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Especial

Me considero un subversivo

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José Esteban Gonzalo (84)

José Esteban Gonzalo (84), es un intelectual y escritor español nacido para las letras al fragor de la lucha por la libertad y la justicia social en tiempos de la dictadura de Franco. Agitador cultural, como el mismo se define, fue amigo e íntimo de celebridades de la literatura latinoamericana como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Jorge Edwards y Alfredo Bryce Echenique. En esta entrevista, nos narra sus anécdotas y aventuras recorriendo medio ciclo de una existencia fulgurante.

—¿Cómo se siente, luego de haber trabajado por más de 50 años en la edición y promoción de la literatura en España?

—Llevo cerca de 52 años de agitación cultural, de militancia en la izquierda, en el progresismo, y la verdad que me siento muy bien. Mientras haya salud, voy a seguir produciendo y dándole. No he acabado todavía

—Ha publicado, un libro autobiográfico, y hay una parte que nos llama la atención, que es su acercamiento a los escritores peruanos como Vargas Llosa y Bryce Echenique

—Cuando en España llega la libertad y la democracia, acabando el franquismo, pensamos que había que conectar con los hermanos hispanoamericanos, aquellos que hablan nuestro mismo idioma, nuestra misma lengua y que escribían muy bien, y es ahí que decidimos hacer un congreso de escritores. Es allí donde empieza mi amistad con todos estos escritores fogosos y maravillosos de Perú y de América entera. Personalmente, corrí mucho por México, Argentina, y por muchos países.

—Su amistad con Mario Vargas Llosa es interesante, porque mientras él venía de un rompimiento con la izquierda, usted se afirmaba en la militancia al Partido Comunista de España, ¿cómo ha logrado mantener una relación de amistad a pesar de las diferencias políticas y que ha perdurado en el tiempo?

—Si, si, y bueno, yo soy un liberal, intento comprender a la gente, y Mario era un gran escritor. Cuando yo lo conocí, era un jovencito desconocido como yo, entonces, éramos dos jovencitos desconocidos. Luego, él triunfo mucho, yo menos, y escribió unas novelas espectaculares y maravillosas que explicaban no sólo el Perú, explicaban tantas cosas de España, del idioma y esa amistad ha continuado a pesar de todo. En lo personal, yo le sigo queriendo y admirando. También a Alfredo Bryce Echenique, que es un gran escritor, mi gran “amor” peruano, mi amigo, mi hermano, como el me llamaba.

Me siento muy orgulloso que Mario sea amigo mío, y aunque no comulguemos en temas políticos, aun lo llamo al orden, cuando hay que llamarlo al orden

—Y que anécdotas, que recuerdos de la etapa del joven Mario, porque estamos hablando del boom literario en América Latina donde aparecen escritores como Gabriel García Márquez, Jorge Edwar, José Donoso, entre otros.

—Recuerdo aquellos años maravillosamente bien. La verdad que muchos de estos tíos vivían en Barcelona y no en Madrid. Barcelona, los últimos años del franquismo era una ciudad europea y ahí se vivía otro ambiente. Madrid era más una ciudad castiza y religiosa. Conocer a aquellos escritores fue muy aleccionador, muy instructivo y con todos ellos me lleve muy bien, porque yo prefiero la amistad a la importancia literaria. Todos ellos fueron amigos míos y me siento orgulloso de su amistad.

—¿Y también de las noches de bohemia?

—Hubo de todo, mujeres, alcohol, libros, poemas, canciones, porque fíjate que yo se muchas canciones peruanas, que no me las enseñó Mario, que nunca le he oído cantar, en cambio Bryce fue mi maestro, cantaba valsecitos peruanos maravillosamente bien, cantaba esta: Ayer tu madrecita, murió en el callejón/ Era la gila más buenamoza del callejón/ Yo la quería patita, de Los Troveros Criollos

—¿Esos valses peruanos se las aprendieron con Bryce?

—Todas con Bryce. Yo le cantaba canciones españolas, tonillas, manchegas, y él me cantaba canciones peruanas

—¿Una buena conversación, acompañada de vodka o de wiski?

—Bryce bebía wiski, luego se pasó al vodka. Yo nunca llegue al vodka. Para mí, el vodka es el máximo grado del alcoholismo y debo decir que esa generación era muy alcohólica. También bebía el Gabo. Mario bebía menos, siempre bebía menos. A mí me gusta la gente que beba. A mí siempre me ha engañado la gente que dice que no bebe. Cuando hago negocios con alguien le pregunto, ¿bebes o no?, Ah no!, hasta luego Lucas, ese me engaña.

La gente que bebe vive en otro mundo, un mundo de ensueños, de otras cosas y se siente más libre, más generosa ¿no?. La gente que no bebe es calculadora

—¿Y Mario siempre ha sido así en su vida social, un calculador?

