Oliverio: un ministro para Las Bambas

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La poca acuciosidad de la gran prensa ha pasado por alto que, dentro de los cambios ministeriales que se han producido hace dos días, hay un nombre que destaca por sus méritos personales y profesionales, el del ingeniero Oliverio Muñoz, nuevo titular de Energía y Minas. Gremialista reconocido, fue el gestor de la lista que ganó el decanato nacional del Colegio de Ingenieros del Perú. La directiva saliente le impidió su postulación al Consejo Departamental de Lima, única forma en que Roque Benavides pudo hacerse de ese cargo.

Pero a ello debe añadirse que Muñoz es una de las personas que mejor conoce la problemática de Las Bambas, tanto por haber participado en la gestión y ejecución del proyecto, como por su trabajo como consultor en desarrollo comunal en todo el corredor minero. Si alguien entiende el problema es él, y por ello su nombramiento abre una luz de esperanza a encontrar puntos de encuentro entre empresa, Estado y comunidades.

Y no se crea que el flamante ministro es un militante proempresarial que va a enfrentar a las comunidades protestantes a sangre y fuego. Todo lo contrario. Su crítica principal siempre ha sido que el Estado ha renunciado sistemáticamente a su función de regulación de las relaciones sociales y políticas en esa zona y también a su responsabilidad de ejecutar la infraestructura necesaria para promover el desarrollo. Tampoco cree que la empresa haya hecho todo bien y sea sólo una víctima de la fobia antiminera de las poblaciones comunales. Más bien, sabe que la empresa está en deuda con el desarrollo de Apurímac, pues responsabilidad no es solo de transferir} dinero, sino básicamente aportar a un proyecto de sostenibilidad para que, cuando el mineral se agote, no quede solo un hueco negro en la región. Y, por último, también conoce de cerca que junto a dirigencias comunales auténticas y honestas, también medran asesores oficiosos o dirigentes ventajistas a quienes solo les interesa el interés propio sobre el de los comuneros. 

Ojalá que tenga el tiempo y la posibilidad de hacer lo que él sabe, en Las Bambas.

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