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Lima y una novela poco conocida

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Lima y una novela poco conocida

En la producción intelectual sobre Lima, muchos escritores, científicos sociales, periodistas, abogados, etc. han escrito miles de páginas sobre sus costumbres, los hechos históricos más significativos, la fundación hispánica, los primeros habitantes, etc. En las siguientes líneas buscamos rescatar una obra (casi) desconocida en la cual, la ciudad aparece con sus personajes y costumbres de época.

Una Novela Limeña, es una obra colectiva. Fue escrita por 13 de los mejores escritores de Lima de la década de 1920 –es decir, del Oncenio de Leguía-. En realidad, el nombre de la novela ha sido dado muchos años después por Luis Alberto Sánchez, quien la reeditó –en formato de libro- en 1967. En su versión primigenia, no llegó a tener nombre y, es más, jamás terminó, fue abruptamente cortada por los problemas financieros de Hogar, la revista en la cual vio la luz en 1920. Como ya se indicó, fue escrita por 13 de los mejores escritores de la época, estos son: José Gálvez, Ignacio Brandariz, “Juan de Zavaleta” (seudónimo de autor aun desconocido), Reynaldo Saavedra Pinón, Luis Alberto Sánchez, Ricardo Vegas García, Raúl Porras Barrenechea, Manuel Moncloa Ordóñez, Juan Bromley, Felipe Rotalde, Félix del Valle, Gastón Roger y Luis Fernán Cisneros. Cada uno de los autores publicó un capítulo de la “Novela de Hogar” sin saber muchas veces cuáles serían los acontecimientos del capítulo que le antecedió.

José Gálvez Barrenechea (muy celebrado por Una Lima que se Va), fue el primero en escribir. Hace una descripción del paisaje urbano: “Juan Antonio enternecido sonrió y minutos después cerraba la verja de su quinta de Breña y paso a paso cuando ya se cuajaba densas las sombras avanzó por el Paseo Colón”. En la década de 1920, Breña –junto a La Victoria- fue un barrio nuevo, donde se asentaron los migrantes del interior y del extranjero que, con el tiempo, serán las nuevas clases medias urbanas, mientras que, el Paseo Colón, fue el nuevo barrio aristocrático. El Jirón de la Unión empezó a ceder frente a las nuevas construcciones que exteriorizaban el estatus social de sus habitantes. Pasear por el Paseo Colón fue una costumbre de los limeños para saludar a los importantes vecinos ahí afincados.

Ignacio Brandariz, autor del segundo capítulo, destacó a Luisa, quien se enamoró de Juan Antonio. La descripción de ese sublime momento es la siguiente: “Fue una tarde en el lindo paseo que va de Chorrillos a la Herradura. Desdeñando el camino trillado, habían subido, jadeando, desde la playa por el último saliente de las rocas para encontrar directamente la vereda del cerro”. A inicios del siglo XX, Lima era una ciudad que no limitaba con el mar. Los habitantes de la capital se trasladaban hasta los balnearios del Pacífico: Miraflores, Barranco y Chorrillos.

Estos tres balnearios del sur, fueron desbastados por los ejércitos chilenos durante la Guerra de 1879, pero lograron resurgir gracias a las familias aristocráticas de la capital que decidieron avecindarse en ellas. Con la llegada del tranvía, muchos limeños decidieron vivir en forma permanente en los mismos, generando –de esa forma- una expansión urbana de la capital hacia el Océano Pacífico. Así, mientras Barranco se convertía en el “barrio de poetas y pintores”, Chorrillos era el lugar del paseo de verano. El viejo malecón chorrillano, durante el verano, se colmaba de jóvenes aristocráticos que paseaban del brazo con sus novias, mientras exhibían sus capas que los distinguían como alumnos de San marcos.

Lima y una novela poco conocida

“Juan de Zavaleta” es el autor del tercer capítulo. En este capítulo se destaca el histórico barrio del Rímac –o barrio bajopontino-, lugar de paseo por excelencia: “Sonriendo las dos amigas avanzaron hasta el automóvil que las esperaba al fin de la Alameda, allí donde los álamos enhiestos anunciaban el comienzo del camino a Amancaes”. La Alameda de los Descalzos es una viejo lugar de paseo colonial muy reconocido entre los viejos limeños, además, la Pampa de Amancaes fue el sitio predilecto para realizar fiestas con guitarra y cajón, donde lo criollo se mezcló con lo andino. Un sitio de costumbres y tradiciones.

El capítulo cuarto fue escrito por Reynaldo Saavedra Pinón. Es el más breve, transcurre entre el Rímac y el Jirón de la Unión, destacando que “Has sabido las murmuraciones del Palais y Broggi y te apresuras…”. En el Jirón de la Unión existieron muchos lugares de reunión, donde jóvenes intelectuales realizaron tertulias que, en muchos casos, influenciaron en sus obras. El Palais Concert fue una confitería donde se reunió lo más importante de la nueva generación de intelectuales de la segunda década del siglo XX. Destacaron Abraham Valdelomar; José Carlos Mariátegui, Federico More, Félix Del Valle, Leonidas Yerovi, Alfredo González Prada, Alberto Ulloa Sotomayor, Manuel Jesús Contreras, entre otros. Mientras que, la confitería Broggi se caracterizó por sus helados, que fueron del gusto de la aristocracia limeña y los inmigrantes europeos radicados en la capital. El autor del quinto capítulo fue Luis Alberto Sánchez, quien en la primera parte mantiene la escena en el Broggi, pero luego la escena cambia: “…y juntos se dirigieron a la Plaza Bolognesi. De allí, paso a paso, regresaron por el centro, torciendo por Plateros de San Pedro y se encaminaron al Mercado…Eran las cuatro de la mañana. Cenaron en el “Can-Can”…”. Plateros de San Pedro es actualmente la primera cuadra del jirón Ucayali, desde donde se llega al Mercado Central, lugar preferido por los noctámbulos y los bohemios ya que, en el se avecindaron inmigrantes asiáticos que hicieron del lugar, un espacio gastronómico muy importante, así como por las casas de juego y diversión de adultos.

