«Mamacha» Maricarmen, la verdadera representante

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Editorial Diario UNO

En Huancavelica se transformó. En unos minutos dejó de ser la presidenta del Congreso de la República, doctora María del Carmen Alva, para convertirse en una paisana más. Para ello se hizo las trenzas -ayudada por su peluquera pagada por el Parlamento-, calzó las enaguas y las polleras (uff!!, que incomodidad) y como pudo se acomodó la lliclla y el sombrero. Y zas!!!, quedó cambiada, ya era la mamacha Maricarmen. Con ese atavío salió a la tribuna y dio su ultimátum rotundo: «Estamos recorriendo el país para estar cerca de ustedes y que nos conozcan. Porque nosotros somos los verdaderos representantes del pueblo, de ustedes» dijo agitada y pensó que era muy duros los sacrificios que sus asesores le habían programado para proyectarse como la mejor alternativa para nueva presidenta del Perú

Tras escuchar sus palabras, todo el país tembló de entusiasmo. En la comunidad de Fuerabamba, en Apurímac, los campesinos pensaron que tras mases de conflicto, por fin, la presidenta del Congreso llegaría para sentarse en la Mesa de Diálogo con la empresa MMG Las Bambas, para garantizar con su presencia que se levante el estado de Emergencia. Más al norte, en medio de la hoya amazónica en Manseriche, Loreto, los nativos awajún respiraron aliviados porque imaginaron que la Mamacha llegaría y se pintaría la cara de ocre para apoyar sus reclamos contra la empresa estatal Petroperú. También en Lima, las polvorientas calles de Jicamarca se llenaron de júbilo pensando que la «verdadera representante» se acercaría a ellos para ayudarlos en sus reclamos contra Sedapal y la ARCC, para que se construyan las conexiones de agua y alcantarillado que nunca han tenido y para que se canalice el Huaycoloro.

No fueron los únicos lugares en los que su anuncio sonó a música celestial. También los pescadores de Ventanilla, Ancón y Chancay, soñaron con que la reconvertida Maricarmen se remangaría el pantalón y treparía en una chalana para ver cómo el mar seguía contaminado negándoles sus frutos por culpa de Repsol. Igual ocurrió en ciudad Gozen, Ticlio Chico, cubierta por la neblina…

Pero el sueño colectivo de una congresista de verdad identificada con el pueblo no duró mucho. Solo a las 24 horas de estancia en Huancavelica, cuando se encontraba en Lecclespampa, a 3,423 m s.n.m., Maricarmen ya no pudo más y se desvaneció por el soroche. En un segundo renunció a la idea, se soltó la trenza y arrojó el poncho «¡Ya me cansé de ser mamacha, vámonos a Lima!» fue lo último que se le oyó decir.

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