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Editorial

Lima, ciudad de los rumores

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Editorial Diario UNO

Desde la Colonia, Lima se ha caracterizado por ser una ciudad donde lo más común son los chismes y bolas. Nacidos de personajes ingeniosos y que no tienen otros quehaceres, los rumores nacen, crecen, se transforman y se expanden siendo repetidos por los ciudadanos de a pie con plena fe y absoluta exageración. Saber «la última» es casi una obligación nacional.

La crisis de la vacancia no podía dejar de aportar ocurrencias a esta especie de realidad paralela, en la cual todo puede suceder. Así ayer tres bolas ocupaban las conversaciones de café limeñas y las redes sociales, todas sobre el sufrido profesor Pedro Castillo.

La primera bola era una supuesta decisión histórica de la izquierda caviar, representada por Salomón Lerner y Gustavo Gorriti, de dar la puntilla al chotano y ungir como su reemplazo a Dina Boluarte. Para rodearla de un aire de credibilidad, incluso se hablaba de una supuesta cita nocturna entre Lerner y la vicepresidenta, lo que esta desmintió con una sonrisa en los labios pues ha estado dos días fuera de Lima.

La segunda bola era la existencia de tres audios que, supuestamente estarían listos a ser hechos públicos en los programas dominicales. Un audio lo tendría Cuarto Poder y consistiría en una grabación entre un congresista de Perú Libre (aparentemente Alex Paredes), negociando con un congresista de AP, para evitar la interpelación de Castillo. Otro audio consistiría en una conversación de Karelim López (la lobista que visitó Palacio de Gobierno y el departamento de Breña) con el sobrino del profesor, Fray Vásquez Castillo, recibiendo dinero en dólares; este audio habría sido grabado por ella misma. Y un tercer audio, también supuestamente grabado por López, consistiría en una conversación con el presidente sobre una obra por adjudicar. Ningún medio aceptó tener tales audios.

La tercera bola era que Castillo había llegado a un acuerdo con Cerrón para formar un nuevo Gabinete encabezado por Roger Najar, quien ingresaría con un equipo de ministros radicales, rompiendo la supuesta alianza con los caviares. Este run run decía que los cambios se realizarían entre la admisión de la vacancia y antes de la votación. Pero, en lugar de juntarse con los cerronistas, el profesor ayer se reunía con los líderes de centro invocándoles a defender la democracia y no dejarse pechar por la derecha.

Cuando le hablaron de los rumores, jocosamente habría comentado: «A los chotanos no nos entran ni balas ni bolas».

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Editorial

Salvar a Machu Picchu

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Editorial Diario UNO

El Perú es, en realidad, muchos países dentro de uno. Y eso hace que nunca pueda percibirse en tiempo real su problemática regional. Así lo demuestra el hecho que los ojos de los peruanos, guiados por los medios de comunicación, estén puestos en el mar de Ventanilla, mientras que la localidad de Aguas Calientes, vecina a la ciudadela inca, esté también en virtual desastre, pero sin la atención debida.

A diferencia de la poca repercusión local, diversos medios internacionales informaron que el viernes pasado, dicho pueblo último punto desde donde se asciende a la ciudadela, fue azotado por lluvias intensas que provocaron una gran inundación que interrumpió el servicio de trenes. El Gobierno Regional del Cusco, informó en un escueto comunicado que «el desborde del río Alccamayo afectó la infraestructura turística y el servicio ferroviario», aunque sin pérdida de vidas. Ese río, que circunda la localidad de Machu Picchu, es afluente del río Vilcanota, en cuyas riberas se ubica la vía férrea que comunica a la zona con la ciudad de Cusco. Según reportes periodísticos fueron destruidos por las aguas un puente ferroviario y uno peatonal, mientras que tres puentes peatonales, dos viviendas y la plataforma de la estación de trenes sufrieron daños diversos.

La empresa Perú Rail, una de las dos que presta el servicio de transporte ferroviario hacia Machu Picchu, comunicó que interrumpía los viajes hasta nuevo aviso, luego del deslizamiento de rocas y tierra en el cauce del río Alccamayo. De paso, ofreció su flota de trenes para atender la emergencia.

Para medir el impacto del desborde, hay que recordar que cerca de 447.800 personas visitaron la ciudadela de Machu Picchu en 2021, una cifra lejana a los 1,5 millones que solía recibir antes de la pandemia. Es decir, está a una tercera parte de su capacidad receptiva. En 2020, la economía peruana cayó 11,12% y estuvo en recesión hasta junio de 2021, pero el golpe fue mucho mayor en el turismo (-50,45%). Cusco, dejó de percibir unos 1.400 millones de dólares por la ausencia de turistas a causa del Covid-19.

El ministro de Comercio Exterior y Turismo, Roberto Sánchez, llegó ayer a Ancón donde dijo que el derrame de hidrocarburos causará pérdidas económicas que bordearían los 200 millones de soles, para las personas y negocios que viven directa e indirectamente de la movilización de 5 millones de veraneantes. Les ofreció apoyo.

