Reciclaje del fascismo criollo

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José Antonio Encinas

José Luis Ayala

 

Especialmente los jóvenes no saben que la emergencia del fascismo criollo, cholo y achorado, no es nuevo en el Perú. Se trata de un sorpresivo regreso a la escena política, en vista de la ausencia mortal de partidos políticos de derecha y de izquierda. Sin embargo, nunca hay vacíos en política porque inmediatamente es copado, por una organización que no necesita diseñar una ideología, menos tener un aparato capaz de movilizar a multitudes.

El Fascimo cholo y criollo fue fundado por el comandante Luis M. Sánchez Cerro como doctrina política del Estado Peruano. Luego le dio mayor vigencia el general Oscar R. Benavides. Durante las dictaduras de ambos mandatarios de facto, el fascismo fue adoptado como una ideología capaz de derrotar al aprismo y al comunismo. El fascismo ha perdurado debido a que nunca en el Perú, se han hecho transformaciones radicales para cambiar la realidad nacional.

Fue José Antonio Encinas, quien se enfrentó al fascismo que ejercieron los gobiernos de Sánchez Cerro y Benavides.

Cuando en las elecciones políticas de 1931 fue elegido como presidente Sánchez Cerro, José Antonio Encinas escribió: «Un obligado acto de cortesía motivó la visita que le hice al presidente de la República. La entrevista fue corta pero suficiente para saber lo que Sánchez Cerro pensaba de la reforma. Ya estaba preparado contra ella pues habló de todo lo que los enemigos de la Universidad le habían informado». 1

Sánchez Cerro sufrió un atentado cuando asistió a una misa en un templo de Miraflores. Encinas visitó al dictador convalesciente y le hizo conocer la preocupación de docentes y alumnos. El dictador recibió de mala gana la visita de Encinas, así como el saludo de la comunidad sanmarquina.

Y antes que muriera Sánchez Cerro, el general Óscar R. Benavides se hizo cargo del gobierno. Entonces, la preocupación de Encinas era legítima, nada cambiaría el pensamiento fascita de una persona carente de un evidente criterio de libertad de pensamiento y sobre todo, de cátedra en la Universidad de San Marcos.

«Benavides estuvo cortés en esta oportunidad, me invitó asiento y, me dijo haberme llamado porque los universitarios continuaban en franca y violenta hostilidad hacia su gobierno.

– Usted sabe que soy miltar y me agrada la disciplina. Usted que está a coté de los estudiantes es el llamado a ponerlos en orden, porque de lo contrario mi autoridad pesará sobre ellos con mano férrea.

Le contesté: no sé a qué título exige usted que lo ayude a mantener aquel orden. Para usted, no soy rector de la Universidad, porque si lo fuera la universidad estaría abierta bajo mi dirección y entonces respondería de la disciplina académica en el claustro, pero de la otra; esto es, cuando el estudiante ejerce su legítimo derecho de ciudadano al protestar por la clausura de la universidad y por tantas ilegalidades que comete el gobierno. Usted es militar y puede imponer disciplina en el cuartel, valiéndose de la fuerza; pero no olvide que soy maestro y que, por eso, me está vedada la violencia. No tengo más armas que la espiritual y ella ha sido suficiente para conseguir el orden en el claustro mediante la colaboración, la tolerancia y la comprensión mutua de maestros y de estudiantes. Ya le manifesté en otra oportunidad que nada había de cierto acerca de la indisciplina; es la legítima protesta ciudadana que exige el máximo respeto a su libertad. Y en eso, como Rector y como ciudadano, no estoy a coté de los estudiantes, sino avant». 2

Ahora que el fascismo sin duda ha regresado reciclado y ha ganado terreno, hace bien leer a José Antonio Encinas, el más grande maestro peruano que cuando se retró de la función pública no alcanzó a tener una pensión del Estado. ¿Cuánto recibe un excongresista? ¿Cuánto gana un expresidente del Perú?

1.- José A. Encinas. Reforma universitaria en el Perú. Universidad Nacional del Altiplano. Pág. 210. Impreso en los talleres de ALTIPLANO. 2015. Puno.

2- José A. Encinas. Reforma universitaria en el Perú. Universidad Nacional del Altiplano. Pág. 225. Impreso en los talleres de ALTIPLANO. 2015. Puno.

 

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