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Editorial

¿Pedro Navaja?

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Editorial Diario UNO

Ayer, las redes sociales estallaron con una versión del éxito de Willie Colon y Rubén Blades «Pedro Navaja» con letra cambiada, alusiva a los últimos acontecimientos palaciegos conocidos por la caída de Bruno Pacheco. El remake, le ha hecho más daño al presidente que la fallida marcha de López Aliaga. Producido musicalmente con rapidez e ingenio, la letra del video es una verdadera bomba contra Pedro Castillo.

El giro no es gratuito. Un hábil publicista se dio cuenta que la cháchara del Congreso está desgastada, que la movilización callejera no es el fuerte de la derecha y, sobre todo, que las «razones» que fundamentan la moción de vacancia son insostenibles en cualquier foro serio. Por eso, por su cuenta y riesgo, lanzo el video musical tratando de buscar el flanco más débil de los políticos ante la opinión pública: el de la honestidad.

Evidentemente, hasta el ciudadano menos avisado, sabe que ninguna oficina pública es lugar para que un funcionario guarde dinero de su propiedad. Y sabe, todavía más, que los baños de las oficinas públicas no son el lugar más apropiado para guardar caudales privados. Por ello, sorprende la débil, casi forzada, reacción del presidente que, en lugar de indignarse por el hallazgo, le ha querido poner paños fríos. Así, en su mensaje a la Nación de anteayer dijo «condeno de manera firme y deslindo de cualquier acto de corrupción. Por eso toda persona que traicione mi confianza y se aproveche del cargo debe ser investigada y sancionada ejemplarmente por la justicia».

Pero del dicho, no pasó al hecho. Cualquier funcionario correcto, de inmediato hubiese solicitado la intervención del Órgano de Control Interno, para que elabore un informe sumario y establezca las razones, circunstancias y derivaciones legales del dinero escondido en al baño. El presidente no lo ha hecho así, y esa vacilación ha motivado que se produzca un nuevo cargamontón mediático contra él, a propósito de las reiteradas visitas de Karelim López, a la secretaría general.

Pero ninguno de estos dos hechos nuevos se encuentra en la moción de vacancia, por lo que no pueden ser usados, a falta de otros argumentos, como la razón para vacar a Pedro Castillo. Por eso mismo, el presidente debería ser el más interesado en aclarar, sin que el Congreso lo pida, el tipo de relación que mantenía con su misteriosa visitante

Tratar de sacar la vacancia presidencial, usando a Pedro Navaja, revela que los verdaderos chaveteros son los grupos de la derecha, bruta y achorada. ¡Camaraaa!

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Editorial

Salvar a Machu Picchu

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Editorial Diario UNO

El Perú es, en realidad, muchos países dentro de uno. Y eso hace que nunca pueda percibirse en tiempo real su problemática regional. Así lo demuestra el hecho que los ojos de los peruanos, guiados por los medios de comunicación, estén puestos en el mar de Ventanilla, mientras que la localidad de Aguas Calientes, vecina a la ciudadela inca, esté también en virtual desastre, pero sin la atención debida.

A diferencia de la poca repercusión local, diversos medios internacionales informaron que el viernes pasado, dicho pueblo último punto desde donde se asciende a la ciudadela, fue azotado por lluvias intensas que provocaron una gran inundación que interrumpió el servicio de trenes. El Gobierno Regional del Cusco, informó en un escueto comunicado que «el desborde del río Alccamayo afectó la infraestructura turística y el servicio ferroviario», aunque sin pérdida de vidas. Ese río, que circunda la localidad de Machu Picchu, es afluente del río Vilcanota, en cuyas riberas se ubica la vía férrea que comunica a la zona con la ciudad de Cusco. Según reportes periodísticos fueron destruidos por las aguas un puente ferroviario y uno peatonal, mientras que tres puentes peatonales, dos viviendas y la plataforma de la estación de trenes sufrieron daños diversos.

La empresa Perú Rail, una de las dos que presta el servicio de transporte ferroviario hacia Machu Picchu, comunicó que interrumpía los viajes hasta nuevo aviso, luego del deslizamiento de rocas y tierra en el cauce del río Alccamayo. De paso, ofreció su flota de trenes para atender la emergencia.

Para medir el impacto del desborde, hay que recordar que cerca de 447.800 personas visitaron la ciudadela de Machu Picchu en 2021, una cifra lejana a los 1,5 millones que solía recibir antes de la pandemia. Es decir, está a una tercera parte de su capacidad receptiva. En 2020, la economía peruana cayó 11,12% y estuvo en recesión hasta junio de 2021, pero el golpe fue mucho mayor en el turismo (-50,45%). Cusco, dejó de percibir unos 1.400 millones de dólares por la ausencia de turistas a causa del Covid-19.

El ministro de Comercio Exterior y Turismo, Roberto Sánchez, llegó ayer a Ancón donde dijo que el derrame de hidrocarburos causará pérdidas económicas que bordearían los 200 millones de soles, para las personas y negocios que viven directa e indirectamente de la movilización de 5 millones de veraneantes. Les ofreció apoyo.