Ricardo Vegas García fue el autor del sexto capítulo, en el cual “Caminó, paso a paso, hasta el Parque Zoológico y delante de él, cogió un auto, ordenando al chauffeur: “al Club Nacional”. El antiguo Parque Zoológico de Lima se ubicó en la parte sur del Parque de la Exposición. En ese lugar, entre el viejo restaurante de La Cabaña y la laguna del Parque Japonés, se ubicó el Zoológico, además, el escritor utilizó la palabra francesa “chauffeur” para designar al conductor del auto, es el origen de nuestro “chofer” y, el Club Nacional siempre fue parte de la arquitectura de la Plaza San Martín.

En el capítulo siete, que fue obra de Raúl Porras Barrenechea, Lima es descrita como murmuradora, las visitas a las casas de las amigas y Juan Antonio recuerda las clases de su “…obeso catedrático de Historia, en los días apenas distantes de su paso por la Universidad de San Marcos…”. No olvidemos que Porras Barrenechea fue uno de los principales historiadores peruanos del siglo XX, formado en San Marcos, donde llegó a la docencia. San Marcos fue una universidad aristocrática, donde los docentes y los alumnos no sólo compartieron un espacio académico sino también, un espacio social.

Manuel Moncloa Ordónez fue el encargado de escribir el capítulo octavo. En él, Moncloa nos permite conocer algunas de los usos y costumbres de la capital durante las primeras décadas del siglo XX. Así, la lectura de la revista La Vie Parisienne, es común entre los jóvenes de la época, lo que demuestra esa afinidad que tuvo el francés y la vida al estilo francés. Por ello, en Lima lo común es pronunciar restaurante, boulevard, carnet, etc. Es más, Moncloa escenifica el brindis con whisky-sour, el antepasado directo del posterior pisco-sour. Además, “Cuando Juan Antonio se despidió llegó a la joyería de Wallach, los amigos de un corro discutían el asunto”.

En el libro: Lima, La Ciudad de los Virreyes, se anota que la Wallach Hnos., fue la Antigua casa Rosemberg y Wallach ubicada en la calle de Mercaderes 464 (hoy cuadra 4 del Jirón de la Unión), que importaba al país gran cantidad de joyas “de extraordinaria calidad”. Juan Bromley, es el autor del capítulo nueve. “En ocho días de enclaustramiento y de meditación en su pacífica casa de Breña…”, debido a que, como ya se anotó líneas arriba, Breña era uno de los barrios nuevos de Lima, a las afueras de la ciudad.

El capítulo diez es obra de Felipe Rotalde, donde destacó que “Octubre para los limeños, tiene sus encantos”. Así, el mes de Lima muchas veces no es enero –cuando los españoles refundaron la ciudad- sino es octubre, cuando la tradición impregna la ciudad de colores y olores, que son del agrado de las grandes mayorías. Félix Del Valle, es el encargado de continuar la novela en el capítulo once. “Y recordó desde las primeras horas de la noche en que había ido a la fiesta pública que se realizara en el Paseo Colón”. Las calles principales de la ciudad así como las plazas públicas, fueron lugares de retretas, en las cuales, las bandas de música de las fuerzas armadas o gendarmería, tocaban las músicas de moda para beneplácito de los asistentes.

Es muy común en los relatos y memorias de los antiguos habitantes de la capital, el recuerdo de la retreta. Una costumbre que se ha ido perdiendo en la ciudad. Gastón Roger escribió el capítulo doce, “En seguida, una matinée en el tennis, una comida en el Zoológico, una vermouth en el Excelsior, unos estudios intencionados en el Palais, un nervioso encuentro en la fotografía de Goyzueta”. El Teatro Excelsior se ubicó en la calle de Baquíjano (sétima cuadra del Jirón de la Unión) desde julio de 1914, año de su inauguración. Fue propiedad del la Empresa de Teatros y Cinemas Ltda., con una capacidad de 700 asientos d platea, 54 palcos y 300 butacas de galería. El Estudio Fotográfico de Diego Goyzueta se ubicó en la calle Mantas 180 (primera cuadra del jirón Callao). Con el capítulo trece, escrito por Luis Fernán Cisneros, la novela quedó inconclusa, pero en cada capítulo, los espacios urbanos de Lima se mezclan con escenas de amor y sufrimiento. Un proyecto literario bastante peculiar que ha permitido la conservación de algunas de las costumbres de la ciudad.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Relación entre generación y clase social en el pensamiento de Pablo Macera

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Pablo Macera

Pablo Macera ha muerto. Y con él, se termina una generación de historiadores que, a la vez, fueron actores políticos de un país en permanente transición. No fue ultraconservador e hispanista como José de la Riva Agüero y Osma. Tampoco fue conservador y tradicionista como José Gálvez Barrenechea o Raúl Porras Barrenechea. Más crítico que Jorge Basadre Grohmann, pero sin la militancia y la organicidad de Alberto Flores Galindo Segura. Pero, siempre fue político y tuvo la valentía de jamás negarlo. En el mundo de los historiadores, todos hacemos política. Aunque, actualmente existe la hipocresía de afirmar “yo no hago política”, pero siempre defienden el actual modelo económico y el sistema vigente.

