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La Revista

¿Por qué el adulto mayor va a los casinos?

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CARLOS SANDOVAL CÁCERES

No soy muy asiduo a las casas de juego ni a los casinos, pero recuerdo que en mi viaje de vacaciones a los Estados Unidos visité la ciudad de Las Vegas. Vi a todo tipo de gente, la mayoría turistas que iban a jugar como parte de un circuito tal como lo hice yo (recuerdo que yo no perdí más de 20 dólares), y de todas las edades, desde jóvenes, adultos a adultos mayores.

A mi regreso a Lima, ya por curiosidad acudí a un casino local (mucho más pequeño de los lo que habían en Las Vegas), y lo que más me llamó la atención era la cantidad de adultos mayores que se encontraban en ese lugar. Luego de perder mis veinte soles (con el dolor de mi alma), me puse a conversar con el personal y los vigilantes del casino y me manifestaron que siempre acudían adultos mayores y que ellos eran la mayoría de usuarios, motivo por el cual, quise verificar la información y acudí a visitar otros casinos y también noté que estaban llenos de adultos mayores de ambos sexos.

En esta ocasión me acerqué y conversé directamente con los adultos mayores que acudían a estas casas de juego y la mayoría me respondió que lo hacían porque se aburrían en su casa, otros lo hacían para divertirse, para pasar el rato, para verse con sus amigos o conocer amigos y otros me manifestaron que lo hacían para ganar algún dinero.

El estado de soledad muchas veces se desencadena en cuadros depresivos que son muy frecuentes en el adulto mayor y encima sus características clínicas son diferentes a las de una persona joven, pues hay que tener mucha experiencia para determinar el diagnóstico de depresión en un adulto mayor.

Considero que una casa de juegos podría ser un lugar interesante para un adulto mayor para poder pasar el día, entretenerse y conocer amigos. Hay casas de juegos que les ofrecen a sus clientes bebidas gaseosas, bebidas alcohólicas y comida ya sean bocadillos o bufés para motivar a los parroquianos para que acudan regularmente. Incluso hay casas de juegos que ofrecen música en vivo con bandas sonoras populares y con la presencia de actores y personajes de la farándula de moda.

Hasta ahí todo bien, pues los adultos mayores han encontrado un lugar donde pasar sus días o sus noches entretenidos divirtiéndose sanamente, pero el asunto no queda ahí. Muchos personas y también se incluye a los adultos mayores, cursan con una patología que se conoce como “ludopatía”, que es la compulsión por jugar y jugar que llega a convertirse en vicio.

Antiguamente, la ludopatía se asociaba con personas adineradas, que tenían recursos económicos para gastar. Actualmente esto ha cambiado y la adicción al juego ha ido ganando terreno. Está presente en todos los niveles socioeconómicos y se da más en hombres que en mujeres. La incidencia ha aumentado en la población, sobre todo en aquellos que viven cerca de los casinos, porque hay más acceso y más promoción.

TIPOS DE JUGADOR

El psiquiatra, a través de un exhaustivo diagnóstico diferencial, determina el tipo de jugador, el que puede clasificarse en:

• Normal: juega por entretenimiento o en el marco de una relación social. Tiene control sobre el juego y lo abandona cuando quiere.

• Problema: juega con bastante frecuencia, tiene menos dominio sobre el juego, por lo que este le crea problemas ocasionales. Tiene riesgo de convertirse en jugador patológico.

• Patológico: no tiene control sobre el juego, lo que le acarrea consecuencias sociales y personales.

Por lo tanto la ludopatía es un vicio muy similar al alcoholismo o la drogadicción, en donde la persona llega a enfermar convirtiéndose en un adicto; así como el adicto al alcohol y a las drogas, es capaz de hacer cualquier cosa por “consumir su vicio”, como el vender las cosas de su casa o gastar el sueldo, descuidando la alimentación y educación de los hijos, hay situaciones en donde la persona deja su hogar o incluso es expulsado por el cónyuge en situaciones extremas por la desesperación. Por lo tanto un adicto al juego puede llegar a esos extremos, endeudándose y convertirse en verdaderos enfermos.

Una vez que se declara a una persona como alcohólico o drogadicto como tal, pasan a ser enfermos de un mal incurable, que es uno de los más difíciles de tratar. Sabemos que el tratamiento para este mal es toda una especialidad tanto de la psicología como de la psiquiatría, de los rehabilitadores y de las asistentas sociales. Incluso existen comunidades terapéuticas en donde llevan a estos enfermos a un tratamiento lejos de su casa. En este mal no solo se enferma la persona adicta sino toda la familia. Lo mismo sucede con la ludopatía, es una enfermedad muy difícil de tratar y no solo compromete a la persona sino a toda la familia.