—Pues yo creo que sí, pero te diré que fue Mario quien me hizo probar un pisco sour, bebida que para mí ha sido significativa e importante. Esto es lo que le debo a Mario y no a Alfredo, beber pisco sour

—Sus encuentros con Vargas Llosa se remontan al viejo Café Pelayo de Madrid y estamos hablando de la década del 50

—Si, algo por ahí. Y a Mario alguien le hablo de esas reuniones de escritores antifranquistas que se reunían en el Café Pelayo. Por ese entonces, Mario vivía cerca, por Meléndez Pelayo y es en el Café Pelayo donde empieza a escribir La Ciudad y Los Perros. Luego, se marcha a París donde trabajaba en la radio para América Latina y ahí volví a verlo. Siempre hemos tenido cierto contacto. Y ahora últimamente que vive en Madrid, y que es madrileño y presume que es español y que le gusta más la Paella que el Ceviche

—¿Ha cambiado bastante Mario no?

—Sigo pensando que es más peruano, de derechas, pero peruano. Sabes, él me dijo, Pepe, cuando vayas a Arequipa, tienes que comer chupe de camarones, que para mí resulto ser maravilloso y me la pase toda la semana comiendo chupe de camarones. ¡Y es que me encanta!

Con Mario siempre me he sentido bien, y no es que seamos amigos de todos los días, el lleva una vida de alta sociedad que yo no quiero, ni debo, ni puedo, pero nos llevamos muy bien y su última novela Tiempos Recios me ha reconciliado con su literatura, porque su producción, la de los últimos años, no estaba a la altura de las circunstancias, pero esta sí que lo está. No llega a ser el de La Fiesta del Chivo, pero Tiempos Recios, que es un título de Santa Teresa de Jesús, esta buena

—Una de las cosas que siempre ha llamado la atención y ha concitado cierto morbo es el referido a ese puñete histórico de Mario a Gabriel García Márquez. Usted conoce esa historia…

—Sí, sí que la conozco. No me voy a meter mucho en la historia pero debo decir a favor del Gabo, que siempre quiso hacer las paces con Mario, y Mario nunca quiso hacer las paces con el Gabo. Es más, Mario tiene un libro sobre el Gabo, sobre 100 años de Soledad, un elogio a este libro que nunca ha querido reeditar. Creo que Mario sigue empecinado, muy íntimamente a mi parecer

—¿Fueron problemas de forros?

—Si, si, (Ríe). ¡Y es que los dos eran muy terribles! Se muchas aventuras de Mario que me las contaba la hermana de Bryce, quien me decía: Mario se ha escapado con la ruborosa, una peruana que ha aparecido. Y yo no era quien, para estar pidiéndole cuentas al otro, porque el también hacía lo que podía, (Ríe).

—¿Y es verdad que en una oportunidad usted le enrostra a Mario su militancia en Patria Roja?

—Naturalmente, como veía que Mario se iba más a la derecha en España, pues le dije: ¡Tío, estais hablando con un militante de Patria Roja, te enteras!. Mario me dijo: ¡Uy que horror, que disgusto, es mentira! Yo le decía, pero es verdad, soy de Patria Roja, hasta que uno de sus amigos le dice por ahí que son los amigos de Pepe en El Escorial, que son muy peligrosos, (Ríe). Tengo la confianza para decirle muchas cosas a Mario, y el también a mi claro

—Y como ves en retrospectiva el cambio de postura política, de la militancia en el Partido Comunista a pasar casi a pedir el carnet del Partido Popular o a hacerle ojitos a Abascal de Vox en España

—Es algo lamentable, pero cuando conocí a Mario, en las aventuras que cuenta en Conversación en la Catedral, Mario estaba un poco a la derecha, había roto con la revolución cubana, y ya andaba por peligrosos caminos.

—Conversación en La Catedral una de sus obras monumentales…

—A mí me gusta mucho La Ciudad y Los Perros, Conversación en la Catedral, La Fiesta del Chivo, y me gusta también esta última, Tiempos Recios, pero hay otras que no me gustan como el Elogio de la Madrastra, Los Cuadernos de Don Rigoberto y otras que me parecen malas y se lo he dicho a él.

—Estuvo como invitado el año pasado en la Feria del Libro de Lima, ¿cómo ve a la nueva generación de jóvenes escritores?

—La verdad es que no conozco mucho a los jóvenes escritores. Lo que si me impresionó fue que en la Feria del Libro de Lima había que pagar una entrada. No sé si era pequeña o grande la suma, pero lo cierto es que había cola para entrar. Todos eran gente joven.

