Transición democrática concertada o un desmadre como salida

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María del Carmen Alva

Rudecindo Vega

 

Lo más sano y esquivo para el Perú es una transición gubernamental democrática y concertada como salida a la actual crisis política; sano porque evitaría más daño al país alargando y agravando la crisis por priorizar los intereses particulares en desmedro de los nacionales y; esquivo porque nuestros gobernantes, ejecutivo y congreso, no piensan ni desean recortar su mandato y adelantar las elecciones. Harto lo hemos señalado, el empate actualmente existente en términos gubernamentales es un empate inútil entre inútiles, porque ni el Congreso tiene los votos para vacar o inhabilitar al Presidente ni este tiene los mecanismos para disolver al Congreso y ambos han demostrado no estar preparados para gobernar el país. Su confrontación sin fin y mutuo desconocimiento nos han sumido en un patético desgobierno nacional.

Ese empate inútil (nadie gobierna) entre inútiles (ejecutivo y congreso) puede llevarnos al desagradable pero probable escenario de padecerlos hasta julio del 2026. El deterioro y desastre democrático, económico, social y cultural sería permanente y garantizado, se convertiría en una costumbre del ejercicio político gubernamental, aceptado con desinterés, apatía y desgano por los ciudadanos a pesar de la infinita capacidad de meter la pata y las uñas de nuestros gobernantes. El desmadre de los primeros 11 meses de este periodo gubernamental multiplicado por 4 como desgracia nacional de los 49 meses restantes. Este escenario es probable y legal, única y exclusivamente, porque, a pesar de la opinión ciudadana, ninguno quiere irse antes y la solución de irse recortando su mandato está en ellos, solo entre ellos.

A falta de un despertar ciudadano que haga sentir la falta de legitimidad de nuestras autoridades, la salida a la crisis prácticamente pasa por un ruego o suplica de que se vayan todos, el cual, como es de suponerse no será escuchado ni entre ellos ni por todos ellos. El Presidente no va renunciar, así le atiborren de denuncias, porque se lo pide la oposición, los medios o la ciudadanía desencantada y; los congresistas no van a provocar una disolución congresal ni recortar su mandato así les demuestren su angurria, mercantilismo, transfuguismo y corrupción. Para ellos, más que su salario, defender su cargo les significa mantener “sus negociados” y su medio para evadir la justicia que seguro les caería. No se irán por voluntad propia, no se irán así se les ruegue y suplique, la renuncia no existe para ellos.

Pero nuestro ruido político es tan grande y nuestro Perú tan impredecible, que no sorprendería, inventarnos en breve, una salida repentina, abrupta o concertada, a la crisis; abrupta porque la reiterada recomposición y descomposición congresal en bancadas y compra de congresistas tránsfugas permita que, en cualquier momento, se den los votos para la vacancia o inhabilitación del Presidente, previa inhabilitación, que parece un hecho consumado, de la vicepresidenta Dina Boluarte. Este escenario es también probable, la investigación fiscal al Presidente es una espada brutal, semana a semana lo golpeará hasta instalar en la ciudadanía la necesidad que se vaya. Hoy es un lugar común que los ciudadanos prefieran su salida y mejor si es con los congresistas. A pesar de la voluntad congresal, la caída del presidente es la caída del congreso también; un pensamiento predominante, hegemónico, se reduce a que se vayan todos, se va el gobierno pero también la oposición, se elige nuevo presidente y se elige nuevo congreso también.

Lo malo de una salida abrupta, a trompicones, es que no soluciona nada o muy poco, solo es un cambio de autoridades en un año mediante un gobierno de transición que debería convocar a elecciones para presidente y congreso, con prácticamente los mismos actores políticos y candidatos y las mismas reglas electorales. No habría tregua ni tranquilidad; la terrible, confrontacional, penosa y vergonzante campaña electoral pasada que se trasladó a este periodo de gobierno, sin duda, reviviría en las nuevas elecciones provocadas por esta salida abrupta de manera más virulenta, polarizada y dolorosa. Basta ver la actitud de nuestras actuales autoridades para suponer lo que sería una nueva puja electoral entre las mismas con magullones y sangre en el ojo entre ellas. Para los que amamos nuestro Perú, aun aceptando como válida una salida de este tipo, no es la solución (temporal, momentánea o para salir del paso) que queremos.

Proponemos una salida democrática concertada, puede ser iniciativa presidencial, congresal o ciudadana; no hay renuncia ni vacancia o inhabilitación presidencial ni disolución congresal; pero como en el 2000, el antecedente directo y cercano, hay reforma constitucional de recorte de mandato del presidente y del congreso, hay ajustes claves en las nuevas reglas de juego políticas electorales y hay adelanto de elecciones. Requerimos algo escaso, madurez y voluntad política de nuestros gobernantes, ejecutivo y congreso, pero también requerimos de una sociedad civil comprometida y activa con el presente y futuro del Perú.

Si la iniciativa es presidencial, tira la pelota a la cancha del Congreso, recupera algo de tranquilidad y con un nuevo gabinete concertador puede convertirse en un Presidente que lidera su propia transición, ganaría mucho el gobierno pero asumo que es una propuesta demasiado elaborada para que lo entiendan y asuman. Si la iniciativa viene de una concertación congresal, algo inusitado pero factible, previa vacancia e inhabilitación del presidente y su vicepresidenta, la transición requeriría una Mesa Directiva concertada para dirigir la Presidencia de la República y la propia Presidencia del Congreso, tenemos experiencia con Paniagua el 2000 y Sagasti el 2020 y nos fue bien. Si la iniciativa es presidencial el peso de la transferencia lo cargará el congreso y tendrá al presidente como figura protagónica, si es congresal el presidente Castillo verá la transición desde afuera y con investigación fiscal en curso quizás desde la cárcel.

Una salida concertada solo entre los actores políticos será a medias y mediatizada, requiere propuestas que permitan romper ese círculo vicioso en el que tanto se envician; la sociedad civil: gremios empresariales, laborales y sociales, colegios profesionales, instituciones religiosas deben proponer y exigir una transición concertada que concrete el recorte de mandato, las nuevas reglas electorales y el adelanto de elecciones con un gobierno de transición que cambie el desastre de gestión gubernamental actual, tranquilice la confrontación electoral de las nuevas elecciones y propicie una transferencia gubernamental que permita organizar un mejor gobierno a los ganadores. Una transición democrática concertada es necesaria y urgente, es posible y deseable, es lo que necesitamos los peruanos y el Perú.

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