En política, Macera no apoyó regímenes fascistas como lo hizo Riva-Agüero. No fue Ministro de gobiernos burgueses como lo fue Basadre. Aunque, posteriormente Basadre mostró cierta simpatía por las reformas sociales de Velasco. Flores-Galindo siempre apostó y aportó por una interpretación marxista de la historia del Perú. Pero, Pablo Macera apoyó y se convirtió en el intelectual favorito del fujimorato. Gran error que le pasará factura por siempre. Apoyó un régimen cleptómano que violó Derechos Humanos y con su Constitución Política liquidó cualquier futuro para los peruanos en su propio país.

Pese a ello, se debe reconocer sus aportes de mucha valía. En San Marcos tuvo que enfrentar a la manada aprista que en todo momento lo quiso silenciar. Sus investigaciones y publicaciones son la mejor demostración de su valía como científico social. Además, el acercamiento hacia él, de los estudiantes de orientación socialista, lo convirtió en una suerte de oráculo para tratar de entender la situación futura del país. Es un periodo en el cual Macera fue amado y odiado. Es la principal característica de un maestro. Fue socialista sin ser socialista. Fue marxista sin ser marxista. Fue crítico siendo muy crítico.

Pablo Macera D´allorso publicó en 1977 sus cuatro volúmenes de Trabajos de Historia. En las Explicaciones del Tomo I anotó que:

¨La Generación es la clase social –o fracción de clase- en un momento de su desarrollo y tal como actúa al nivel ideológico. No está constituida en este contexto por la totalidad de los miembros de una clase sino únicamente por aquellos que dentro de ella desempeñan el papel de intelectuales orgánicos o funcionarios ideológicos suyos o que al menos se preparan para serlo. Por esta razón cuando hablamos de generaciones diferentes y sucesivas no estamos hablando necesariamente de clases diferentes. Puede ocurrir al contrario que varias generaciones (sucesivas o no) expresen o representen a una misma clase social. Lo cual no significa que entre dos generaciones pertenecientes a una misma clase no pueda haber oposiciones. Las hay con frecuencia pero se trata, en tal caso, de contradicciones secundarias. Sólo expresan variantes ocasionadas o bien por la respectiva fracción de clase o bien por competencias internas para asumir el liderazgo ideológico dentro de la propia clase en común¨.

Según Pablo Macera, las generaciones están formadas exclusivamente por intelectuales orgánicos o funcionarios ideológicos, aquellos que se dedican a pensar, siendo su dinámica interna producto de la búsqueda de liderazgo. De esta manera, una generación estará marcada por el liderazgo que logró ejercer sobre la clase a la que pertenece y sobre la sociedad donde se encuentra. Las generaciones son minorías de intelectuales que detentan o buscan el liderazgo social. Ese sería el caso del propio Macera y su accionar político parlamentario frustrado y frustrante.

Pablo Macera

Además, Macera agregó que:

“Con relación a este concepto de Generación-Clase hay que considerar algunos problemas. El primero puede ser resumido en una pregunta: en un momento dado ¿puede estar actuando competitivamente varias clases sociales con sus respectivas generaciones e ideologías? La respuesta varía según cuál sea la sociedad implicada. Cuando la clase dominante tiene el control absoluto de la ideología la respuesta será negativa. A lo más pueden presentarse conflictos menores entre fracciones de clase. Donde ese control se ha perdido o es materia de disputa puede haber en cambio la oportunidad del enfrentamiento entre diversas clases. Esta es la situación en el Perú de hoy, y desde algún tiempo, con sus intelectuales de izquierda y de derecha”.

César Pacheco Vélez determinó que la Generación Novecientos o Arielista y el grupoColónida fue integrada por dos grupos: los nacidos entre 1877 y 1884 (Seniors o mayores), destacando: Luis Varela y Orbegoso “Clovis”; Horacio H. Urteaga; José María de la Jara y Ureta; Luis Fernán Cisneros; Francisco García Calderón; Víctor Andrés Belaunde y Baltazar Caravedo. Y, aquellos que nacieron entre 1885 y 1891 (Juniors o menores), destacando: José Gálvez Barrenechea; José de la Riva-Agüero y Osma; José Antonio Encinas; Felipe Cossio del Pomar; Ventura García Calderón; Alfredo González-Prada; Federico More; Abraham Valdelomar; Luis E. Valcárcel; Manuel Prado Ugarteche; Rubén Vargas Ugarte; etc.

Como se puede percibir, la gran mayoría de estos intelectuales pertenecieron a la vieja aristocracia peruana del siglo XIX. Hijos de hacendados, grandes comerciantes y políticos, su destino ya estaba marcado. Estudiaron en los principales colegios de Lima o capitales de departamentos; luego se encontrarían en San Marcos. Su vida estaría señalada por la actividad reflexiva y creadora. Llegando, la gran mayoría, a cargos importantes en el Estado.