Los actos, el de Mario y en el que yo hable, estaban llenos, me quede impresionado, y más cuando en la inauguración el presidente Vizcarra dijo que en Perú no se va a cobrar por leer. Al libro se le quitan los impuestos. Bueno, eso es maravilloso, aunque aquí por eso estamos luchando porque por leer no se debiera de pagar. No sé si lo ha cumplido, pero el presidente lo anunció y eso era muy importante, ya que en el mundo hispano, salvo Colombia, en los demás países se paga impuestos por leer.

—¿Y de los escritores?

—Hay una nueva generación de escritores, lamentablemente es una generación que yo no conozco y de la cual me siento incapaz de juzgarla, pero siento que el porvenir de la lengua española está en Lima, en Bogotá o en cualquier otro lado más que en Madrid. Aunque presumamos que nos encontramos en el culo del mundo.

José Esteban Gonzalo (84)

BRYCE, SU AMOR PERUANO

—¿Y qué me cuenta de su relación con Bryce?

—Bryce es mi “pata”. Lo quiero mucho y me parece un grandísimo escritor y me parece que debiera beber menos

—¿Es verdad ese corrillo que señala que su señora lo pillo a usted y a Bryce en una juerga en su residencia?

—Eso fue algo totalmente inocente. Bryce y yo teníamos mucho éxito, y una de las cualidades de Bryce es que confunde realidad con ficción, pero siempre yo quedaba fatal. Bryce siempre imaginaba historias preciosas. Bryce se hace el pobrecito, decía que estaba solo en Madrid y a las chicas les inspiraba el instinto maternal, era su trampa para “ligar”, (Ríe).

—¿Y sus juergas con Bryce eran con pisco sour también?

—No, eso fue en la casa de Mario. Pero luego con un amigo peruano, Odilón Mucha, montamos una fábrica de pisco sour maravillosa para recibir a las amistades. Te aseguro que en la reedición de mis memorias habrá un capítulo especial para el pisco sour, porque es el coctel que más me gusta y es el mejor. No sé hasta ahora quien inventó el pisco sour, porque yo me temo que los cocteles los inventan los cabrones de los americanos, por ejemplo, sé que el daiquiri, que es el coctel que más gustaba a Hemingway y a mí lo inventaron los gringos hasta que probé el pisco sour. Prefiero que sea un peruano quien haya inventado el pisco sour que un yanqui.

EL PARTIDO

—¿Y cuál fue su lio interno con el dirigente Santiago Carrillo, quien lo acaba expulsando del Partido Comunista de España?

—Me considero comunista, y mucho más incluso de los que militan. El problema del partido era muy difícil a la muerte de Franco. Los dirigentes tenían que volver y pactar con la gente de aquí, y yo estaba en contra de que el partido se bajara los pantalones, y sí que se bajaron los pantalones. Yo seguía los consejos de Jorge Semprún que era mi maestro, y que en España se llamaba Federico Sánchez, por aquel entonces jefe del partido. La policía lo buscaba y jamás consiguieron detenerlo.

Se jugaba la vida. Semprún era un valiente, vaya uno a enfrentarse a la policía de Franco, que era la más torturadora que he visto en el mundo. No seré comunista de partido, pero nunca seré anticomunista y te explico. Yo he sido abogado de obreros, y he visto como la policía española los torturaba. Nosotros no luchábamos por el poder, luchábamos por la libertad, por la justicia social. En verdad, soy comunista más por solidaridad, por fraternidad, que por seguir las doctrinas del Partido Comunista que yo no sabía muy bien cuando me hice militante

—Por un espíritu rebelde…

—Si, por espíritu rebelde, y por la libertad. Además por las condiciones en las que vivía la clase obrera. Y como voy a ser entonces anticomunista si he visto obreros torturados por la libertad. Ellos no ganaban nada, solo luchaban por la libertad, por eso nunca podré ser anticomunista

—¿Y las tertulias en los cafés, eran prácticamente para subvertir al régimen de Franco?

—Yo soy un subversivo. Desde mi época de editor de escritores de la república, reivindicamos a los escritores que habían sido fusilados, a los que estaban en el exilio o a los que la dictadura había silenciado. Y yo que era un cobarde, me he jugado el pellejo muchas veces, ahora me pregunto cómo era yo tan valiente, ¿cómo lo hice?, y no me lo explico, sinceramente.

Quizá una explicación sea, porque antes que editor o agitador cultural, fui abogado de formación, y para ese tiempo, ya existía el Colegio de Abogados de Madrid que era la institución que te defendía. Ahora, la verdad, saldría corriendo como una coneja, (Risas).

—¿Qué te ha marcado en todos estos años de vida Pepe?

—Creo que los 50 años al servicio de la libertad y la literatura. Me quedo con eso.

