de brutalidad sistemática carecen de credibilidad.

Algunos cubanos tienen quejas legítimas. Entrevisté a docenas de jóvenes afrocubanos que fueron detenidos e interro­gados por la policía porque son negros.

Pablo Michel, un joven afro­cubano, me cuenta que fue detenido por la policía varias veces en las zonas turísticas de La Habana. En una ocasión, llevó a dos turistas blancas al aeropuerto de La Habana. La po­licía se detuvo e interrogó a Mi­chel, sospechando que estaba dirigiendo un servicio de taxi ilegal. Él dice que los cubanos blancos que llevan extranjeros al aeropuerto “no tienen los mismos problemas”.

Michel y otros entrevistados dicen que la policía no realiza búsquedas violentas y que no golpean ni disparan a los sospe­chosos. Sin embargo, muchos policías estereotipados cubanos de piel oscura como ladrones y buscavidas, dice.

A fines del año pasado, el gobierno cubano anunció una importante campaña contra el racismo. Los funcionarios pla­nean identificar áreas específi­cas de discriminación, iniciar un debate público y educar al público.

“Este es un verdadero paso adelante, después de haber lu­chado durante tantos años”, dijo a Reuters Deyni Terri, fundado­ra de la Alianza de Unidad Racial en La Habana, en noviembre pa­sado. “Es un buen comienzo.”

Obviamente, las institu­ciones desarrolladas en Cuba no pueden transferirse sim­plemente al por mayor a los Estados Unidos. Pero podemos aprender del concepto de parti­cipación de la comunidad, dice Max Rameau, un organizador del grupo de base Pan-African Community Action con sede en Washington, DC, que ha es­tudiado las prácticas policiales cubanas.

“Necesitamos diferentes en­tidades de la comunidad para diferentes tareas que son res­ponsables de la seguridad y el bienestar del vecindario”, me dice en una entrevista telefó­nica. Por ejemplo, los grupos comunitarios estadounidenses pueden resolver problemas de salud mental y disputas familia­res sin involucrar a la policía.

Pero Rameau no apoya des­hacerse de la policía por com­pleto.

Si un supremacista blanco ataca a una iglesia negra, como sucedió en Carolina del Sur en 2015, dice: “Queremos asegu­rarnos de que nuestro equi­po de seguridad comunitaria pueda responder. En cualquier sociedad con diferentes clases, tendrás policía. Pero debería­mos tener control sobre ellos”.

El debate de los Estados Unidos sobre la actuación policial se ha desplazado cla­ramente hacia la izquierda. Después del asesinato po­licial de Michael Brown en 2014 en Ferguson, Missouri, los políticos pidieron a la policía que usara cámaras corporales. Hoy, después del asesinato de George Floyd, el Ayuntamiento de Minneapo­lis ha votado para desmante­lar la fuerza policial, aunque todavía está dando detalles.

Los grupos contra la bru­talidad policial han desarro­llado una variedad de planes para descentralizar los de­partamentos de policía en fuerzas comunitarias, gober­nadas por juntas civiles.

Por primera vez en la historia reciente, personas de todos los orígenes en los Estados Unidos están dis­cutiendo seriamente cómo cambiar fundamentalmente las fuerzas policiales. Las ex­periencias de Cuba deberían ser parte de esa discusión.

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

Un chatbot para faci­litar el reporte remoto de casos de coronavirus es uno de los proyectos ganadores del “MIT Co­vid-19 Challenge: Latin America vs Covid-19”, una hackatón virtual de 48 horas desarrollada para buscar soluciones de impacto relevante en Latinoamérica.

Esta aplicación que usa inteligencia artifi­cial fue creada por un grupo de estudiantes de las universidades de Harvard, Stanford y Brown, entre los que se encuentran cuatro peruanos.

Una integrante del equipo es Valerie Agui­lar Dellisanti, quien jun­to con sus compañeros, se propuso crear un sistema para realizar chequeos y controles de forma remota para la detección de la en­fermedad.

ASÍ FUNCIONA

“Imaginemos que una persona tiene sín­tomas de coronavirus, entonces envía un men­saje a nuestro chatbot que verifica sus datos de identidad y a través de los SMS le realiza un triaje, y con esa informa­ción detallada se hace un diagnóstico. Poste­riormente, dependiendo del resultado, se hace un seguimiento o se lo re­dirige a la central 113”, explica Valerie, orgullo­sa de que su proyecto haya resultado uno de los elegidos.

Su equipo estuvo con­formado por Marcelo Peña, Valeria Wu y Ro­drigo Chanamé de Perú; Jorge Armenta, Santiago Hernández y José Lavarie­ga de México, todos ellos estudiantes universitarios de las principales univer­sidades de EE. UU.