Una de las principales causas por las que se acuden a las casas de juego es por la soledad, un inadecuado uso de su tiempo libre y que conlleva a la depresión. No dejemos solos a nuestros adultos mayores, hay que visitarlos regularmente, llamarlos por teléfono e incluso aprovechar los medios modernos como las redes sociales, que hoy en día lo aplican bien los adultos mayores.

Si la persona tiene depresión ésta debe de ser tratada por un especialista experto en depresión, que trabaje en equipo interdisciplinario; la depresión es una enfermedad tan seria como lo es la hipertensión arterial o la diabetes mellitus, que requiere de tratamiento con farmacológico y no farmacológico , en esta enfermedad las palabras bonitas de apoyo y de aliento son muy importantes pero insuficientes, requiere de tratamiento casi siempre con medicamentos para suplir una alteración bioquímica, caracterizada por la disminución de una sustancia llamada serotonina que es un neurotransmisor (una sustancia química que comunica a las neuronas entre sí).

Por lo tanto, no es malo acudir a una casa de juego, pero si es malo llegar al vicio. Todo extremo es malo y si vemos que un adulto mayor familiar o cercano a nosotros está yendo muy seguido a las casas de juego, tenemos que alertar a sus familiares. Es como avisar que una persona tiene la presión elevada o la glucosa alta para que la familia tome las medidas convenientes y oportunas y evitar que la persona llegue a extremos peligroso.

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La Revista

Los cósmicos avatares de la Serie B

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VÍCTOR HURTADO OVIEDO

Plutón es un planeta de la serie B. Como bien se sabe –aunque no tanto–, en la serie B yacen películas de bajo presupuesto, de bajas pretensiones, de bajas recaudaciones y de bajas recordaciones. Una superproducción se hace por todo lo alto, más las cintas de la serie B se hacían por lo bajo.

En los westerns de la serie B, el jefe cheroqui solía ser un irlandés maquillado de emergencia, y los granjeros muertos por los malos en el primer rollo, se parecían demasiado a los matones que repartían sillas voladoras en la bronca del saloon del grand finale.

En las cintas de vampiros de la serie B, los actores sí mordían ya que les pagaban sueldos de hambre. En las cintas futuristas de la serie B, confirmábamos que todo tiempo pasado fue mejor. En las cintas de zombis de la serie B, era divertido señalar al director.

En las cintas policiales de la serie B, el delito no estaba en el argumento, sino en la película. En las cintas románticas de la serie B, el único amor realmente traicionado era el amor al cine.

En las cintas musicales de la serie B, los bailarines tropezaban hasta con los diálogos. En las cintas de romanos de la serie B, los leones se limitaban inexplicablemente a comerse a los cristianos.

En las cintas de piratas de la serie B, el género rendía homenaje a los guionistas. En las cintas cómicas de la serie B, se reían de nosotros. En las cintas de la serie B, los cartones del decorado hacían un papelón.

En las cintas de la serie B, los actores parecían haberse aprendido solamente los parlamentos de los otros. En las cintas de la serie B, la dirección de los actores consistía en sus domicilios.

El luminotécnico de la serie B era un hombre de pocas luces. Para cualquier irresponsable, dirigir su primera película de la serie B era una forma de pedir una segunda oportunidad.

Empero, la serie B no se limita al cine: hay toda una serie de series B. Hay chocolates de la serie A (negros) y de la serie B (con leche), y habemos gente de la serie B, y se nos reconoce pues decimos “habemos” en vez de “hay”.

Entre los planetas existe una serie B: Plutón, Ceres, Eris, Makemake y Haumea. Hoy se los llama “planetas enanos” pues, aunque son redondos, son muy pequeños. Ninguno está entre los top ten, los que curiosamente son ocho.

La órbita de Plutón es más excéntrica que Salvador Dalí. Al fin, Plutón es otro de los millones de asteroides que orbitan alrededor del Sol, muy lejos, en el cinturón de Kuiper. Incluso, Ceres es más grande que Plutón, y la Luna es más grande que los dos.

En el año 2006, un congreso de astrónomos definió a Plutón como “planeta enano” (o sea, de la serie B). Plutón fue planeta de la serie A durante 76 años, pero él no cambió: cambió el afán de clasificar que impulsa a la ciencia.

La ciencia es la única mano que nos guía por entre la gigantesca selva del Sol –y por entre las selvas que imaginemos–. La ciencia es el cosmos en el caos.