Pero, pese al origen casi común, con el tiempo algunos de ellos decidieron optar por posiciones muy distintas y distantes a su clase social de origen. Por ejemplo, Luis E Valcárcel se convirtió en el pensador indigenista de izquierda más importante del país. Sus trabajos e investigaciones sirvieron para precisar el origen y el desarrollo de la situación de explotación que vivían las grandes mayorías indígenas y campesinas en el Perú rural y urbano. Textos cargados con graves y valientes denuncias.

Otro caso digno de resaltar es el de José Antonio Encinas. Maestro sanmarquino a quien el gobierno de Sánchez Cerro le negó el derecho a ocupar el Rectorado de San Marcos. Incluso, en 1931, formó parte de la Comisión para elaborar un Proyecto de Ley de Elecciones. Dicha Comisión fue conformada por jóvenes intelectuales. Ellos fueron: José Antonio Encinas Franco, César Antonio Ugarte Ocampo, Federico More Barrionuevo, Luis E. Valcárcel Vizcarra, Jorge Basadre Grohmann, Alberto Arca Parró, Carlos Enrique Telaya Ackermann, Luis Alberto Sánchez y Carlos Manuel Cox. Los dos últimos de confesa militancia en el PAP.

Jorge Basadre y Carlos Manuel Cox, desde el principio, mostraron su posición de otorgar el voto a las mujeres mayores de 21 años, letradas y con empleo o estudiantes universitarias. El voto para mujeres de la clase dominante. En cambio, José Antonio Encinas propuso, además de apoyar el voto femenino, el voto para todos los analfabetos.

La posición política de Encinas, y su socialismo convicto y confeso, lo llevaron a luchar por universalizar el derecho al sufragio. Cox, inmediatamente apoyó la posición de Encinas, más por cálculo político-electoral que por convicción ideológica. Ya, desde 1931, las posiciones socialistas de universalizar los derechos, plantearon el derecho al voto del analfabeto, lo que sólo se lograría en 1979.

Entonces, podemos reconocer que, pese al origen social de algunos intelectuales, es la opción ideológica y política lo que determina su accionar a nivel profesional, académico y político. Así, al interior de una generación de intelectuales existen diferentes grupos que se van formando por diversos factores: el ideológico es muy importante, pero no debemos dejar de lado otros más subjetivos como la ética. Aunque, esto último tiende a marcar toda la obra intelectual. La falta de ética permitirá que muchos intelectuales busquen justificar –con su trabajo- las condiciones reales existentes en el desarrollo de una sociedad.

Actualmente, la falta de ética -y de trabajo- ha generado que muchos intelectuales se conviertan en ciegos defensores del modelo económico neoliberal. Para ello, han creado una suerte de “argolla perversa” que denominan “Academia” y lo único que hacen es “valorar” sus publicaciones entre ellos mismos. Así, copando las universidades, dejan leer los textos elaborados por sus amigos y cómplices. Incluso, para fingir que son “verdaderamente académicos” han desarrollado la idea de “cumplir” con las “normas APA” e “indexar” en el ciberespacio. Con lo cual lo único que muestran es su mentalidad dependiente.

Macera es directo cuando señala que:

“El Perú está lleno de conservadores que nada tienen que conservar; ni apellido, ni dinero, ni hacienda, ni tiendas, ni automóviles; gente que debería tener el orgullo de haber sido desposeídos pero que, por el contrario, se apartan de su clase de origen y reniegan de ella, para trepar desesperadamente la pirámide social”.

Muchos de nuestros actuales intelectuales son esos “conservadores que nada tienen que conservar”. Quizás, también, muchos que sintieron como una herida estas palabras de Macera, encontraron en su filiación al fujimorismo, el momento preciso para destruir su imagen de historiador e intelectual. Lo despedazaron como hienas hambrientas y con sed de venganza. Y se olvidaron de sus grandes aportes al conocimiento científico y objetivo de nuestra historia. Porque Macera siempre defendió el carácter científico del conocimiento histórico. Siempre demostró la historia como ciencia. Y el discurso posmoderno y perverso –que tanto lo odió- jamás le “perdonó” esa infame “traición”. Aunque, muchos que trataron a Macera de traidor, ya habían traicionado. De maoístas a posmodernos. Finalmente, los extremos siempre son irreflexivos.

No cabe duda que Pablo Macera fue un personaje incómodo y contradictorio. De su acercamiento a los grupos más extremistas de San Marcos pasó a las filas de Perú 2000. De mirar críticamente al Perú pasó a bailar junto a Alberto Fujimori y Francisco Tudela. De caminar por la histórica San Marcos pasó a caminar por los pasillos del olvido sin perdón. Pablo Macera ha muerto…”Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo”.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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La Lima del futuro

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La Lima del futuro

El presente ya configura los rasgosdelfuturo.El espacio y el tiempo se han hecho universales e iguales para todos. Todo el espacio planetario es un solo mercado. Esa tendencia se mantendrá.Tenemos el mismo tiempo, no confundir con la hora y en un clic cerramos un negocio promisorio.