 

CÉSAR ROBLES AZCURRA

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

Un grupo de policías mus­culosos que llevan pistolas y bastones semiautomáticos se mueven lentamente entre la multitud al final de un con­cierto de salsa al aire libre. Mis amigos y yo tenemos una botella de ron, y creo que los policías lo confiscarán y tal vez hasta nos arresten.

En cambio, la policía nos pide que bebamos, y rápida­mente cumplimos. Confiscan la botella de vidrio para que no se pueda romper y usar como arma.

Este incidente tuvo lugar en La Habana hace algunos años, y dice mucho sobre lo que constituye una buena vi­gilancia policial. Los policías estaban interesados en preve­nir el crimen, no en agravar­lo.

Contrariamente a la ima­gen de comunistas brutales y represivos, la policía en Cuba ofrece un ejemplo instructivo para los activistas en los Es­tados Unidos. La policía vive en las ciudades que patru­llan. Generalmente tratan a los ciudadanos con respeto. Como documenté en mi libro Dateline Havana, las golpizas policiales a criminales son ra­ras y los asesinatos policiales son inexistentes. Cuba tiene una de las tasas de crimina­lidad más bajas de América Latina.

Las continuas protestas por las vidas de los negros en los Estados Unidos han forzado un debate nacional sin precedentes sobre el pa­pel de la policía. ¿Deben los departamentos de policía ser financiados y ese dinero ser desviado para ayudar a las comunidades pobres? ¿Debe­ría la policía ser abolida por completo?

Cuba ha luchado con pro­blemas policiales desde la re­volución de 1959. El gobierno, aunque ciertamente tiene su cuota de fallas, ha creado un sistema de interacción entre la comunidad y la policía que reduce el crimen sin depen­der de la fuerza bruta.

La lucha contra el crimen en Cuba comienza con una red de seguridad social, que brinda a cada cubano educación gratuita, atención médica gratuita y eventos culturales subsidiados. Cuba no sufre los azotes de la falta de vivienda y la adicción a las dro­gas instigada por los carteles, a pe­sar de los intentos regulares de los traficantes de contrabandear dro­gas a Cuba desde Florida.

La economía socialista signifi­ca que Cuba no tiene extremos de riqueza y pobreza. He visitado las casas de funcionarios gubernamen­tales de alto rango que viven en ve­cindarios de ingresos medios. Me he encontrado con agentes de policía que vivían en un modesto complejo de apartamentos en el mismo ve­cindario que patrullaban.

Cuba usa la presión de la comu­nidad para desalentar el crimen. Los Comités para la Defensa de la Revolución (CDR) se crearon origi­nalmente a principios de la década de 1960 para erradicar a los contra­rrevolucionarios respaldados por Estados Unidos. Hoy en día, los CDR promueven la salud pública y ac­túan como grupos de vigilancia del vecindario.

Humberto Carillo Ramírez, un líder nacional de CDR entonces, me dijo en un documental de radio que los residentes locales a menudo sa­ben quiénes son los delincuentes.

“Si una familia no envía a sus hijos a la escuela o si un joven no está trabajando y se está metiendo en problemas…nos reunimos con ellos “, dice. “Vivimos en [su] blo­que… Explicamos por qué es malo para el país y también explicamos las graves consecuencias legales para ellos”.

Cuando los residentes son con­denados por delitos, los miembros de CDR los visitan en la cárcel. “Queremos…reincorporarlos a la so­ciedad después de que salgan “, dice Carillo.

A principios de la década de 1990. Cuba enfrentó una crisis eco­nómica masiva provocada por el co­lapso de la Unión Soviética e inten­sificada por los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al gobierno. Los cubanos enfrentaron una gra­ve escasez de gasolina, alimentos y electricidad. A partir de 1996, la na­ción experimentó un fuerte aumen­to en los robos de viviendas y asaltos callejeros; incluso hubo un intento de robo de un vehículo blindado.

Según los estándares de Estados Unidos, el crimen en Cuba seguía siendo ligero, pero era más de lo que los cubanos estaban dispues­tos a aceptar. En 1999, el gobierno aprobó una ley que duplicó algunas penas de prisión. Los jueces tam­bién permitieron que menos prisioneros salieran en libertad condicional. La policía estaba estacionada en cada esquina de las zonas turísticas. La represión resultó en una caída del 20 por ciento en la delincuencia, me dijo el juez de la Corte Suprema Jorge Bodes Torres en una entre­vista en ese momento.

Él atribuye el éxito a las medidas de “ley y orden” y a la organización comunitaria. “La mayoría de las personas están involucradas en la lucha contra el crimen”, dice. “Ese es el factor más importante”.