La hackatón, organiza­da por el Instituto Tecno­lógico de Massachusetts (MIT), se realizó del 19 al 21 de junio y convocó a 1 500 jóvenes emprende­dores de todo el mundo, quienes en equipos multi­disciplinarios colaboraron para desarrollar solucio­nes innovadoras frente a la crisis de Covid-19.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

COORDINACIÓN CON EL GOBIERNO

Como se recordará Valerie, egresada de los colegios Saco Oliveros y Alexander Von Hum­boldt, sorprendió el año pasado a la comunidad educativa al ganar be­cas en 10 universidades top del mundo: Yale, Duke, Amherst Colle­ge, Singapur y Brown, entre otras.

Ella ahora busca co­ordinar la integración de los datos del bot con la base de datos del Es­tado para implementar este servicio que será de gran ayuda para nues­tro sistema de preven­ción y diagnóstico del coronavirus.

“Por ahora necesita­mos contactos con el Estado, con la Reniec y los ejecutivos del Mi­nisterio de Salud y de la Línea 113 para incorpo­rar los datos al sistema y realizar las pruebas lo más antes posible para colaborar en la lucha contra esta pandemia.”, puntualiza.

Actualmente, Va­lerie Aguilar cursa el primer año en la Uni­versidad de Brown y seguirá dos carreras: Ingeniería de Sistemas y Economía y Relacio­nes Internacionales y Públicas.

En tanto emplea toda su energía, conoci­miento y liderazgo para contribuir a frenar esta pandemia mundial en el país.

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

Hace unos días, un equipo de 85 médicos procedentes de Cuba llegó a nuestro país como parte de un acuerdo solidario entre el estado peruano y el gobierno de dicho país para brindar apoyo en la lucha contra la pandemia del Covid19 que se desarrolla inten­samente a lo largo de nuestro territorio nacional.

Para conocer los detalles de esta misión médica conversa­mos con Sergio González, emba­jador de Cuba en el Perú, quien nos comentó que este grupo de profesionales de la salud estará destacado en Ayacucho (16), Mo­quegua (16), Arequipa (26) y An­cash (27). “En esta última región comenzarán a trabajar en Chim­bote, donde al parecer existe un preocupante crecimiento de la epidemia”, expresó.

—¿Cómo han sido las nego­ciaciones con el estado perua­no para concretar la ayuda?

— Intensas y fructíferas. Las partes han debido evaluar innu­merables detalles técnicos pro­pios de la actividad médica a la que se enfrentarán los colabora­dores de la Isla, pero sobre todo los relativos a las condiciones de trabajo y condiciones prácticas de existencia, que se han acorda­do en estricto apego a las normas laborales, migratorias y hasta sa­nitarias de ambos países. Todo esto debió hacerse en las circuns­tancias que impone el modo pausa mundial, la limitación de movimientos dentro del Perú, el cierre de aeropuertos que impli­ca el cese de las operaciones de las aerolíneas y otras. Pero pre­valeció el ánimo de concretar la iniciativa, que fue ampliamente consensuada entre las autori­dades de gobierno y las goberna­ciones regionales, el ministerio de Salud, el de Relaciones Exteriores y el Colegio Médico, así como los mi­nisterios homólogos cubanos y las respectivas embajadas. En el tramo final, el ministerio de Defensa y la Policía Nacional del Perú desempe­ñaron un decisivo rol para asegurar el traslado.

—¿Aparte de Perú a que otros países de la región están llegan­do para brindar el apoyo solida­rio?

— Para enfrentar la Covid-19 han viajado alrededor de 2,500 co­laboradores en 32 brigadas cuba­nas del contingente Henry Reeve a 25 países. En algunos casos se han sumado a otros profesionales que ya estaban trabajando en virtud de acuerdos bilaterales previos.

En la región, están en Antigua y Barbudas, Barbados, Belice, Do­minica, Granada, Honduras, Haití, Jamaica, México, Nicaragua, Suri­name, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Trinidad y Tobago y Venezuela.

En África están en Angola, Togo, Cabo Verde y Sudáfrica. En Europa, están en Italia y Andorra. Tam­bién están en el Medio Oriente, en Kuwait y Qatar.

Es por este aporte que se ha le­vantado una campaña internacio­nal a favor de la concesión del Pre­mio Nobel al contingente para la cooperación Henry Reeve, al que ya la OMS le otorgó el premio Dr. Lee Jong Wook.

— Este aporte cubano for­ma parte de la larga historia de solidaridad hacia nuestro país ¿qué significado tiene 50 años después del apoyo a Perú tras el terremoto de 1970?

