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Editorial

Trump en su laberinto

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“Me encantaría tener el país abierto y en funcio­namiento para Pascua, (el 12 de abril)”, ha di­cho Trump en una entrevista con la cadena Fox News. Las polémicas declaraciones del mandata­rio estadounidense tienen, en realidad, varias aristas. Por un lado, son un tácito reconocimiento a que el capital sin trabajadores es lo mismo que nada; de otro, dejan traslu­cir un desprecio por la vida de millones de seres huma­nos, no solo de su país sino de todo el planeta, pues la velocidad del contagio de esta pandemia ya es conocida en todo el mundo.

Para el magnate republicano, el valor del dinero debe estar por sobre el valor de la vida humana, pues ha dicho también que en sui opinión “va a morir mucha más gen­te si permitimos que esto continúe”; o sea, que admite que seguirá muriendo gente si no se cumple con el aisla­miento social, pero –según él– sería preferible eso a que se derrumbe la economía estadounidense. En todo caso, cabría preguntarse si las personas deben estar al servicio de la economía o es ésta la que debe estar al servicio de la sociedad.

De otro lado, el jefe de la Casa Blanca ha remarcado que todos los años “se pier­de miles de personas por la gripe, y el país no se cierra por eso”. Según Trump la gente puede volver al tra­bajo y aun así tomar “medi­das sensatas”, como la “dis­tancia social” y “lavarse las manos”. Sin embargo, hay dos casos en el mundo que nos muestran la diferencia entre las medidas radicales y las que no lo son. China e Italia son ambos lados de la misma moneda. El gigante asiático adoptó medidas rigurosas, mientras que el país europeo hizo todo lo contrario. Los resultados son harto conocidos.

En Estados Unidos, más de 44,000 personas han con­traído el coronavirus y por lo menos 544 han fallecido, según el recuento oficial. Mientras tanto, la curva de con­tagios se acelera drásticamente cada día en el país, po­niendo en grave riesgo de colapso los servicios de salud. Pero todo parece indicar que eso y el resultado final poco importan para Trump, pues su principal dolor de cabeza es que China ha comenzado a levantarse y poco a poco seguirá restableciendo su actividad productiva. Pero ello ocurrió después del sacrificio de la población, de las em­presas y con el apoyo decidido del Estado. Es decir que la receta fue costosa, pero efectiva. Trump no parece decidi­do a asumir ese costo, y ojalá pueda salir de su laberinto.

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Editorial

Problema y posibilidad

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Editorial Diario UNO

En 1931 el joven intelectual tacneño Jorge Basadre, quien después se convertiría en el historiador de la República, en su libro «Perú: problema y posibilidad», sentenció: «Quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia el Perú; pero también felizmente, posibilidad».

Para Basadre el Perú es problema cuando se cae en la amargura y el pesimismo, cuando el pasado se concibe como una jaula que no permite actuar, pero que también es una posibilidad en su porvenir. El mayor problema del Perú, que radica en su pasado y contamina aún su realidad, es la falta de reconocimiento de la pluralidad, situación a partir de la cual, el maestro explicaba la falta de conciencia que a lo largo de la historia ha gobernado el país, y que no ha logrado reconocer las diferentes capas y estratos étnicos, sociales, y de formas de vida que se gestaron. Y la posibilidad es una apuesta por el socialismo, pero un socialismo democrático que pudiese reconocer y asimilar ese país multiétnico y desintegrado que él vivió

En las últimas cuatro décadas del silo XX científicos sociales como José Matos Mar y Julio Cotler comprobaron la hipótesis de Basadre, al revelar en sus estudios, en qué grado y bajo qué formas, el país seguía careciendo de integración, al punto que cuestionaban que el Perú pudiese ser considerado como una Nación. Si ambos hubiesen vivido las últimas semanas de la última elección presidencial seguramente que se hubiesen ratificado en sus análisis.

Pero, no es solo pesimista la visión de Matos Mar y Cotler, pues también reconocen los bullentes procesos de cambio social iniciados con la migración provinciana que reconfiguran la economía, transforman la sociedad y generan una nueva cultura urbana, indesligable de la cultura andina, aunque sin logar una plena democratización social y política. Sin embargo, esta mixtura es el germen de la nueva peruanidad, expresada hoy en la llegada a la presidencia de un profesor rural.

Por eso, hoy 28 de julio, siguiendo el optimismo de Basadre, toca optar por la esperanza; porque como él mismo sentenció «la esperanza es un valor inalienable de la vida, y que esta no existe sin la otra».