Hemos pasado de la apacible aldea de la que hablaba Luis Alberto Sánchez con olor a jazmines y rosas en la cara (decía Chabuca) a una ciudad andina y cosmopolita, chola, inmensa, con una gran conurbación, tendencia urbana que seguirá en el futuro.Dispondrá de una frondosa clase media, un “Cholo power” con camioneta 4×4, celular de última generación y será pura tarjeta de crédito.

Todas las predicciones del Forum Lima 2000 se han cumplido. Realizado en 1976, Lima se ha extendido desde Casmahasta Asia beach.Lima tiene menos de 5,000 hectáreas para cultivar lo que sustentará a once millones de habitantes. Depende irremisiblemente de la sierra central. Esa tendencia será peor en una capital de puro cemento.

Si no se descentraliza el país con realismo y no con la descentralización falseada actual, Lima seguirá creciendo. Emulando la modernidad global, avanzará quitando playa a los pueblos. Allí Asia beach, nuestro Miami Vice.

Demás está decir que muchas ciudades litoreñas desaparecerán con el tiempo por la fuerza de los tsunamis que impulsen terremotos colosales. Todo el mundo costero, Miraflores, Barranco, Chorrillos, La Punta y ciudades de la costa peruana (como también las émulas La Habana, Miami) desaparecerán bajo el agua dado el aumento del volumen marino fruto del deshielo de cordilleras y glaciares.

La Lima del futuro y la costa peruana no tendrán agua por cuanto los bolsones del líquido elemento están lejos, allá en el Amazonas y el Titicaca. Habrá que desalinizar el agua salobre del Océano Pacífico.

Si no se corrige el transporte vehicular, Lima colapsará por estrés e ineficiencia. Seguirá siendo una ciudad policéntrica muy grande, una de las mayoresentre las 25 ciudades más extensas del planeta.

La Lima del futuro

La inseguridad ciudadana no habrá amenguado por cuanto las leyes de la ganancia y de la competencia se habrán instaurado en los corazones y ello llevará a la batalla de cada día motorizadapor la ley de la selva.

Lima será una ciudad peligrosa, anómica por su descomposición social y moral, tal vez no tan insegura como ahora lo es el downtownde Miami en donde hay que recogerse en sus casas a esode las 6 pm al igual que eldowntown de Los Ángeles, lo que no ocurre en Manhattan de New York en donde aún se puede caminar de madrugada. Río y Sao Paulo ya no son visitables de noche mientras en París, Madrid, Roma aún puedes transitar nocturnamente. Lima, al igual que toda ciudad que se precie, tiene sus zonas peligrosas.

Megalópolis andina y cosmopolita, chola, con gente trabajadora, fuerte, emprendedora, llena de esperanza y fe, de grandes familias, forjadora de una nueva peruanidad, un Perú no solemne sino cultor de eros, festivo, lúdico, divertido, clasemediero, feliz, fraterno y efusivo con el paisanaje, orgulloso de su fútbol, comida y bebidas, optimista.

Se sentirá feliz de haber nacido en el Perú apareciendo en los últimos una Psicología y Sociología de la Felicidad con sus maestrías y doctorados. Este “cholo power” habrá votado en un 88% contra la corrupción y podredumbre tanática en el país y llorará de emoción con “Contigo Perú”, “Y se llama Perú”, “El Perú nació serrano” de los Gaitán Castro y antes con “Muchacho provinciano” y “Triciclo Perú”.

La organización exitosa de los Juegos Panamericanos y el que 40,000 conciudadanos hayan viajado a Rusia a alentar a la selección nacional de fútbol indican cuanta fe y esperanza hay en nuestro país. Somos la barra más festiva del mundo y leal con su equipo, rompiéndose con el estigma de que todo lo hacemos mal. Estamos ante un Perú de triunfosque fortalece la identidad nacional, aunque desconfiemos de la democracia, las instituciones tutelares y las élites políticas.

La juventud, como decía Sartori, configurará al homo videns, pura imagen; al homo consumericus de GillesLipovetsky, al cultor del individualismo, del narcisismo yoista; al amante del presentismo y al homo ludens, la vida como entretenimiento, aquello que irrita a Vargas Llosa.La historia, el pasado será una cosa rara para esta generación de humanos con celular en la mano.

Seremos totalmente digitales, un iphone con dos piernas y dos brazos. Un cerebro iphone, lleno de marcas de ropa y comida. Todo se pedirá por celular y se pagará con tarjeta. Se impondrá como hoy el dinero de plástico.Veremos al joven limeño, jean azul, polo y chamarra, zapatillas, mochila al hombro con un celular en la mano en el que realizará todas las funciones y transacciones de su vida.Si es zurdo desarrollará más ese brazo e igual si es diestro. La función desarrolla al órgano, dicen que decía Darwin. No se separará nunca del celular.

La Lima del futuro

Tendrá una nueva mano entonces y nuevos oídos cuando no será sordo tempranamente por el uso de audífonos y medio ciego o miope, confiandono muera atropellado por cruzar las esquinas con celular prendido, audífonos en acción y música a todo volumen. Tal vez sea algo autista por cuanto habrá perdido la noción de socialización con la gente,la que tendrá en su directorio inteligente. Pura inteligencia artificial, digital. Un ciberhumano.