Los disidentes políticos cu­banos están totalmente en des­acuerdo. Afirman que la policía golpea y encarcela rutinariamen­te a los opositores del gobierno. Sin embargo, como he documen­tado, muchos de estos disidentes son financiados por Washington y regularmente difunden noti­cias falsas, por lo que sus recla­mos de brutalidad sistemática carecen de credibilidad.

Algunos cubanos tienen quejas legítimas. Entrevisté a docenas de jóvenes afrocubanos que fueron detenidos e interro­gados por la policía porque son negros.

Pablo Michel, un joven afro­cubano, me cuenta que fue detenido por la policía varias veces en las zonas turísticas de La Habana. En una ocasión, llevó a dos turistas blancas al aeropuerto de La Habana. La po­licía se detuvo e interrogó a Mi­chel, sospechando que estaba dirigiendo un servicio de taxi ilegal. Él dice que los cubanos blancos que llevan extranjeros al aeropuerto “no tienen los mismos problemas”.

Michel y otros entrevistados dicen que la policía no realiza búsquedas violentas y que no golpean ni disparan a los sospe­chosos. Sin embargo, muchos policías estereotipados cubanos de piel oscura como ladrones y buscavidas, dice.

A fines del año pasado, el gobierno cubano anunció una importante campaña contra el racismo. Los funcionarios pla­nean identificar áreas específi­cas de discriminación, iniciar un debate público y educar al público.

“Este es un verdadero paso adelante, después de haber lu­chado durante tantos años”, dijo a Reuters Deyni Terri, fundado­ra de la Alianza de Unidad Racial en La Habana, en noviembre pa­sado. “Es un buen comienzo.”

Obviamente, las institu­ciones desarrolladas en Cuba no pueden transferirse sim­plemente al por mayor a los Estados Unidos. Pero podemos aprender del concepto de parti­cipación de la comunidad, dice Max Rameau, un organizador del grupo de base Pan-African Community Action con sede en Washington, DC, que ha es­tudiado las prácticas policiales cubanas.

“Necesitamos diferentes en­tidades de la comunidad para diferentes tareas que son res­ponsables de la seguridad y el bienestar del vecindario”, me dice en una entrevista telefó­nica. Por ejemplo, los grupos comunitarios estadounidenses pueden resolver problemas de salud mental y disputas familia­res sin involucrar a la policía.

Pero Rameau no apoya des­hacerse de la policía por com­pleto.

Si un supremacista blanco ataca a una iglesia negra, como sucedió en Carolina del Sur en 2015, dice: “Queremos asegu­rarnos de que nuestro equi­po de seguridad comunitaria pueda responder. En cualquier sociedad con diferentes clases, tendrás policía. Pero debería­mos tener control sobre ellos”.

El debate de los Estados Unidos sobre la actuación policial se ha desplazado cla­ramente hacia la izquierda. Después del asesinato po­licial de Michael Brown en 2014 en Ferguson, Missouri, los políticos pidieron a la policía que usara cámaras corporales. Hoy, después del asesinato de George Floyd, el Ayuntamiento de Minneapo­lis ha votado para desmante­lar la fuerza policial, aunque todavía está dando detalles.

Los grupos contra la bru­talidad policial han desarro­llado una variedad de planes para descentralizar los de­partamentos de policía en fuerzas comunitarias, gober­nadas por juntas civiles.

Por primera vez en la historia reciente, personas de todos los orígenes en los Estados Unidos están dis­cutiendo seriamente cómo cambiar fundamentalmente las fuerzas policiales. Las ex­periencias de Cuba deberían ser parte de esa discusión.

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

Un chatbot para faci­litar el reporte remoto de casos de coronavirus es uno de los proyectos ganadores del “MIT Co­vid-19 Challenge: Latin America vs Covid-19”, una hackatón virtual de 48 horas desarrollada para buscar soluciones de impacto relevante en Latinoamérica.

Esta aplicación que usa inteligencia artifi­cial fue creada por un grupo de estudiantes de las universidades de Harvard, Stanford y Brown, entre los que se encuentran cuatro peruanos.

Una integrante del equipo es Valerie Agui­lar Dellisanti, quien jun­to con sus compañeros, se propuso crear un sistema para realizar chequeos y controles de forma remota para la detección de la en­fermedad.

ASÍ FUNCIONA

“Imaginemos que una persona tiene sín­tomas de coronavirus, entonces envía un men­saje a nuestro chatbot que verifica sus datos de identidad y a través de los SMS le realiza un triaje, y con esa informa­ción detallada se hace un diagnóstico. Poste­riormente, dependiendo del resultado, se hace un seguimiento o se lo re­dirige a la central 113”, explica Valerie, orgullo­sa de que su proyecto haya resultado uno de los elegidos.