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El arte de sumar

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Editorial Diario UNO

A diferencia de las matemáticas, en las que es indispensable saber las cuatro operaciones, en política solo hay que saber sumar y multiplicar, nunca restar ni dividir. Si hubiese tenido en cuenta esta sencilla verdad, Perú Libre no hubiese incurrido en la impericia de realizar una mala inscripción de su lista a la mesa directiva del Congreso de la República, y menos hubiera tenido que lamentar la pérdida del manejo de ésta.

Un corolario de ese axioma político es que cuando no tienes la mayoría debes buscar aliados. Pero los aliados no se consiguen imponiéndoles la posición propia, sino consensuando con ellos puntos de acuerdo que comprometen a ambas partes. Así ocurrió entre Perú Libre y Acción Popular, hasta 13 de los 16 congresistas populistas de provincias expresaron su deseo de hacer una mayoría. El problema vino cuando Perú Libre no quiso ceder la presidencia. Sería muy constructivo que, ahora, los congresistas de Perú Libre y su cúpula partidaria se dieran cuenta que negociaron llevando una chaveta en la mano.

Otro principio de la suma en política es que lo que tu ganas, se lo restas al rival. La conversación de Perú Libre con AP, descolocó a la derecha. Hasta APP se acercó para no quedarse fuera de la foto, pero cuando la tozudez de los Cerrón espantó a los populistas, estos se llevaron a APP y Podemos y dejaron huachos a los oficialistas. El problema es que pareciera ser que la lección no ha sido asimilada en las huestes perulibristas, como demuestra el tweet de Vladimir Cerrón contra Pedro Francke que circulaba ayer.

A diferencia de Perú Libre, el fujimorismo sigue pensando en cómo sumar. Ya Keiko Fujimori ha anunciado que armará una tiendita de campaña en la puerta de la embajada de España, para tratar de hablar con Felipe II y pedirle… auditoria. Pero, además, los resultados de la votación para la mesa directiva han movido a las dos fuerzas de derecha, el fujimorismo y el lopezaliaguismo, a soñar con sumar unos votos más para alcanzar el mínimo constitucional y promover una vacancia de presidente y vicepresidenta y encumbrar en Palacio de Gobierno a María del Carmen Alva, tal como ocurrió con Manuel Merino de Lama.

Si Perú Libre sigue restando y dividiendo y no aprende el arte de la adición, podría convertirse en el mejor aliado de esa intentona desestabilizadora.

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Editorial

Reorganizar la Cancillería

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Editorial Diario UNO

En general, el país requiere una reforma profunda del Estado. Hay que ser ciegos para no darse cuenta que determinados estamentos se encuentran tan deteriorados por su manejo de las últimas cuatro décadas, que solo cabe su reorganización integral. Uno de ellos es el ministerio de Relaciones Exteriores, a quien el embajador Alan Wagner, actual canciller, salvó del último escándalo, pero no tuvo tiempo para realizar la reingeniería necesaria.

Sobre las razones de esa reingeniería, cedamos la palabra a un especialista, el embajador Guillermo Russo Checa, que diagnóstica la situación en estos términos. «[Con la renuncia de la ministra Astete] Siete ministros del sector en los últimos 14 meses. Algo totalmente insólito. Con excepción del cese ilegal de los mejores cuadros de Torre Tagle en 1992, jamás habíamos afrontado un trance semejante. Esa razzia, paradójicamente, retiró a los embajadores Allan Wagner y Manuel Rodríguez Cuadros, el artífice del Acuerdo de La Haya. La Cancillería quedó tambaleante tras semejante ultraje, pues numerosos funcionarios del oprobio de 1992 ocupan hoy puestos de mando, tanto en Lima como en primordiales representaciones en el exterior. Lo que sucede en la Cancillería es un asunto ético, de transparencia y eficiencia. No nos imaginamos a Raúl Porras, Carlos García Bedoya, José de la Puente o Javier Pérez de Cuéllar, algunas de las figuras señeras de nuestra historia diplomática, tolerando la chapuza deshonesta del Torre Tagle de hoy».

Y no es el único diplomático en pensar en forma similar. Como él, muchos de sus colegas opinan que la reactivación económica y la lucha contra la pandemia requieren de una gran movilización diplomática para promover la inversión productiva, la cooperación y asistencia técnica en salud, las alianzas y facilidades comerciales para nuestros productos y el relanzamiento del turismo receptivo. Por ello, no basta que el nuevo canciller sea un hombre capaz o experimentado porque no va a poder modificar el rumbo de las relaciones exteriores él solo, al frente de una nave dañada.

Tiene que ser la propia sangre nueva de la diplomacia, que la hay, la que lo acompañe protagonizando los cambios necesarios para reorientar la labor de la diplomacia peruana y alinearla con las grandes necesidades que padece el país, respecto a las cuales hasta ahora ha estado de espaldas.

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