Amores líquidos, superficiales, clamaba elsociólogo Zygmunt Bauman. Ya no amor romántico sino amores convergentes,” hasta que el cuerpo aguante”, no compromisos hasta las últimas consecuencias.Hoy los jóvenes son más liberales en sus relaciones de pareja que la generación de sus padres, aunque cuidado con el cholo posesivo, celoso. La mujer como propiedad privada, el hombre como mi propiedad privada cantaría Lucha Reyes.

Es decir, Lima nunca será una ciudad moderna sino una ciudad conservadora. No tienen que usar una burka las limeñas para saber cómo consumen los celos a sus parejas. Las relaciones serán más epidérmicas y a partir del celular, con sexo seguro, pornografía gratis en el celular. Tendrás así desde la gran biblioteca del mundo hasta la satisfacción masturbatoria o sexo pleno sin contacto físico.

Hablará sobre temas propios de este mundo y de su generación: mundos paralelos, universos paralelos, mundos cuánticos, una cosmología especial, como Max Tegmark que propone cuatro tipos de universos paralelos: uno multidiverso cosmológico, uno segundo o “burbuja inflacionaria”, uno tercero llamado “mundos cuánticos”.

Finalmente, el más abstracto, el multidiverso matemático y a su vez,gozará de esa novedad de poder transmitir corrientes o flujos de datos directamente hacia nuestro cerebro, pudiendo desarrollarse nuevos sentidos, distintos de los programados biológicamente como el tacto, el oído o la vista. Estas nuevas experiencias científicas se sumarán a la informática, cibernética, nanotecnología, biotecnología, estudios del genoma con lo que habrán de afrontar la gran crisis climática, la hídrica, alimenticia, la recesiva, financiera, energética, los valores del futuro.

Surgirán heroínas como Greta Thunberg, así como Malala, la paquistaní.Si triunfa la línea conservadora en aumento en el planeta, tendremos un limeño digitalizado y bien fundamentalista, evangélico probablemente por la fuerza que vienen adquiriendo los evangélicos a nivel mundial. En fin, son los retos del futuro.

 

EDUARDO ARROYO

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Me considero un subversivo

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José Esteban Gonzalo (84)

José Esteban Gonzalo (84), es un intelectual y escritor español nacido para las letras al fragor de la lucha por la libertad y la justicia social en tiempos de la dictadura de Franco. Agitador cultural, como el mismo se define, fue amigo e íntimo de celebridades de la literatura latinoamericana como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Jorge Edwards y Alfredo Bryce Echenique. En esta entrevista, nos narra sus anécdotas y aventuras recorriendo medio ciclo de una existencia fulgurante.

—¿Cómo se siente, luego de haber trabajado por más de 50 años en la edición y promoción de la literatura en España?

—Llevo cerca de 52 años de agitación cultural, de militancia en la izquierda, en el progresismo, y la verdad que me siento muy bien. Mientras haya salud, voy a seguir produciendo y dándole. No he acabado todavía

—Ha publicado, un libro autobiográfico, y hay una parte que nos llama la atención, que es su acercamiento a los escritores peruanos como Vargas Llosa y Bryce Echenique

—Cuando en España llega la libertad y la democracia, acabando el franquismo, pensamos que había que conectar con los hermanos hispanoamericanos, aquellos que hablan nuestro mismo idioma, nuestra misma lengua y que escribían muy bien, y es ahí que decidimos hacer un congreso de escritores. Es allí donde empieza mi amistad con todos estos escritores fogosos y maravillosos de Perú y de América entera. Personalmente, corrí mucho por México, Argentina, y por muchos países.

—Su amistad con Mario Vargas Llosa es interesante, porque mientras él venía de un rompimiento con la izquierda, usted se afirmaba en la militancia al Partido Comunista de España, ¿cómo ha logrado mantener una relación de amistad a pesar de las diferencias políticas y que ha perdurado en el tiempo?

—Si, si, y bueno, yo soy un liberal, intento comprender a la gente, y Mario era un gran escritor. Cuando yo lo conocí, era un jovencito desconocido como yo, entonces, éramos dos jovencitos desconocidos. Luego, él triunfo mucho, yo menos, y escribió unas novelas espectaculares y maravillosas que explicaban no sólo el Perú, explicaban tantas cosas de España, del idioma y esa amistad ha continuado a pesar de todo. En lo personal, yo le sigo queriendo y admirando. También a Alfredo Bryce Echenique, que es un gran escritor, mi gran “amor” peruano, mi amigo, mi hermano, como el me llamaba.

Me siento muy orgulloso que Mario sea amigo mío, y aunque no comulguemos en temas políticos, aun lo llamo al orden, cuando hay que llamarlo al orden

—Y que anécdotas, que recuerdos de la etapa del joven Mario, porque estamos hablando del boom literario en América Latina donde aparecen escritores como Gabriel García Márquez, Jorge Edwar, José Donoso, entre otros.

—Recuerdo aquellos años maravillosamente bien. La verdad que muchos de estos tíos vivían en Barcelona y no en Madrid. Barcelona, los últimos años del franquismo era una ciudad europea y ahí se vivía otro ambiente. Madrid era más una ciudad castiza y religiosa. Conocer a aquellos escritores fue muy aleccionador, muy instructivo y con todos ellos me lleve muy bien, porque yo prefiero la amistad a la importancia literaria. Todos ellos fueron amigos míos y me siento orgulloso de su amistad.

—¿Y también de las noches de bohemia?