Su equipo estuvo con­formado por Marcelo Peña, Valeria Wu y Ro­drigo Chanamé de Perú; Jorge Armenta, Santiago Hernández y José Lavarie­ga de México, todos ellos estudiantes universitarios de las principales univer­sidades de EE. UU.

La hackatón, organiza­da por el Instituto Tecno­lógico de Massachusetts (MIT), se realizó del 19 al 21 de junio y convocó a 1 500 jóvenes emprende­dores de todo el mundo, quienes en equipos multi­disciplinarios colaboraron para desarrollar solucio­nes innovadoras frente a la crisis de Covid-19.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

COORDINACIÓN CON EL GOBIERNO

Como se recordará Valerie, egresada de los colegios Saco Oliveros y Alexander Von Hum­boldt, sorprendió el año pasado a la comunidad educativa al ganar be­cas en 10 universidades top del mundo: Yale, Duke, Amherst Colle­ge, Singapur y Brown, entre otras.

Ella ahora busca co­ordinar la integración de los datos del bot con la base de datos del Es­tado para implementar este servicio que será de gran ayuda para nues­tro sistema de preven­ción y diagnóstico del coronavirus.

“Por ahora necesita­mos contactos con el Estado, con la Reniec y los ejecutivos del Mi­nisterio de Salud y de la Línea 113 para incorpo­rar los datos al sistema y realizar las pruebas lo más antes posible para colaborar en la lucha contra esta pandemia.”, puntualiza.

Actualmente, Va­lerie Aguilar cursa el primer año en la Uni­versidad de Brown y seguirá dos carreras: Ingeniería de Sistemas y Economía y Relacio­nes Internacionales y Públicas.

En tanto emplea toda su energía, conoci­miento y liderazgo para contribuir a frenar esta pandemia mundial en el país.

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

Hace unos días, un equipo de 85 médicos procedentes de Cuba llegó a nuestro país como parte de un acuerdo solidario entre el estado peruano y el gobierno de dicho país para brindar apoyo en la lucha contra la pandemia del Covid19 que se desarrolla inten­samente a lo largo de nuestro territorio nacional.

Para conocer los detalles de esta misión médica conversa­mos con Sergio González, emba­jador de Cuba en el Perú, quien nos comentó que este grupo de profesionales de la salud estará destacado en Ayacucho (16), Mo­quegua (16), Arequipa (26) y An­cash (27). “En esta última región comenzarán a trabajar en Chim­bote, donde al parecer existe un preocupante crecimiento de la epidemia”, expresó.

—¿Cómo han sido las nego­ciaciones con el estado perua­no para concretar la ayuda?

— Intensas y fructíferas. Las partes han debido evaluar innu­merables detalles técnicos pro­pios de la actividad médica a la que se enfrentarán los colabora­dores de la Isla, pero sobre todo los relativos a las condiciones de trabajo y condiciones prácticas de existencia, que se han acorda­do en estricto apego a las normas laborales, migratorias y hasta sa­nitarias de ambos países. Todo esto debió hacerse en las circuns­tancias que impone el modo pausa mundial, la limitación de movimientos dentro del Perú, el cierre de aeropuertos que impli­ca el cese de las operaciones de las aerolíneas y otras. Pero pre­valeció el ánimo de concretar la iniciativa, que fue ampliamente consensuada entre las autori­dades de gobierno y las goberna­ciones regionales, el ministerio de Salud, el de Relaciones Exteriores y el Colegio Médico, así como los mi­nisterios homólogos cubanos y las respectivas embajadas. En el tramo final, el ministerio de Defensa y la Policía Nacional del Perú desempe­ñaron un decisivo rol para asegurar el traslado.

—¿Aparte de Perú a que otros países de la región están llegan­do para brindar el apoyo solida­rio?

— Para enfrentar la Covid-19 han viajado alrededor de 2,500 co­laboradores en 32 brigadas cuba­nas del contingente Henry Reeve a 25 países. En algunos casos se han sumado a otros profesionales que ya estaban trabajando en virtud de acuerdos bilaterales previos.

En la región, están en Antigua y Barbudas, Barbados, Belice, Do­minica, Granada, Honduras, Haití, Jamaica, México, Nicaragua, Suri­name, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Trinidad y Tobago y Venezuela.

En África están en Angola, Togo, Cabo Verde y Sudáfrica. En Europa, están en Italia y Andorra. Tam­bién están en el Medio Oriente, en Kuwait y Qatar.

Es por este aporte que se ha le­vantado una campaña internacio­nal a favor de la concesión del Pre­mio Nobel al contingente para la cooperación Henry Reeve, al que ya la OMS le otorgó el premio Dr. Lee Jong Wook.