Una atención y presteza semejantes requiere Machu Picchu, joya del turismo en el Perú

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Comisionitis aguda

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Editorial Diario UNO

Al general Juan Domingo Perón se le atribuyen varias frases indispensables del diccionario político latinoamericano. Una de ellas reza: «lo mejor para que un problema no se resuelva es crear una comisión». El recuerdo viene al cuento porque, ante la dramática situación creada por el derrame de 6,000 barriles de petróleo en el mar de Ventanilla, lo único que se le ocurrió al gobierno del profesor fue crear un comité de crisis.

Así lo dispuso el gabinete en su sesión del miércoles, bajo el argumento de «atender de manera inmediata en las tareas de contención y remediación de los efectos generados por el desastre ecológico». Por lo cual, el miércoles formó ese comité con la PCM y los ministerios de Ambiente, Agricultura, Defensa, Produce y Relaciones Exteriores. Luego, los miembros del flamante comité y sus refuerzos posaron para una foto panorámica donde se veía a más de 20 altos funcionarios trabajando.

Pero, en la realidad, la presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez ya está bastante ocupada con el problema de Las Bambas y no tiene tiempo para responder a la prensa sino una vez a la semana, por lo cual cargarle una responsabilidad más no parece una buena idea.

Los hechos siguientes confirmaron esa impresión. La PCM declaró que Repsol no tenía plan de contingencia. El ministerio del Ambiente declaró que la empresa debería acabar la limpieza en 10 días. El ministerio de Energía y Minas pidió el plan de trabajo y cronograma de la limpieza. La cancillería, por su parte, opinó que Repsol debe resarcir el desastre de manera inmediata. El Servicio Nacional Forestal dio instrucciones para levantar a las aves muertas. La OEFA dijo que el ámbito del derrame era más grande. Toda una galleta de informaciones, propia de que el comité de crisis carece de reglamento, vocero y existencia formal.

Mientras tanto, la empresa se iba de alivio y, en lugar de buscar un relleno sanitario de residuos peligrosos, se dedicó a enterrar el petróleo en la playa, burlando la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos.

Ante este panorama ¿no sería mejor nombrar a un Alto Comisionado presidencial que dirija el comité de crisis a tiempo completo, para que centralice la investigación y la comunicación a fin de que los ministerios no se pisen entre ellos las mangueras y Repsol cumpla con la ley? Un enérgico Daniel Abugattas o un experto ambiental como Manuel Bernales Alvarado, lo podrían hacer mucho mejor que Mirtha Vásquez, para que los culpables no se salgan con la suya.

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Sembrando vientos…

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Cuando el presidente Pedro Castillo decidió designar al abogado Avelino Guillén como ministro del Interior, el país dio un suspiro de alivio. Guillén no solo estaba reputado como un profesional serio y calificado, sino que llevaba el aura de haber derrotado a Alberto Fujimori en la Corte Suprema. Además, ya comprometido por el profesor para acompañarlo a iniciar juntos el gobierno, apenas se enteró que el primer ministro sería Guido Bellido, declinó educadamente, ratificando su línea principista.

Pero no siempre los juristas son buenos gestores públicos y, al parecer, esto es lo que le ha pasado a él. Heredó una gestión desastrosa de sus antecesores Carrasco y Barrenzuela, pero no ha sido capaz de recomponerla y se encuentra ahora ahogado en los problemas heredados y los nuevos que él mismo ha creado. Sería muy inocente si no hubiese previsto que la oposición de derecha, especialmente el fujimorismo, iba a ser inflexible con él o que pensara que los partidos de centro iban a respetar su prestigio sin recibir resultados tangibles de su buen hacer.

En ese trance resulta inexplicable que a las dificultades de manejo de su sector ya preexistentes haya añadido problemas de su propia cosecha. El principal, cuestionar en la práctica la decisión de designar como comandante general de la PNP a un general de la confianza del presidente y a hacer pública esta divergencia, retrasando la publicación de los ascensos y pases al retiro de oficiales de la institución policial. Se ha puesto así, por decisión propia, a caminar por una cuerda floja, de la que podría caer en cualquier momento.

La oposición ni corta ni perezosa se ha dado cuenta y ayer ha presentado una moción de interpelación en su contra, que no solo cuestionan su ejecutoria en el despacho de la avenida Corpac sino también busca dañar la figura del profesor. Por ello, las causales de interpelación que invocan suman temas como la designación de prefectos supuestamente adscritos al Movadef, la demora en la captura de los integrantes de la organización criminal Los Dinámicos del Centro, el bochornoso fracaso de la expulsión de ciudadanos venezolanos, la ineficacia en la tramitación de pasaportes en Lima y provincias y la falta de acciones concretas para reducir la inseguridad ciudadana.

En realidad, todas las preguntas del pliego son solubles. Su debilidad es que las diferencias del ministro con el comandante general de la PNP y el propio presidente debilitan su posición. Bien dicen, que quién (aun sin quererlo o darse cuenta) siembra vientos, acaba cosechando tempestades.

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