— Extraordinario simbolismo. Un día como ayer, 06 de junio, hace 50 años Fidel se tendió en una camilla de un banco de sangre del barrio Vedado e hizo una donación, con la que convocó a los 8 millones 500 mil cubanos de entonces a dar su aporte voluntario. 150 mil bolsas de sangre y plasma se recogieron y, posteriormente, 37 constructores levantaron 6 hospitales, tres de ellos en la región. Hace unos meses pude visitar 2 que todavía funcionan y ahora van a alojar probablemente a una nueva hornada de médicos cu­banos. La mayor parte de ellos, no había nacido hace 50 años.

Es decir, la historia tiene esos ciclos, esas sorpresas. Para comple­tar, por estos mismos días en que conmemoramos medio siglo de la epopeya de solidaridad que siguió al terremoto, un grupo de la Aso­ciación Peruana de Graduados en Cuba hizo una donación de cajas de equipos de protección personal (EPP) a los colaboradores que han venido a sumarse a la lucha contra la Covid 19. Fueron una representación de los alre­dedor de 2,000 galenos graduados en Cuba por las becas otorgadas en dife­rentes momentos por el gobierno revo­lucionario.

—¿Qué le responden a las voces que hablan -otra vez- de una injeren­cia política cada vez que Cuba envía a sus médicos?

— Apenas le prestamos atención. Significa que cabalgamos, para recor­dar al Quijote. Pero no dejamos de re­flexionar.

La derecha recalcitrante y nuestros detractores tienen un dilema irracional e insoluble. ¡Que se pongan de acuerdo! O los acusan de ser “esclavos” o de ser “espías”, pero ambas condiciones, com­prenderás, son incompatibles. No exis­te la magia que pueda convertir a un esclavo en espía o agente político.

Es parte de la narrativa del eje Washington-Miami, que después en­cuentra en el Nuevo Herald y el grupo El Comercio una siempre servicial caja de resonancia. Parecía superada en la última etapa de la administración Oba­ma, quien llegó a suprimir el llamado Programa Parole para Profesionales Médicos Cubanos (que instaba a los médicos a desertar de sus misiones) y previamente había dicho (22 de marzo de 2016):

“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los po­bres y los que sufren. El año pasado, tra­bajadores de la salud estadounidenses –y militares de EEUU– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vi­das y acabar con el Ébola en África Occi­dental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países”.

Pero cambió la administración y dentro de la nueva se entronizó la ma­fia mayamera, con Marco Rubio a la cabeza y su furibundo odio anticubano. El inefable John Bolton, asesor para la seguridad nacional, resumió en un ca­pricho la nueva doctrina: acabar con el mito de la medicina cubana y su coope­ración.

Aquí cabe la especulación. Tendrían nuestros detractores la misma desfa­chatez y mezquindad de actuar contra la hipotética administración de Hillary Clinton, de haber mantenido la actitud de Obama? Se opondrían a la “línea de Washington” si una administración diferente se decidiera por una actitud ci­vilizada de cooperación como insinuaba Obama?.

Pompeo – de quien todavía espera­mos una condena contra el ataque te­rrorista contra la embajada de Cuba en Washington, que su gobierno debería proteger— no pierde ocasión para de­nostar la colaboración cubana un día sí y otro también. Con él, el subsecretario Kozak y su encargada de negocios en La Habana, articulan un belicoso equipo de choque.

Después, un par de gobiernos obse­cuentes de la región y parte de la prensa derechista hacen el resto. Cuando, en medio de la epidemia, las muertes en EEUU alcanzaban los 6 dígitos, el gobier­no de Trump decidió dedicar 3 millones de dólares de los que aportan los contri­buyentes norteamericanos a perseguir y denunciar supuestas violaciones de los derechos de nuestros colaboradores. No los dedicó a comprar los tan nece­sarios ventiladores mecánicos ni al de­sarrollo de la vacuna contra la covid, sino a “acabar con el mito de la medi­cina cubana”. Nadie más en el Mundo, aparte de esos 4 gatos, está preocupado por los supuestos inconvenientes de la colaboración médica cubana.

Eso es lo que te diría, Francisco, para evitar hablar del irrespeto y la afrenta que significa para 164 países que sean considerados como “esclavistas” o ton­tos manipulables por haber recibido la colaboración de más de 400,000 profe­sionales de la salud de Cuba en 56 años, ni más concretamente de las 66 naciones en que hoy se desempeñan 29,000.

Y por si acaso, ratificamos que no queremos el copyright de los esquemas de colaboración. Si alguna gran potencia quiere emularnos, bienvenida sea. Ojalá tuviéramos a los médicos norteameri­canos o de otros países desplegados en todo el mundo resolviendo los abruma­dores problemas de salud y superando las carencias que la Covid 19 ha puesto de manifiesto.