—Hubo de todo, mujeres, alcohol, libros, poemas, canciones, porque fíjate que yo se muchas canciones peruanas, que no me las enseñó Mario, que nunca le he oído cantar, en cambio Bryce fue mi maestro, cantaba valsecitos peruanos maravillosamente bien, cantaba esta: Ayer tu madrecita, murió en el callejón/ Era la gila más buenamoza del callejón/ Yo la quería patita, de Los Troveros Criollos

—¿Esos valses peruanos se las aprendieron con Bryce?

—Todas con Bryce. Yo le cantaba canciones españolas, tonillas, manchegas, y él me cantaba canciones peruanas

—¿Una buena conversación, acompañada de vodka o de wiski?

—Bryce bebía wiski, luego se pasó al vodka. Yo nunca llegue al vodka. Para mí, el vodka es el máximo grado del alcoholismo y debo decir que esa generación era muy alcohólica. También bebía el Gabo. Mario bebía menos, siempre bebía menos. A mí me gusta la gente que beba. A mí siempre me ha engañado la gente que dice que no bebe. Cuando hago negocios con alguien le pregunto, ¿bebes o no?, Ah no!, hasta luego Lucas, ese me engaña.

La gente que bebe vive en otro mundo, un mundo de ensueños, de otras cosas y se siente más libre, más generosa ¿no?. La gente que no bebe es calculadora

—¿Y Mario siempre ha sido así en su vida social, un calculador?

—Pues yo creo que sí, pero te diré que fue Mario quien me hizo probar un pisco sour, bebida que para mí ha sido significativa e importante. Esto es lo que le debo a Mario y no a Alfredo, beber pisco sour

—Sus encuentros con Vargas Llosa se remontan al viejo Café Pelayo de Madrid y estamos hablando de la década del 50

—Si, algo por ahí. Y a Mario alguien le hablo de esas reuniones de escritores antifranquistas que se reunían en el Café Pelayo. Por ese entonces, Mario vivía cerca, por Meléndez Pelayo y es en el Café Pelayo donde empieza a escribir La Ciudad y Los Perros. Luego, se marcha a París donde trabajaba en la radio para América Latina y ahí volví a verlo. Siempre hemos tenido cierto contacto. Y ahora últimamente que vive en Madrid, y que es madrileño y presume que es español y que le gusta más la Paella que el Ceviche

—¿Ha cambiado bastante Mario no?

—Sigo pensando que es más peruano, de derechas, pero peruano. Sabes, él me dijo, Pepe, cuando vayas a Arequipa, tienes que comer chupe de camarones, que para mí resulto ser maravilloso y me la pase toda la semana comiendo chupe de camarones. ¡Y es que me encanta!

Con Mario siempre me he sentido bien, y no es que seamos amigos de todos los días, el lleva una vida de alta sociedad que yo no quiero, ni debo, ni puedo, pero nos llevamos muy bien y su última novela Tiempos Recios me ha reconciliado con su literatura, porque su producción, la de los últimos años, no estaba a la altura de las circunstancias, pero esta sí que lo está. No llega a ser el de La Fiesta del Chivo, pero Tiempos Recios, que es un título de Santa Teresa de Jesús, esta buena

—Una de las cosas que siempre ha llamado la atención y ha concitado cierto morbo es el referido a ese puñete histórico de Mario a Gabriel García Márquez. Usted conoce esa historia…

—Sí, sí que la conozco. No me voy a meter mucho en la historia pero debo decir a favor del Gabo, que siempre quiso hacer las paces con Mario, y Mario nunca quiso hacer las paces con el Gabo. Es más, Mario tiene un libro sobre el Gabo, sobre 100 años de Soledad, un elogio a este libro que nunca ha querido reeditar. Creo que Mario sigue empecinado, muy íntimamente a mi parecer

—¿Fueron problemas de forros?

—Si, si, (Ríe). ¡Y es que los dos eran muy terribles! Se muchas aventuras de Mario que me las contaba la hermana de Bryce, quien me decía: Mario se ha escapado con la ruborosa, una peruana que ha aparecido. Y yo no era quien, para estar pidiéndole cuentas al otro, porque el también hacía lo que podía, (Ríe).

—¿Y es verdad que en una oportunidad usted le enrostra a Mario su militancia en Patria Roja?

—Naturalmente, como veía que Mario se iba más a la derecha en España, pues le dije: ¡Tío, estais hablando con un militante de Patria Roja, te enteras!. Mario me dijo: ¡Uy que horror, que disgusto, es mentira! Yo le decía, pero es verdad, soy de Patria Roja, hasta que uno de sus amigos le dice por ahí que son los amigos de Pepe en El Escorial, que son muy peligrosos, (Ríe). Tengo la confianza para decirle muchas cosas a Mario, y el también a mi claro

—Y como ves en retrospectiva el cambio de postura política, de la militancia en el Partido Comunista a pasar casi a pedir el carnet del Partido Popular o a hacerle ojitos a Abascal de Vox en España

—Es algo lamentable, pero cuando conocí a Mario, en las aventuras que cuenta en Conversación en la Catedral, Mario estaba un poco a la derecha, había roto con la revolución cubana, y ya andaba por peligrosos caminos.

—Conversación en La Catedral una de sus obras monumentales…

—A mí me gusta mucho La Ciudad y Los Perros, Conversación en la Catedral, La Fiesta del Chivo, y me gusta también esta última, Tiempos Recios, pero hay otras que no me gustan como el Elogio de la Madrastra, Los Cuadernos de Don Rigoberto y otras que me parecen malas y se lo he dicho a él.

