Necesitamos un sistema educativo antirracista

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Marco Avilés

Para el escritor y periodista Marco Avilés, la estructura política que concentra el poder tiene al racismo como una de sus principales herramientas. Considera necesario descolonizar nuestra mente para poder valorar la riqueza cultural del Perú, y reclama por un Estado capaz de penalizar al racismo como delito.

— ¿Qué cambió entre el Marco Avilés de Etiqueta Negra y el que escribe contra el racismo?

—A finales de la década pasada se vivía una especie de años dorados de la crónica. Diez años después tenemos un momento crítico porque hay menos espacios para publicar, entonces estoy tratando de encontrar mis propios espacios para seguir haciendo lo que me gusta.

Desde que me mudé a los Estados Unidos hace unos años digamos que estoy como fascinado por la literatura sobre el racismo. Eso, sumado a mi propia experiencia de migrante andino que creció en Lima, es lo que me genera la curiosidad para leer y escribir sobre racismo, y tratar de entender la realidad peruana.

— En una entrevista recordaste tu sorpresa de niño al ver a tu hermana conversando con la empleada en la sala y no en la cocina. ¿Cómo explicar esta cadena de discriminación?

—Es que el racismo no es un mal que afecte a unos y no a otros. Se suele pensar en racismo como la agresión explícita de una persona a otra, pero el racismo es más bien un sistema que es parte del capitalismo, donde se asigna roles a las personas según su color de piel o clase social.

Entonces se dan estas escenas donde dos personas andinas se discriminan, donde se producen conductas de acuerdo a estos roles impuestos, de patrón y servidumbre. Y en el colegio no nos educan para identificar o entender el racismo.

Gente caminando en la calle

—¿Cómo enfrentar un problema que viene construido desde la conquista de América?

—Los seres humanos hemos enfrentado enfermedades como la viruela o la polio, a través de la ciencia, y se ha hallado la cura. Sin embargo, males enormes como el racismo no los enfrentamos con la misma efectividad porque entre otras cosas no tenemos una educación que nos convenza de que el racismo existe, y de cómo nos afecta a cada persona.

Entonces salimos de la universidad aun sin conocer el problema. No sé cuánto tiempo tomaría erradicar el racismo pero sí entiendo que uno de los primeros pasos debe ser establecer un sistema educativo antirracista.

—¿Qué tan necesario y complicado a la vez puede ser confrontar la idea de que solo lo eurocéntrico tiene el carácter de “cultural”?

—Es que tenemos una cultura colonial, y somos periferia de centros de producción. Así como en el virreinato éramos periferia de España, ahora seguimos siéndolo de Estados Unidos o Europa, centros lejanos donde se está produciendo arte y conocimiento. Estamos haciendo más cine en el Perú pero elegimos ver a Hollywood. Nuestra publicidad usa modelos blancos como referentes. Esos son indicadores de nuestro sistema colonial.

Aníbal Quijano decía que somos una sociedad colonial y que necesitamos descolonizar nuestras cabezas y generar un pensamiento crítico para entender que no todo lo de afuera es bueno o mejor, para entender que hay cosas que ocurren en el Perú que son valiosísimas y universales, pero que son culturas aplastadas por nuestra propia cultura dominante. Creo que toca impulsar un pensamiento crítico donde revalorar el Perú no sea solo un slogan o una actividad económica.

—Cuando hablamos de cocina peruana es básicamente cocina criolla. Lo mismo sucede con la música. ¿No sigue habiendo ahí una negación del indígena?

—Más que una negación, sí creo que lo costeño toma mucho espacio, y se ve en que tenemos un día para la canción criolla, o en la concentración en temas alrededor de lo gastronómico. Ahora estamos entrando en etapas donde podemos darnos cuenta de esto, de ese protagonismo excesivo de los costeño y lo urbano en la construcción del país, y nos damos cuenta de la ausencia de lo indígena o amazónico.

El Congreso de la República, por ejemplo, casi no tiene representación indígena. Tenemos parlamentos con 2 o 4 parlamentarios indígenas y nos parece normal, cuando si vemos el censo nacional lo normal sería tener el 30 o 40 por ciento. Pero hay una idea racista que surge y nos dice “los indígenas no están preparados”.

—Y ahí hay una valla puesta con la falta de acceso a oportunidades en educación…

—Pero si consideramos que ir a la universidad es la única manera de prosperar y ser exitoso, entonces también estamos reduciendo la diversidad de saberes y aprendizajes. Hay maneras de realización que no tienen que ver con ir a la universidad, y eso no quiere decir que uno sea un ignorante. Hay gente con niveles grandes de sabiduría, filósofos, líderes comunitarios que no han hecho una maestría o doctorado. Nuestra idea de educación sigue siendo ultra occidental, pensamos que uno solo es capaz si se ha educado en una universidad.

Y si hablamos de representatividad y meritocracia, un Parlamento de 130 personas todas salidas de la universidad, blancas o mestizas, sigue siendo un Parlamento deficiente porque no incluye representación de otras realidades. Puedes tener un conocimiento a partir de la universidad y los libros, y sin embargo no tener la menor idea de la Amazonía.

—¿La invisibilización es una de las herramientas más poderosas del racismo?

—En el Perú hay una característica de la marginación del poder. Nuestra estructura política margina al indígena, y eso requiere del racismo como una de las herramientas principales. Terminamos el colegio llenos de ideas racistas, de que los indígenas son casi salvajes, no educados, que son corruptos y borrachos.

Esas ideas nos hacen sentir que, si somos urbanos, blancos o mestizos, estamos más preparados para acceder al poder. Tiene que ver con eso, con la narrativa del racismo en la época de la conquista, que colocaba a los indígenas y luego a los esclavos como seres subalternos. Ese poder se mantiene.

—¿Qué te sugiere el hecho de que en evidentes casos de discriminación racista, se omita penalizar el racismo en las acusaciones formales, y más bien se lo proponga como una falta leve?

—Hoy gracias a los teléfonos y redes sociales estamos llenos de evidencias sobre racismo. Pero lo que necesitamos a gritos es que haya una reacción del Estado para que a este problema ya evidenciado le sigan medidas para resolverlo.

Ya no necesitamos más evidencias, necesitamos dar el siguiente paso, que es tener autoridades capacitadas para entender el racismo, y que sepan cómo procesar ese delito. Es probable que muchos policías o fiscales no sepan cómo reaccionar ante el racismo.

Marco Avilés - Libro “De dónde venimos los cholos”

—Publicaste “No soy tu Cholo” y “De dónde venimos los cholos”, que incluso tiene una versión popular. ¿Sientes que la buena recepción de estos libros es un síntoma de que estamos cerca de cambiar algo?

—Creo que hay cosas positivas, como que las personas no sienten más vergüenza en denunciar que han sido víctimas de racismo, es como que se sienten empoderados para denunciar esos casos. Esto es importante porque no olvidemos que el racismo ha sido uno de esos males capitales que eran un tabú en el país, de los que no se hablaba sino hasta fines de los 90, cuando la gente empezó a denunciar que no los dejaban entrar a las discotecas o restaurantes.

Lo pendiente ahora es que, como Estado, podamos generar medidas para enfrentar el problema: una educación antirracista, autoridades capacitadas para enfrentar el racismo y una legislación que facilite la penalización de este delito.

 

JOSÉ ALFREDO MADUEÑO

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