No andamos por el Mundo torciendo brazos, ni utilizamos la solidaridad – porque no sería tal— ni la colaboración como moneda de cambio. La evidencia la puedes encontrar en que hemos man­tenido los acuerdos de colaboración en países que cambiaron de gobierno y sig­no político, incluso como resultado de golpes de estado. Allí donde las nuevas autoridades respetaron los acuerdos y manifestaron su interés por la actividad, nuestros colaboradores prosiguieron en­tregando sus esfuerzos con toda legitimi­dad y dignidad para beneficio de la salud de los pueblos que los acogieron.

A Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

A
Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

—¿Cómo está Cuba afrontando este tema de la pandemia?

Creo que no es pretencioso decir que estábamos preparados para la pandemia desde hace muchos años. Es decir, no tu­vimos que prepararnos para “este” fenó­meno en particular porque hemos desa­rrollado un sólido sistema de salud con capacidades suficientes para enfrentar cualquier contingencia y además con­tribuir a la lucha mundial contra otros flagelos.

La clave para el éxito de esa lucha han sido las políticas públicas, a partir de una firme voluntad del estado y la consideración de la salud como derecho humano inalienable, no una mercancía.

No se gradúan 95 mil médicos en una década. No se consigue una densi­dad de médicos de 9 por cada 1,000 habi­tantes (la mayor del mundo) de la noche a la mañana, ni se consiguen 5,2 camas hospitalarias por cada 1,000 personas en cuestión de semanas.

La epidemia la hemos enfrentado con un doble anillo de contención. El primero, con medidas sociales de prevención, apoyadas en ese potencial de recursos humanos calificados. Esto ha permitido que, sin llegar a la inmovilización general obligatoria, se hayan podido detectar los focos de contagio (unos 45 eventos), aislarlos y desactivarlos. La decisión ha sido aislar no solo a los contagiados activos, sino también a los asintomáticos y los sospechosos, en instituciones del Estado.

En el segundo anillo están las acciones clínicas y los protocolos de enfrentamiento a la epidemia una vez que se detecta un sospechoso. Para él se utilizan tratamientos preventivos. Luego, para los que desarrollan síntomas, se utiliza una variedad de acciones que incluyen el suministro de alrededor de 20 fármacos, la mayoría fabricados en Cuba. Se cuentan entre ellos el interferón alfa 2B ®, el itolizumab y un péptido novedoso creado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana que lleva su nombre, el CIGB-258.

— ¿Vendrá otro grupo de profesionales o solo estos 85 que han llegado a Perú?

— Todo dependerá de cómo evolucione la pandemia en el Perú y en otras partes del mundo, que también han reclamado la colaboración cubana. Por nuestra parte, estaremos atentos a los requerimientos peruanos y haremos las evaluaciones pertinentes en cada momento. Voluntad de ayudar no nos faltará.

 

Y APLICAN FÁRMACOS CON ÉXITO

Científicos cubanos tras vacuna contra Covid-19

—¿Qué aportes científi­cos están brindando en esta lucha de encontrar una va­cuna?

— El interferón cubano se utilizó con gran éxito en Chi­na; mientras que el CIGB-258 ha sido efectivo en el 78% de los casos críticos y el 92,3% de los graves tratados en Cuba, mientras que a nivel mundial la sobrevivencia de los casos críticos que se logra es 30% sin el uso del mismo.

Aquí entra a jugar la otra conquista de la Revolución: su emblemática biotecnología y su industria farmacéutica, el desarrollo del potencial cientí­fico de la Isla.

La aplicación de estas con­ductas nos permitió superar a fines de abril el pico de la epidemia. Para que tengas una idea, La Habana ha sido el epi­centro y allí, en esos días de mayor cantidad de casos acti­vos, sólo se ocupó el 30% de las camas hospitalarias y el 8% de las camas de cuidados intensi­vos.

Hoy tenemos 248 casos activos y 3 críticos o graves, una situación favorable que nos permite considerar que la epidemia está bajo con­trol. Hemos acumulado 190 contagiados por cada millón de habitantes y lamentado la muerte de 7 personas por cada millón. Cuba ocupa el lugar 93 por el número de contagiados absolutos en el universo de más de 200 paí­ses.

El CIGB es uno de más de 100 centros de investigación que desarrolla un candidato vacunal contra la Covid-19. Pero las investigaciones avan­zan en ambos sentidos: en la búsqueda de la vacuna y en el desarrollo de tratamientos para la curación.

 

 

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