— Este aporte cubano for­ma parte de la larga historia de solidaridad hacia nuestro país ¿qué significado tiene 50 años después del apoyo a Perú tras el terremoto de 1970?

— Extraordinario simbolismo. Un día como ayer, 06 de junio, hace 50 años Fidel se tendió en una camilla de un banco de sangre del barrio Vedado e hizo una donación, con la que convocó a los 8 millones 500 mil cubanos de entonces a dar su aporte voluntario. 150 mil bolsas de sangre y plasma se recogieron y, posteriormente, 37 constructores levantaron 6 hospitales, tres de ellos en la región. Hace unos meses pude visitar 2 que todavía funcionan y ahora van a alojar probablemente a una nueva hornada de médicos cu­banos. La mayor parte de ellos, no había nacido hace 50 años.

Es decir, la historia tiene esos ciclos, esas sorpresas. Para comple­tar, por estos mismos días en que conmemoramos medio siglo de la epopeya de solidaridad que siguió al terremoto, un grupo de la Aso­ciación Peruana de Graduados en Cuba hizo una donación de cajas de equipos de protección personal (EPP) a los colaboradores que han venido a sumarse a la lucha contra la Covid 19. Fueron una representación de los alre­dedor de 2,000 galenos graduados en Cuba por las becas otorgadas en dife­rentes momentos por el gobierno revo­lucionario.

—¿Qué le responden a las voces que hablan -otra vez- de una injeren­cia política cada vez que Cuba envía a sus médicos?

— Apenas le prestamos atención. Significa que cabalgamos, para recor­dar al Quijote. Pero no dejamos de re­flexionar.

La derecha recalcitrante y nuestros detractores tienen un dilema irracional e insoluble. ¡Que se pongan de acuerdo! O los acusan de ser “esclavos” o de ser “espías”, pero ambas condiciones, com­prenderás, son incompatibles. No exis­te la magia que pueda convertir a un esclavo en espía o agente político.

Es parte de la narrativa del eje Washington-Miami, que después en­cuentra en el Nuevo Herald y el grupo El Comercio una siempre servicial caja de resonancia. Parecía superada en la última etapa de la administración Oba­ma, quien llegó a suprimir el llamado Programa Parole para Profesionales Médicos Cubanos (que instaba a los médicos a desertar de sus misiones) y previamente había dicho (22 de marzo de 2016):

“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los po­bres y los que sufren. El año pasado, tra­bajadores de la salud estadounidenses –y militares de EEUU– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vi­das y acabar con el Ébola en África Occi­dental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países”.

Pero cambió la administración y dentro de la nueva se entronizó la ma­fia mayamera, con Marco Rubio a la cabeza y su furibundo odio anticubano. El inefable John Bolton, asesor para la seguridad nacional, resumió en un ca­pricho la nueva doctrina: acabar con el mito de la medicina cubana y su coope­ración.

Aquí cabe la especulación. Tendrían nuestros detractores la misma desfa­chatez y mezquindad de actuar contra la hipotética administración de Hillary Clinton, de haber mantenido la actitud de Obama? Se opondrían a la “línea de Washington” si una administración diferente se decidiera por una actitud ci­vilizada de cooperación como insinuaba Obama?.

Pompeo – de quien todavía espera­mos una condena contra el ataque te­rrorista contra la embajada de Cuba en Washington, que su gobierno debería proteger— no pierde ocasión para de­nostar la colaboración cubana un día sí y otro también. Con él, el subsecretario Kozak y su encargada de negocios en La Habana, articulan un belicoso equipo de choque.

Después, un par de gobiernos obse­cuentes de la región y parte de la prensa derechista hacen el resto. Cuando, en medio de la epidemia, las muertes en EEUU alcanzaban los 6 dígitos, el gobier­no de Trump decidió dedicar 3 millones de dólares de los que aportan los contri­buyentes norteamericanos a perseguir y denunciar supuestas violaciones de los derechos de nuestros colaboradores. No los dedicó a comprar los tan nece­sarios ventiladores mecánicos ni al de­sarrollo de la vacuna contra la covid, sino a “acabar con el mito de la medi­cina cubana”. Nadie más en el Mundo, aparte de esos 4 gatos, está preocupado por los supuestos inconvenientes de la colaboración médica cubana.

Eso es lo que te diría, Francisco, para evitar hablar del irrespeto y la afrenta que significa para 164 países que sean considerados como “esclavistas” o ton­tos manipulables por haber recibido la colaboración de más de 400,000 profe­sionales de la salud de Cuba en 56 años, ni más concretamente de las 66 naciones en que hoy se desempeñan 29,000.

