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Editorial

Piñata a dos manos

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Editorial Diario UNO

Pese a los positivos resultados de la primera gira presidencial y, mas bien, a causa de ella el canciller Oscar Maurtua ha empezado a ser objeto del bullyng político.

De un lado, el primer ministro, quien ya antes lo había fustigado, por renovar el convenio con la USAID, lo invito a salir de casa bajo la coloquial figura de que “la puerta esta abierta”. De otro lado, la oposición parlamentaria lo ha llamado a la Comisión de Relaciones Exteriores para que “explique” la Reunión del presidente Pedro Castillo con su homologo venezolano Nicolás Maduro. Ambas, pura majadería.

Lo de Bellido fue un autogol. Debió haber llamado en privado al vicecanciller y despacharlo si consideraba que se había apartado de la política general de gobierno. En lugar de ello, uso el Tweet, mismo error que con dl ministro de Trabajo Iber Maravi. Ninguno le hizo caso.

Lo de la oposición es ridículo. Se queja por la desactivación del llamado Grupo de Lima y por la entrevista con Maduro.

El Grupo de Lima lo único que hizo fue promover la invasión de un millón de venezolanos al Perú. Luego se desactivo solo. Desde enero pasado ninguno de sus integrantes ha solicitado una nueva reunión. Es decir, a despecho de las bancadas de derecha, los países miembros no tienen nada que tratar sobre Venezuela.

La critica a la Reunión con Maduro es mas bien patética. Hasta el “presidente” Juan Guaidó reconoce la posición de Maduro como mandatario real y mantiene negociaciones publicas con el. Aquí los congresistas quieren que Castillo sea mas papista que Guaidó y que ni siquiera mire a Maduro.

Que la Reunión era necesaria queda evidenciado en la agenda tratada entre los dos mandatarios, cuyo eje fue la migración venezolana al Perú, que tantos problemas sociales ha traído.

La solución es fácil. En lugar de agarrar de piñata al Canciller, deberían usar sus gastos de instalación y viajar a Venezuela. De repente, Guaidó los recibe en el Palacio de Miraflores.

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Editorial

Indecopi: un zombi anda suelto

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Editorial Diario UNO

Durante todo el siglo XXI, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual r (Indecopi) vivió como un zombi. Estaba muerto, funcionaba y de cada mil reclamos resolvía uno a favor de los consumidores. Durante la pandemia, el muerto viviente quedó inmóvil. Las empresas de servicios telefónicos, agua y luz hicieron lo que quisieron con los recibos de los indefensos usuarios, los grandes almacenes que vendían por reparto (delivery) se burlaron de sus clientes, negándose a hacer cambios de la mercadería defectuosa entregada y reteniendo el pago hecho por ella, y todo tipo de negocios quedaron librado al mercado salvaje. El desequilibrio se acrecentó.

En ese estado de catalepsia se encontraba, cuando hace algunas semanas el presidente Pedro Castillo, en una de sus controversiales decisiones, y presumiblemente pagando favores de campaña, nombró un nuevo presidente que no tenía ninguna preparación sobre el tema y ahí la situación empeoró. El zombi dejó su letargo para revivir y volverse contra los consumidores y empezó a disparar resoluciones a favor de las empresas. Es decir, empezó a funcionar al revés.

Recordemos, el Indecopi fue creado en 1992, durante el gobierno de Alberto Fujimori, como un contrapeso a la liberalización de la economía, de modo semejante al modelo que existe en la mayoría de los países del mundo y, en particular, en aquellos donde el capitalismo está más desarrollado.

En el Perú, nunca fue así. La presencia de un miembro de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec) intentó dar a Indecopi un rostro humano, pero nunca lo logró. Sus funcionarios consideraban que ellos no eran los defensores de los consumidores sino los árbitros entre estos y las empresas y, para ello, crearon un sistema en el que el perjudicado para hacer un reclamo tenía que seguir un procedimiento extraordinariamente largo y costoso, que nunca acababa bien.

Pero a la nueva presidencia, esta función ineficaz le ha parecido poco y en solo días ha empezado a disparar resoluciones de su tribunal que retroceden al Perú a la época de la carreta en materia de protección del consumidor. Alentadas por el talento legal y el desparpajo moral de la nueva gestión «revolucionaria», numerosas empresas se apilan en su mesa de partes para desmontar «legalmente» los mecanismos elementales, como el etiquetado de advertencia.

Un zombi, anda suelto. Cuidado que se lleve de encuentro al presidente Castillo.

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Il sorpasso

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Editorial Diario UNO

Es una expresión del italiano que puede traducirse como la escapada o el adelantamiento. Se hizo popular por una película (1962), dirigida por el genial Dino Risi y protagonizada por el no menos magistral Vittorio Gassman, que narraba una escapada por las desiertas calles de Roma en pleno ferragosto.