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Colombia: Una oportunidad perdida

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Atilio Boron
ALAI -AMLATINA

El resultado del plebiscito colombiano reveló la profundidad de la polarización que, desde el fondo de su historia, caracteriza a la sociedad colombiana.

También, la grave crisis de su arcaico sistema político incapaz de suscitar la participación ciudadana que ante un plebiscito fundacional -¡nada menos que para poner fin a una guerra de más de medio siglo!- que apenas si logró que una de cada tres personas habilitadas para votar acudiera a las urnas, una tasa de participación inferior a la ya de por sí habitualmente baja que caracteriza a la política colombiana.

La del domingo fue la mayor abstención en los últimos veintidós años y su resultado fue tan ajustado que hizo que la victoria del NO, como hubiera ocurrido ante un eventual triunfo del SI, sea más un dato estadístico que un rotundo hecho político.

NADIE LOGRÓ SU OBJETIVO
Los partidarios del SI habían dicho que lo que se necesitaba para consolidar la paz era una amplia victoria, que no bastaba simplemente con superar en votos a los partidarios del NO. Lo mismo cabe decir de sus oponentes.

Pero nadie logró ese objetivo, porque la diferencia de un 0.5 % a favor del NO podría sociológicamente ser considerada como un error estadístico que un nuevo recuento de votos podría eventualmente llegar a revertir.

Es prematuro brindar una explicación acabada de lo ocurrido. Habría que contar con información más pormenorizada que por el momento no está disponible.

Pero no deja de ser sorprendente que el anhelo de la paz, que era algo que cualquiera que haya visitado Colombia podía percibir a flor de piel en la gran mayoría de su población, no se haya traducido en votos para ratificar esa voluntad pacifista y refundacional de un país sumido en un interminable baño de sangre.

POLÍTICOS SIN CREDIBILIDAD
En lugar de ello la ciudadanía reaccionó con irresponsable indiferencia ante la convocatoria para respaldar los acuerdos trabajosamente conseguidos en La Habana. ¿Por qué?

Algunas hipótesis deberían apuntar, en primer lugar, a la baja credibilidad que tienen en Colombia las instituciones políticas, corroídas desde largo tiempo por la tradición oligárquica, la penetración del narcotráfico y el papel del paramilitarismo.

Este déficit de credibilidad se expresa en una retracción del electorado, tanto más importante cuanto más alejadas se encontraran de las zonas calientes del conflicto armado las regiones en las cuales el NO triunfó con holgura.

En cambio, aquellos departamentos que fueron teatro de operaciones de los enfrentamientos se manifestaron mayoritariamente a favor del SI.

Para decirlo en otros términos: allí donde los horrores de la guerra eran experimentados sin mediaciones y en carne propia –principalmente las regiones agrarias y campesinas- la opción por el SI triunfó de manera aplastante.

Tal es el caso del Cauca, con el 68 % votando por el SI; el Chocó, con 80 % por el SI; Putumayo, 66 % por el SI; Vaupes, 78 % por el SI.

En cambio, en los distritos urbanos en donde la guerra era apenas una noticia que divulgaban los medios, satanizando de manera implacable a la insurgencia, quienes acudieron a las urnas lo hicieron para manifestar su rechazo a los acuerdos de paz.

DEBILIDAD DE CAMPAÑA
Lo anterior remite a una segunda consideración: la debilidad del esfuerzo educativo hecho por el gobierno colombiano para explicar los acuerdos y sus positivas consecuencias para el futuro del país. Esta falencia había sido señalada por diversos observadores y protagonistas de la vida política de ese país, pero su llamado de atención al presidente Juan M. Santos fue desoído.

El confiado optimismo que primaba en los círculos gubernamentales (y también en algunos sectores cercanos a las FARC-EP) unido a la imprudente confianza puesta en los pronósticos de las encuestas -que, una vez más, fracasaron escandalosamente- hizo que se subestimara la gravitación de los enemigos de la paz y la eficacia de la campaña basada en el visceral rechazo a los acuerdos promovida por el uribismo.

DERECHA Y MEDIOS
El papel desempeñado por la derecha vinculada al paramilitarismo y los medios de comunicación, mismos que reprodujeron sin cesar las acusaciones de “traición” dirigidas al presidente Santos, galvanizaron un núcleo duro opuesto a la ratificación de los acuerdos que pese a ser minoritario en el conjunto de la población logró prevalecer porque sus adherentes acudieron masivamente a las urnas, mientras que sólo una parte de los que sí la querían se atrevieron a desafiar las inclemencias del tiempo y fueron a votar.