Y por si acaso, ratificamos que no queremos el copyright de los esquemas de colaboración. Si alguna gran potencia quiere emularnos, bienvenida sea. Ojalá tuviéramos a los médicos norteameri­canos o de otros países desplegados en todo el mundo resolviendo los abruma­dores problemas de salud y superando las carencias que la Covid 19 ha puesto de manifiesto.

No andamos por el Mundo torciendo brazos, ni utilizamos la solidaridad – porque no sería tal— ni la colaboración como moneda de cambio. La evidencia la puedes encontrar en que hemos man­tenido los acuerdos de colaboración en países que cambiaron de gobierno y sig­no político, incluso como resultado de golpes de estado. Allí donde las nuevas autoridades respetaron los acuerdos y manifestaron su interés por la actividad, nuestros colaboradores prosiguieron en­tregando sus esfuerzos con toda legitimi­dad y dignidad para beneficio de la salud de los pueblos que los acogieron.

A Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

A
Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

—¿Cómo está Cuba afrontando este tema de la pandemia?

Creo que no es pretencioso decir que estábamos preparados para la pandemia desde hace muchos años. Es decir, no tu­vimos que prepararnos para “este” fenó­meno en particular porque hemos desa­rrollado un sólido sistema de salud con capacidades suficientes para enfrentar cualquier contingencia y además con­tribuir a la lucha mundial contra otros flagelos.

La clave para el éxito de esa lucha han sido las políticas públicas, a partir de una firme voluntad del estado y la consideración de la salud como derecho humano inalienable, no una mercancía.

No se gradúan 95 mil médicos en una década. No se consigue una densi­dad de médicos de 9 por cada 1,000 habi­tantes (la mayor del mundo) de la noche a la mañana, ni se consiguen 5,2 camas hospitalarias por cada 1,000 personas en cuestión de semanas.

La epidemia la hemos enfrentado con un doble anillo de contención. El primero, con medidas sociales de prevención, apoyadas en ese potencial de recursos humanos calificados. Esto ha permitido que, sin llegar a la inmovilización general obligatoria, se hayan podido detectar los focos de contagio (unos 45 eventos), aislarlos y desactivarlos. La decisión ha sido aislar no solo a los contagiados activos, sino también a los asintomáticos y los sospechosos, en instituciones del Estado.

En el segundo anillo están las acciones clínicas y los protocolos de enfrentamiento a la epidemia una vez que se detecta un sospechoso. Para él se utilizan tratamientos preventivos. Luego, para los que desarrollan síntomas, se utiliza una variedad de acciones que incluyen el suministro de alrededor de 20 fármacos, la mayoría fabricados en Cuba. Se cuentan entre ellos el interferón alfa 2B ®, el itolizumab y un péptido novedoso creado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana que lleva su nombre, el CIGB-258.

— ¿Vendrá otro grupo de profesionales o solo estos 85 que han llegado a Perú?

— Todo dependerá de cómo evolucione la pandemia en el Perú y en otras partes del mundo, que también han reclamado la colaboración cubana. Por nuestra parte, estaremos atentos a los requerimientos peruanos y haremos las evaluaciones pertinentes en cada momento. Voluntad de ayudar no nos faltará.

 

Y APLICAN FÁRMACOS CON ÉXITO

Científicos cubanos tras vacuna contra Covid-19

—¿Qué aportes científi­cos están brindando en esta lucha de encontrar una va­cuna?

— El interferón cubano se utilizó con gran éxito en Chi­na; mientras que el CIGB-258 ha sido efectivo en el 78% de los casos críticos y el 92,3% de los graves tratados en Cuba, mientras que a nivel mundial la sobrevivencia de los casos críticos que se logra es 30% sin el uso del mismo.

Aquí entra a jugar la otra conquista de la Revolución: su emblemática biotecnología y su industria farmacéutica, el desarrollo del potencial cientí­fico de la Isla.

La aplicación de estas con­ductas nos permitió superar a fines de abril el pico de la epidemia. Para que tengas una idea, La Habana ha sido el epi­centro y allí, en esos días de mayor cantidad de casos acti­vos, sólo se ocupó el 30% de las camas hospitalarias y el 8% de las camas de cuidados intensi­vos.

Hoy tenemos 248 casos activos y 3 críticos o graves, una situación favorable que nos permite considerar que la epidemia está bajo con­trol. Hemos acumulado 190 contagiados por cada millón de habitantes y lamentado la muerte de 7 personas por cada millón. Cuba ocupa el lugar 93 por el número de contagiados absolutos en el universo de más de 200 paí­ses.

El CIGB es uno de más de 100 centros de investigación que desarrolla un candidato vacunal contra la Covid-19. Pero las investigaciones avan­zan en ambos sentidos: en la búsqueda de la vacuna y en el desarrollo de tratamientos para la curación.

 

 

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