Una atención y presteza semejantes requiere Machu Picchu, joya del turismo en el Perú

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Comisionitis aguda

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Editorial Diario UNO

Al general Juan Domingo Perón se le atribuyen varias frases indispensables del diccionario político latinoamericano. Una de ellas reza: «lo mejor para que un problema no se resuelva es crear una comisión». El recuerdo viene al cuento porque, ante la dramática situación creada por el derrame de 6,000 barriles de petróleo en el mar de Ventanilla, lo único que se le ocurrió al gobierno del profesor fue crear un comité de crisis.

Así lo dispuso el gabinete en su sesión del miércoles, bajo el argumento de «atender de manera inmediata en las tareas de contención y remediación de los efectos generados por el desastre ecológico». Por lo cual, el miércoles formó ese comité con la PCM y los ministerios de Ambiente, Agricultura, Defensa, Produce y Relaciones Exteriores. Luego, los miembros del flamante comité y sus refuerzos posaron para una foto panorámica donde se veía a más de 20 altos funcionarios trabajando.

Pero, en la realidad, la presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez ya está bastante ocupada con el problema de Las Bambas y no tiene tiempo para responder a la prensa sino una vez a la semana, por lo cual cargarle una responsabilidad más no parece una buena idea.

Los hechos siguientes confirmaron esa impresión. La PCM declaró que Repsol no tenía plan de contingencia. El ministerio del Ambiente declaró que la empresa debería acabar la limpieza en 10 días. El ministerio de Energía y Minas pidió el plan de trabajo y cronograma de la limpieza. La cancillería, por su parte, opinó que Repsol debe resarcir el desastre de manera inmediata. El Servicio Nacional Forestal dio instrucciones para levantar a las aves muertas. La OEFA dijo que el ámbito del derrame era más grande. Toda una galleta de informaciones, propia de que el comité de crisis carece de reglamento, vocero y existencia formal.

Mientras tanto, la empresa se iba de alivio y, en lugar de buscar un relleno sanitario de residuos peligrosos, se dedicó a enterrar el petróleo en la playa, burlando la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos.

Ante este panorama ¿no sería mejor nombrar a un Alto Comisionado presidencial que dirija el comité de crisis a tiempo completo, para que centralice la investigación y la comunicación a fin de que los ministerios no se pisen entre ellos las mangueras y Repsol cumpla con la ley? Un enérgico Daniel Abugattas o un experto ambiental como Manuel Bernales Alvarado, lo podrían hacer mucho mejor que Mirtha Vásquez, para que los culpables no se salgan con la suya.

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Sembrando vientos…

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Cuando el presidente Pedro Castillo decidió designar al abogado Avelino Guillén como ministro del Interior, el país dio un suspiro de alivio. Guillén no solo estaba reputado como un profesional serio y calificado, sino que llevaba el aura de haber derrotado a Alberto Fujimori en la Corte Suprema. Además, ya comprometido por el profesor para acompañarlo a iniciar juntos el gobierno, apenas se enteró que el primer ministro sería Guido Bellido, declinó educadamente, ratificando su línea principista.

Pero no siempre los juristas son buenos gestores públicos y, al parecer, esto es lo que le ha pasado a él. Heredó una gestión desastrosa de sus antecesores Carrasco y Barrenzuela, pero no ha sido capaz de recomponerla y se encuentra ahora ahogado en los problemas heredados y los nuevos que él mismo ha creado. Sería muy inocente si no hubiese previsto que la oposición de derecha, especialmente el fujimorismo, iba a ser inflexible con él o que pensara que los partidos de centro iban a respetar su prestigio sin recibir resultados tangibles de su buen hacer.

En ese trance resulta inexplicable que a las dificultades de manejo de su sector ya preexistentes haya añadido problemas de su propia cosecha. El principal, cuestionar en la práctica la decisión de designar como comandante general de la PNP a un general de la confianza del presidente y a hacer pública esta divergencia, retrasando la publicación de los ascensos y pases al retiro de oficiales de la institución policial. Se ha puesto así, por decisión propia, a caminar por una cuerda floja, de la que podría caer en cualquier momento.

La oposición ni corta ni perezosa se ha dado cuenta y ayer ha presentado una moción de interpelación en su contra, que no solo cuestionan su ejecutoria en el despacho de la avenida Corpac sino también busca dañar la figura del profesor. Por ello, las causales de interpelación que invocan suman temas como la designación de prefectos supuestamente adscritos al Movadef, la demora en la captura de los integrantes de la organización criminal Los Dinámicos del Centro, el bochornoso fracaso de la expulsión de ciudadanos venezolanos, la ineficacia en la tramitación de pasaportes en Lima y provincias y la falta de acciones concretas para reducir la inseguridad ciudadana.

En realidad, todas las preguntas del pliego son solubles. Su debilidad es que las diferencias del ministro con el comandante general de la PNP y el propio presidente debilitan su posición. Bien dicen, que quién (aun sin quererlo o darse cuenta) siembra vientos, acaba cosechando tempestades.

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