Persuasiva resultó ser pues la “campaña de terror” orquestada por la derecha, que en sus ominosas caricaturas presentaba al comandante Timoshenko ya investido con la banda presidencial y presto a imponer la dictadura de los “terroristas” sobre una población indefensa y sumida en la ignorancia, misma que encontró en el voto por el NO el antídoto necesario para conjurar tan pavorosa amenaza.

FRUSTRACIÓN Y ESPERANZA
En suma: es imposible abstraerse de la sensación de frustración que provoca este resultado. Como se dijo una y mil veces, la paz en Colombia es la paz en América Latina. Tremenda responsabilidad le cabe a las FARC-EP ante este deplorable resultado electoral. La sensatez demostrada por la guerrilla en las arduas negociaciones de La Habana deberá ahora pasar por una nueva prueba de fuego.

Y es de esperar que la tentación de retomar la lucha armada ante el desaire electoral sea neutralizada por una actitud reflexiva y responsable que, desgraciadamente, no tuvo la ciudadanía colombiana.

Las declaraciones del comandante Timoshenko ratificando que ahora las armas de la insurgencia son las palabras permiten albergar una semilla de esperanza. Lo mismo las manifestaciones de la dirigencia del ELN y la alocución del presidente Santos poco después de conocidos los resultados del plebiscito.

HABRÁ OTRA OPORTUNIDAD
Ojalá que así sea y que esta guerra de más de medio siglo, que a lo largo de estos años tuvo un costo equivalente a casi la mitad del PBI actual de Colombia; que despojó de sus tierras y desplazó de sus hogares a casi siete millones de campesinos; que produjo 265.000 muertes oficialmente registradas; que victimizó por la vía indirecta a dos millones y medio de menores de edad; que esa pesadilla, en suma, que ha enlutado a la entrañable Colombia pueda hundirse definitivamente en el pasado para abrir esas grandes alamedas evocadas por el heroico presidente Salvador Allende por donde habrán de pasar los hombres y las mujeres de Colombia para construir una sociedad mejor.

Ayer se perdió una inmejorable oportunidad para avanzar por el camino de la paz. Habrá otras, sin duda alguna.

*Director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED), Buenos Aires, Argentina.

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Petroperú frente a Repsol

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JORGE MANCO ZACONETTI*

En la meca del capitalismo mundial, el estado norteamericano consideraba la exportación de hidrocarburos un asunto estratégico ligado a la seguridad nacional

Dice el bolero que recordar es volver a vivir. En el caso de las privatizaciones de las empresas estatales vendidas en la década del fujimorismo sería para volver a llorar, por los precios de ocasión al cual se transfirieron o mejor aún se remataron rentables empresas públicas, en especial las unidades de PetroPerú S.A. como la Refinería La Pampilla, los grifos, Solgás, Transoceánica, los lotes petroleros, lubricantes Petrolube, terminales etc.

La petrolera estatal reducida a las actividades de refino y distribución mayorista está siendo duramente cuestionada, por la derecha económica y sus sicarios ideológicos, después de estar durante casi 20 años en el limbo, en el corredor de la muerte respecto a su futuro como afirma el ex presidente de su directorio H. Campodónico.

Aparentemente hoy habría un consenso político de los diversos grupos políticos incluido el moderno fujimorismo para fortalecer a Petroperú como empresa pública, lo cual estaría en contradicción con su posible retorno al Fonafe como pretende el actual ministro de economía y finanzas. Ello significaría un retroceso en el gobierno en relación a tener una empresa petrolera moderna que debiera ser eficiente y rentable.

Sin embargo, en la realidad su destino es incierto, pues la petrolera estatal no participa en los grandes negocios en el sector de hidrocarburos que han permitido la valorización de empresas privadas, gracias a la explotación de nuestros recursos naturales como el petróleo, gas y condensados. La lista sería larga pero vale la pena para no olvidar a las empresas que se han enriquecido con la venta de los activos, filiales de Petroperú, tales como: Repsol, Pluspetrol, Petrotech ahora Savia, Graña y Montero, Pecsa, Sapet, Eléctrica de Piura entre otras.

 Este artículo constituye un homenaje y reconocimiento a un gran peruano como Raúl Wiener.

ESTADOS FINANCIEROS COMPARADOS DE PETROPERÚ Y REFINERÍA LA PAMPILLA  (RELAPASA)

SIN INTEGRACIÓN VERTICAL
Petroperú, al no tener acceso en la integración vertical, es decir sin contar con la producción propia de petróleo, al no tener grifos propios, pues la cadena Petrored está constituida por capitales privados que mantienen contratos de abastecimiento con la petrolera estatal, es decir, la misma no participa en los márgenes de distribución minorista, que superan el 20 por ciento de la rentabilidad neta.