—Estuvo como invitado el año pasado en la Feria del Libro de Lima, ¿cómo ve a la nueva generación de jóvenes escritores?

—La verdad es que no conozco mucho a los jóvenes escritores. Lo que si me impresionó fue que en la Feria del Libro de Lima había que pagar una entrada. No sé si era pequeña o grande la suma, pero lo cierto es que había cola para entrar. Todos eran gente joven.

Los actos, el de Mario y en el que yo hable, estaban llenos, me quede impresionado, y más cuando en la inauguración el presidente Vizcarra dijo que en Perú no se va a cobrar por leer. Al libro se le quitan los impuestos. Bueno, eso es maravilloso, aunque aquí por eso estamos luchando porque por leer no se debiera de pagar. No sé si lo ha cumplido, pero el presidente lo anunció y eso era muy importante, ya que en el mundo hispano, salvo Colombia, en los demás países se paga impuestos por leer.

—¿Y de los escritores?

—Hay una nueva generación de escritores, lamentablemente es una generación que yo no conozco y de la cual me siento incapaz de juzgarla, pero siento que el porvenir de la lengua española está en Lima, en Bogotá o en cualquier otro lado más que en Madrid. Aunque presumamos que nos encontramos en el culo del mundo.

José Esteban Gonzalo (84)

BRYCE, SU AMOR PERUANO

—¿Y qué me cuenta de su relación con Bryce?

—Bryce es mi “pata”. Lo quiero mucho y me parece un grandísimo escritor y me parece que debiera beber menos

—¿Es verdad ese corrillo que señala que su señora lo pillo a usted y a Bryce en una juerga en su residencia?

—Eso fue algo totalmente inocente. Bryce y yo teníamos mucho éxito, y una de las cualidades de Bryce es que confunde realidad con ficción, pero siempre yo quedaba fatal. Bryce siempre imaginaba historias preciosas. Bryce se hace el pobrecito, decía que estaba solo en Madrid y a las chicas les inspiraba el instinto maternal, era su trampa para “ligar”, (Ríe).

—¿Y sus juergas con Bryce eran con pisco sour también?

—No, eso fue en la casa de Mario. Pero luego con un amigo peruano, Odilón Mucha, montamos una fábrica de pisco sour maravillosa para recibir a las amistades. Te aseguro que en la reedición de mis memorias habrá un capítulo especial para el pisco sour, porque es el coctel que más me gusta y es el mejor. No sé hasta ahora quien inventó el pisco sour, porque yo me temo que los cocteles los inventan los cabrones de los americanos, por ejemplo, sé que el daiquiri, que es el coctel que más gustaba a Hemingway y a mí lo inventaron los gringos hasta que probé el pisco sour. Prefiero que sea un peruano quien haya inventado el pisco sour que un yanqui.

EL PARTIDO

—¿Y cuál fue su lio interno con el dirigente Santiago Carrillo, quien lo acaba expulsando del Partido Comunista de España?

—Me considero comunista, y mucho más incluso de los que militan. El problema del partido era muy difícil a la muerte de Franco. Los dirigentes tenían que volver y pactar con la gente de aquí, y yo estaba en contra de que el partido se bajara los pantalones, y sí que se bajaron los pantalones. Yo seguía los consejos de Jorge Semprún que era mi maestro, y que en España se llamaba Federico Sánchez, por aquel entonces jefe del partido. La policía lo buscaba y jamás consiguieron detenerlo.

Se jugaba la vida. Semprún era un valiente, vaya uno a enfrentarse a la policía de Franco, que era la más torturadora que he visto en el mundo. No seré comunista de partido, pero nunca seré anticomunista y te explico. Yo he sido abogado de obreros, y he visto como la policía española los torturaba. Nosotros no luchábamos por el poder, luchábamos por la libertad, por la justicia social. En verdad, soy comunista más por solidaridad, por fraternidad, que por seguir las doctrinas del Partido Comunista que yo no sabía muy bien cuando me hice militante

—Por un espíritu rebelde…

—Si, por espíritu rebelde, y por la libertad. Además por las condiciones en las que vivía la clase obrera. Y como voy a ser entonces anticomunista si he visto obreros torturados por la libertad. Ellos no ganaban nada, solo luchaban por la libertad, por eso nunca podré ser anticomunista

—¿Y las tertulias en los cafés, eran prácticamente para subvertir al régimen de Franco?

—Yo soy un subversivo. Desde mi época de editor de escritores de la república, reivindicamos a los escritores que habían sido fusilados, a los que estaban en el exilio o a los que la dictadura había silenciado. Y yo que era un cobarde, me he jugado el pellejo muchas veces, ahora me pregunto cómo era yo tan valiente, ¿cómo lo hice?, y no me lo explico, sinceramente.

Quizá una explicación sea, porque antes que editor o agitador cultural, fui abogado de formación, y para ese tiempo, ya existía el Colegio de Abogados de Madrid que era la institución que te defendía. Ahora, la verdad, saldría corriendo como una coneja, (Risas).

—¿Qué te ha marcado en todos estos años de vida Pepe?

—Creo que los 50 años al servicio de la libertad y la literatura. Me quedo con eso.

 

CÉSAR ROBLES AZCURRA

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