Neoliberales negacionistas y ahistóricos en tiempos de pandemia

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Neoliberales negacionistas y ahistóricos en tiempos de pandemia

Germán Alarco
Profesor de la Universidad del Pacífico

 

Los negacionistas desafortunadamente están de moda en estos tiempos. Los más negativos son los que ignoran la pandemia del Covid-19, ya que para ellos hay una conspiración internacional entre los organismos internacionales y gobiernos para restringir las libertades de las personas. A nivel local también tenemos ciudadanos de esa especie y quienes aún rechazan el triunfo electoral de nuestro actual primer mandatario, nos guste o no. Otra variante reciente de ese grupo son algunos economistas neoliberales que creen que el país estaba muy bien antes de la pandemia y que debemos, sin dudas ni murmuraciones, regresar al mismo modelo de crecimiento económico de antes. La semana pasada nos llamó la atención un artículo y entrevista al exministro de Economía y Finanzas del gobierno de Francisco Sagasti quien asume esa perspectiva. Obviamente, lo que dijo gustó a los grupos de poder económico y mediático locales.

El exministro señaló que el crecimiento económico observado durante las últimas tres décadas no se ha repetido en la historia contemporánea del país; se equivoca. Comentó que la informalidad no tiene que ver con el modelo económico; otro error, pero también hay que reconocer que hay otros factores en juego. Afirma que pasamos de hacer cosas exóticas a algo que nos permitió dar un salto inmenso; Ok se menciona a la agroindustria y la minería. Sin embargo, al reconocer que la pandemia nos impactó ante una salud y educación problematizada eso no tiene que ver con el modelo (¿entonces con qué?). Señala, como todos los analistas del establishment, que no es el momento apropiado para la reforma tributaria (¿entonces para cuándo?).

 

Fuera de contexto

En todas partes del mundo se están discutiendo la naturaleza de las reformas post Covid-19. La pandemia no solo paralizó el mundo, sino que está obligando a repensarlo. Hay una convicción casi generalizada, excepto en nuestro país, que el futuro no puede ser igual al pasado. Hasta en el Foro Económico Mundial que reúne a los grandes empresarios internacionales se habla de la necesidad de un gran reinicio donde los énfasis se deben colocar en la reducción de las elevadas desigualdades y en la transición ecológica. La mayoría de los organismos internacionales, incluyendo el FMI, hablan de cambiar las cosas.

A nivel regional, la CEPAL de Naciones Unidas, plantea construir un nuevo futuro que parte de un nuevo consenso social y donde es imprescindible una reforma tributaria más equitativa. Los elementos clave de la propuesta son enfrentar los desafíos sanitarios, económicos y sociales del presente y a la par atender los retos estructurales del mediano y largo plazo. Se plantean tres propuestas principales relativas a reducir las elevadas desigualdades, avanzar en la diversificación productiva y en la transición ecológica.

 

Capitalismo y neoliberalismo

El colega se ufana de lo exitoso que ha sido el modelo neoliberal en el Perú, como si fuera un modelo con una serie de características únicas en todas partes del mundo; se equivoca. El modelo capitalista caracterizado por la presencia de propiedad privada, mercados y empresas no es un solo sistema económico, sino una clase de sistemas que tienen en común esas características pero que se combinan entre sí con reglas e instituciones que varían de país en país. Una cosa es el modelo capitalista chino, otro el norteamericano, el británico o el noruego.

No hay que olvidar que el capitalismo también ha cambiado a lo largo del tiempo. Dentro de sus principales etapas, con efectos diferenciados sobre el bienestar de las personas, están el capitalismo comercial, el capitalismo industrial, el capitalismo concentrado de finales del siglo XIX y antes de la Primera Guerra Mundial, la edad de oro del capitalismo y el neoliberalismo.

 

Estadísticas equivocadas

Las estadísticas internacionales revelan que la edad de oro del capitalismo entre los años cincuenta y mediados de los setenta del siglo XX generó los mayores niveles de bienestar respecto de todos los modelos anteriores y también con relación al neoliberalismo que es más inequitativo. La edad de oro del capitalismo tuvo como motor a los salarios y la redistribución de los ingresos que alimentaban la demanda, la producción que a su vez incidía en el aumento de la productividad en un marco institucional basado en un pacto social entre trabajadores, sindicatos, empresarios y gobiernos.

Nuestro exministro se vanagloria de que en las últimas tres décadas el PBI real se multiplicó por tres. Lo invito a que revise la información histórica del BCRP para demostrarle que la triplicación del producto se dio más rápido en otros periodos de tiempo, que en el neoliberal. Solo como referencia entre 1950 y 1973 (24 años) el PBI real también se triplicó. En otro periodo no tan grato, entre 1922 y 1950 (menos de 30 años) el producto también se multiplicó por más de tres veces.

No quiero hacer una apología del periodo de la industrialización sustitutiva o de la industrialización promovida desde el Estado, ya que obviamente tuvo sus problemas. Sin embargo, la data es clara en mostrar un mayor crecimiento y más prolongado en esa fase que la actual neoliberal. Se puede aplicar un filtro Hodrick-Prescott a todas las tasas de crecimiento del BCRP entre 1922 y 2020 para observar la mayor longitud y altura en ese ciclo, sin y considerando la gran caída observada el año pasado. El resultado es el mismo.

Neoliberales negacionistas y ahistóricos en tiempos de pandemia

Neoliberalismo

Escalante (2015) señala que es en primer lugar un programa intelectual, es decir, un conjunto de ideas cuya trama básica es compartida por economistas, filósofos, sociólogos, juristas, a los que es fácil identificar. Tienen algunas ideas comunes, también desacuerdos, a veces importantes; los identifica el propósito de restaurar el liberalismo, amenazado por las tendencias “colectivistas” del siglo veinte.