Igualmente no tiene acceso al negocio del envasado, ni distribución minorista del gas licuado de petróleo (GLP) ni en la explotación, transporte ni masificación del gas natural; es pues una empresa destinada a languidecer, sin tener mayores excedentes económicos, utilidades que le permitan su valorización, ni repagar en el largo plazo el financiamiento de las inversiones que supone la modernización de la refinería de Talara.

Es más, a pesar que por su carácter estatal Petroperú sigue subsidiando la venta de combustibles en la Amazonía; también es sometida a contratos lesivos que ninguna empresa privada aceptaría como es el caso de los terminales marítimos y del transporte de crudo contratando a los mismos buques cargueros que antes le pertenecían, abonando tarifas superiores al promedio de mercado.

Tampoco puede aplicar tarifas de mercado por el alquiler de las plataformas marinas en el lote Z-2B, tarifas que se fijaron cuando el precio del crudo era de 20 dólares el barril, y que se mantuvieron invariables cuando el precio del crudo arribó a los 100 dólares el barril, y permanecen constante con los precios actuales que bordean los 48 dólares, con una clamorosa falta de inversiones en mantenimiento en los equipos, barcazas y plataformas cuya propiedad corresponde a PetroPerú.

También es manejada como agencia de empleo y caja chica por los gobiernos de turno, lo cual la pervierte como una empresa atractiva en la Bolsa de Valores. Sin embargo, con todas estas cargas, pasivos, partidas inusuales, manejo burocrático sigue siendo una empresa rentable.

MAYOR RENTABILIDAD FRENTE A LA COMPETENCIA
A pesar de la leyenda negra frente a la rentabilidad de Petroperú sirva la comparación con la competencia en el mercado de combustibles identificada con la Refinería La Pampilla cuyo mayor accionista es la transnacional española Repsol. Ambas en conjunto determinan aproximadamente el 86 por ciento de las ventas de combustibles en el mercado interno, con la salvedad que Repsol participa en los negocios de Camisea tanto en la explotación de los lotes 88, 56, y 57.

Si se tiene presente que en junio de 1996 se vendió el 60 por ciento de las acciones de la Refinería La Pampilla en el proceso privatizador por un valor de 180.5 millones de dólares, al Consorcio refinadores del Perú S.A., donde 38 millones de dólares correspondían a títulos, papeles de deuda externa que fueron comprados a precios de “huevo roto”, y reconocidos al 100 por ciento de su valor por la COPRI, hoy Proinversión, el organismo responsable de promover las privatizaciones.

Al tipo de cambio promedio vigente a la venta al sector privado de la mayoría accionaria de la Refinería La Pampilla los 180.5 millones de dólares resultaban equivalentes en esa época a un valor en soles de 443.4 millones, con mínimos compromisos de inversiones de 10 millones de dólares por año durante cinco años, es decir un total 50 millones de dólares. ¡Es decir todo un regalo!

Como se puede observar en el cuadro respectivo de los “Estados Financieros Comparados de Petroperú y Refinería La Pampilla” entre 1997 al 2015, es claramente evidente que la petrolera estatal con la Refinería de Talara con una capacidad de refino de 65 mil barriles diarios y Ref. Conchán con una capacidad de 13 mil barriles diarios, pese a una distancia geográfica de 1,200 kilómetros del principal mercado determinado por la demanda de la ciudad capital, es más importante en cuanto a la generación de ingresos y rentabilidad, en relación a la Refinería La Pampilla, que siendo más moderna tiene una mayor capacidad de refinación de 102 mil barriles diarios.

Al primer año de la privatización, 1997 Petroperú generó ingresos del orden de 3,484 millones de soles, con una rentabilidad operativa de 418 millones de soles y una utilidad neta de 266 millones de soles.

En cambio, Refinería La Pampilla, obtuvo ingresos del orden de 2,061 millones de soles, utilidades operativas es decir las utilidades antes de participaciones e impuestos por un valor de 241 millones de soles, y las utilidades residuales es decir las netas fueron equivalentes a 144 millones de soles.

A sabiendas que los estados financieros auditados no reflejan la verdadera utilidad pues existen una serie de mecanismos contables y tributarios para escamotear la real utilidad. Con los datos oficiales presentados por la propia empresa en sus memorias, se podría decir que el monto pagado de 443.4 millones de soles por la mayoría accionaria en junio de 1996, prácticamente se recuperó en los primeros cuatro años, si se suman las utilidades netas que hacen un total de 442 millones.

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