En el Perú se ha producido un poco percibido sorpasso. Un informe publicado en nuestro diario revela que el mapa de organizaciones políticas se ha modificado. En sus primeros puestos ya no figura el APRA, la más grande organización política de todos los tiempos, ni tampoco el fujimorismo en su versión Fuerza Popular. En cambio, en los cuatro primeros lugares de los partidos con mayor número de militantes inscritos aparecen APP de César Acuña, Acción Popular, Somos Perú, hoy copada por Martín Vizcarra y el Frente de la Esperanza, de Fernando Olivera. Las agrupaciones de Rafael «Porky» López Aliaga o Hernando De Soto aparecen como huérfanas de militantes.

APP es resultado de la descentralización inconclusa del país y del anhelo regionalista de los pobladores del interior. Sin una ideología identificable con las grandes corrientes conceptuales mundiales, en cambio su leit motiv es el reclamo anticapitalino que en el Congreso Constituyente de 1931 dio lugar a la formación del primer grupo parlamentario Descentralista. Es el partido que tiene más gobiernos regionales y alcaldes. AP es una mixtura de los rezagos del partido fundado por Fernando Belaunde Terry con el aparato que Raúl Diez Canseco mantuvo vivo en las últimas décadas, pesando que lo podría llevar a la presidencia de la República. Luego de diluida la aspiración del sobrino del fundador, hoy más que nunca es una «federación de independientes» como la definió Andres Towsend en la década de 1960.

Somos Perú es una expresión municipalista, heredera de Alberto Andrade. Pero sus manejos más comerciales que políticos han desvirtuado su sentido original para derivar en una especie de franquicia electoral al alcance de disponga de los recursos para pagar su costo. Y el Frente de la Esperanza es la novedad electoral que podría robarse el voto del amplio sector conservador de Lima Metropolitana, que quiere resultados más que aventuras y que, en las pasadas elecciones metropolitanas, por ello, encumbró a Jorge Muñoz contra Daniel Urresti.

Hasta donde llegará este sorpasso de los nuevos protagonistas electorales. En once meses y unos días, lo sabremos.

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Editorial

Sueño de una noche de primavera

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Editorial Diario UNO

Dormía con la placidez de un bebe. Joven, guapa, con un esposo empresario, su participación pública no podía haber sido mejor. Cuando se lanzó a la vida política nunca pensó que llegaría a liderar una cámara legislativa. Pero todavía estaba por llegar más.

La crisis de su país había generado una gran inestabilidad. Los grupos económicos ya no soportaban a un presidente izquierdista y habían movilizado a los círculos de poder mediáticos, militares y financieros a complotar, para dar un golpe de mano y hacerse de la presidencia provisional. Total, ya antes había ocurrido, en más de una oportunidad, así que la idea no era nada descabellada. Lo bueno era que, constitucional y naturalmente, si caían el presidente y la vicepresidencia la sucesión le tocaría a ella. Gracias Dios mío, todopoderoso, por haberme puesto en este cargo privilegiado, pensó.

Los hechos se desencadenaron vertiginosamente. El alza del dólar, la carestía de los productos de primera necesidad, la escasez de gas, el paro de los transportistas, los anuncios aterradores de los noticieros de televisión, crearon las condiciones para que el presidente perdiera el respaldo de las poblaciones del interior y de las comunidades campesinas que habían sido factores fundamentales de su victoria. En cambio, los partidos liberales con fuerte peso en la capital la vieron con buenos ojos, para librarse de su rival y vengarse así de la derrota electoral que les había infligido. Se hizo lideresa de la vacancia presidencial.

Entonces la promesa se hizo realidad. La Fuerza Armada presionó al presidente y este no tuvo más remedio que renunciar públicamente y huir a una zona del interior del país. Ella se ciñó la banda y dio un «balconazo». El Tribunal Constitucional la reconoció como presidenta. Cualquier cosa era poco para esta bendición.

Democráticamente llamó a elecciones, en las que pensaba ser la candidata preferida. Pero los partidos liberales no lo creyeron así. Se dio cuenta que la habían utilizado solo para tumbar al presidente incómodo y tuvo que acabar renunciando a su candidatura. Pero eso no fue todo, en las nuevas elecciones volvieron a ganar los izquierdistas y su partido fue pulverizado en las urnas. Pocas semanas después, la Fiscalía la encauzó por sedición, fue detenida e ingresó a un penal de provincias.

En este momento, mojada en sudor y llanto, despertó. Al verla tan descompuesta, su esposo trató de calmarla «Tranquila mujer, ¿qué paso?». A lo que ella respondió con una pizca de tristeza «Soñé que no era María del Carmen Alva, sino Jeanine Áñez».

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