También es un programa político: una serie de leyes, arreglos institucionales, criterios de política económica, fiscal, derivados de aquellas ideas, y que tienen el propósito de frenar, y contrarrestar las ideas predominantes del programa anterior. Las formas en que ese neoliberalismo se encarna en sociedades particulares son muy diversas en contenido y escala. Hay diversas variantes de neoliberalismo como de capitalismo. Una cosa es el neoliberalismo británico, el colombiano, el chileno o el peruano.

Según Escalante son tres las ideas básicas del neoliberalismo y muchas las complementarias según nosotros. Menos Estado o un Estado al servicio del mercado. El mercado que procesa información, proporciona señales y como expresión material de la libertad de todos los agentes económicos. La superioridad técnica, moral y lógica de lo privado sobre lo público. Si es así, de ninguna forma me adscribo al neoliberalismo.

 

Impactos de la pandemia

Es absolutamente equivocado afirmar que los desastrosos impactos de la pandemia no tuvieron nada que ver con el modelo neoliberal. Durante las últimas décadas se soslayó la educación y la salud pública; mientras que se nos vendió que la privada sería de mejor calidad y al alcance de todos. Por otra parte, la predominancia de lo privado sobre lo público se fundamentó en una reducida presión tributaria.

Se llegó a una combinación donde la oferta de estos servicios públicos fue escasa en general y de calidad cuestionable, aunque obviamente hay notables excepciones. Y por el lado de la demanda se nos vendió un mundo ideal y mítico en el cual todos sin excepción tendríamos acceso a la mejor educación, salud y pensiones privadas. El resultado final fue que el Perú se ubicó por debajo de los estándares de todos nuestros países vecinos en términos de gasto en salud, educación y prestaciones sociales.

Nada más hay que recordar que antes de la pandemia los tributos para financiar las diferentes prestaciones sociales en el Perú fueron equivalentes al 2% del PBI. Con información de la OCDE el promedio de América Latina se ubicó en 4% y los países miembros de esa organización colectan 8% del PBI. Sin ingresos públicos no se puede pensar en mayor gasto público. Hay muchos otros ejemplos relativos al gasto en salud, el gasto en educación, el número de camas UCI al inicio de la pandemia, entre otros. De ninguna forma se puede afirmar que una presión tributaria seis puntos porcentuales por debajo del promedio regional es contar con una buena macroeconomía.

Problemas estructurales

La visión desde la macroeconomía es solo una parte de la realidad. Todo economista debe observar la problemática microeconómica, la meso económica de las políticas intermedia, muy olvidadas en nuestro país, y el nivel meta. Si la macroeconomía antes de la crisis tenía problemas, también subsistían serios problemas en las otras esferas.

El exministro no debe olvidar la elevada concentración de nuestras exportaciones basadas en sectores extractivos, con reducidos encadenamientos internos de producción y empleo; tampoco nuestra elevada heterogeneidad estructural. La elevada concentración de la riqueza y de ingreso. La reducida generación de empleo de calidad y la mínima capacidad en ciencia, tecnología e innovación, entre otros.

 

Problemas regulatorios

Tampoco las cosas iban de maravilla en el ámbito de lo regulatorio. Solo como ejemplo, las tarifas eléctricas para el consumo doméstico en el Perú son entre 20% y 30% más elevadas que el promedio de los estados de la Unión Americana. Esto es inaceptable en un país con ingresos per cápita siete veces menores a los de esa economía. Se requiere revisar las reglas actuales, los rendimientos autorizados a la inversión, las ventas de energía en los diferentes mercados, entre otros elementos que puedan explicar esta situación irregular.

También es importante revisar y mejorar las reglas para las asociaciones pública privadas. Por ejemplo, en el caso de la infraestructura de transporte no existen evaluaciones ex post de todas las concesiones otorgadas por Provías nacionales. Después de más de veinte años seguimos con las mismas viejas prácticas cuando a nivel internacional se utilizan mucho los peajes en sombra y en Chile la asignación de estas concesiones es con base al menor valor presente del ingreso esperado. Inmediatamente después que el inversionista recupera su inversión esta revierte al Estado.

 

Mejorar calidad IED

Se necesita la inversión extranjera directa (IED), pero bajo nuevas reglas. Es inconcebible que el país esté siendo demandado ante la CIADI por empresas corruptas. Se requiere de IED por parte de empresas socialmente responsables, que promuevan la transferencia de conocimientos, que se creen más instancias internas para la solución de controversias (Ombudsman locales), y que registre obligatoriamente su información. Se debe procurar que esa IED promueva el procesamiento de materias primas y de mayor contenido tecnológico.

Se deben repotenciar nuestros tratados bilaterales de inversión (TBI) y de capítulos de inversión de los TLC; a la par que se respetan los compromisos adquiridos. La mayoría de estos fueron acordados durante los años noventa, muchos de los cuales están entre vencidos y por vencer. Ahora treinta años después no solo las circunstancias del país han cambiado, sino que se cuenta con mejores prácticas internacionales promovidas desde la UNCTAD y de los ACFI del Brasil.

 

Repotenciar TLCs

Los TLC también deben ser repotenciados. Han sido útiles para exportar un poco más alrededor de los mismos productos, pero los perjuicios por el lado de la producción nacional no se han valorado. Hay que impulsar las exportaciones con mayor procesamiento y contenido tecnológico. Por ejemplo, la relación con la China debe ser a otro nivel, no con base a productos primarios.

Un tipo de cambio real alto y estable, el establecimiento de franjas de precios para determinados productos agrícolas y el uso de los mecanismos antidumping de la Organización Mundial del Comercio más política industrial y sectoriales son pertinentes para impedir la competencia desleal y reducir la elasticidad importaciones producto.

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