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La Unión Europea condenada a ser vasallo en las guerras estadounidenses

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Donald Trump

A partir de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht, todos los países miembros de la Unión Europea (incluso países neutrales) han sometido su defensa nacional al dictado de la OTAN, que a su vez sigue las órdenes de Estados Unidos. Así que cuando el Pentágono asigna al Departamento del Tesoro la misión de poner bajo asedio económico a los países que quiere aplastar, todos los miembros de la Unión Europea y de la OTAN se ven obligados a aplicar las sanciones estadounidenses.

Después de haber perdido la mayoría en la Cámara de Representantes –como resultado de las elecciones midterm–, el presidente Donald Trump tuvo que aceptar nuevas alianzas para evitar que el fiscal Mueller lo acusara de alta traición. Es por eso que Trump se pliega ahora a los objetivos de sus generales. Así que el imperialismo estadounidense está de regreso.

En menos de 6 meses, se reactivaron las bases anteriores de las relaciones internacionales de Estados Unidos. La guerra que Hillary Clinton se había comprometido a desatar está finalmente en marcha, pero no solo mediante la fuerza militar.

Este cambio en las reglas del juego, que no tiene equivalente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, obliga a todos los actores a revisar de inmediato su estrategia y, por ende, todos los dispositivos de alianza en los que venían apoyándose. Quienes demoren en hacerlo han de pagar las consecuencias.

GUERRA ECONÓMICA DECLARADA

Las guerras seguirán siendo mortíferas y crueles pero para Donald Trump, hombre de negocios antes de convertirse en político, es preferible que sean lo menos costosas posible. O sea, es preferible matar con medidas de presión económica que hacerlo utilizando armas… que cuestan mucho más caro. Dado el hecho que Estados Unidos ya no mantenía relaciones comerciales con los países a los que agrede, el costo financiero de esas guerras “económicas” (y hay que entender que a pesar de ser “económicas” son realmente “guerras” en todo el sentido de la palabra) cae en realidad sobre los hombros de terceros países, sin que el Pentágono tenga que gastar ni un centavo de su presupuesto.

Es por eso que Estados Unidos acaba de decidir poner bajo asedio económico a Venezuela y Nicaragua y reforzar todavía más el bloqueo comercial y financiero implantado contra Cuba desde 1960. Los medios masivos de difusión presentan esas medidas como «sanciones» –sin explicar nunca qué derecho tendría Washington para sancionar a países enteros– pero bajo ese término esconden el hecho que esas medidas son verdaderos actos de guerra y que provocan muertes.

Al anunciar sus «sanciones» contra Venezuela, Nicaragua y Cuba, Washington invoca explícitamente la «Doctrina Monroe», de 1823, según la cual ninguna potencia extracontinental tiene derecho a «intervenir» en las Américas y Estados Unidos se abstendrá de intervenir en Europa Occidental. La única respuesta vino de China, país que señaló que las Américas no son propiedad de Estados Unidos.

Hoy en día, Estados Unidos mantiene bajo «sanciones» a una veintena de países: Bielorrusia, Birmania, Burundi, Corea del Norte, Cuba, la Federación Rusa, Irak, Líbano, Libia, Nicaragua, la República Árabe Siria, la República Bolivariana de Venezuela, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, la República Islámica de Irán, Serbia, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Ucrania, Yemen y Zimbabwe, que conforman por cierto un mapa bien definido de los conflictos que el Pentágono dirige, con ayuda del Departamento del Tesoro.

Como se estipulaba en la «Doctrina Monroe», ninguno de los países objeto de las «sanciones» estadounidenses está en Europa Occidental. Todos están en el Medio Oriente, en el este de Europa, en la Cuenca del Caribe y en África. Desde 1991, esas regiones del mundo aparecen mencionadas por el entonces presidente George Bush padre en su Estrategia de Seguridad Nacional como destinadas a ser integradas al «Nuevo Orden Mundial». En 2001, al estimar que esos países no pudieron o no quisieron someterse, el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld y su consejero para «la transformación» de las fuerzas armadas, el almirante Arthur Cebrowski, decidieron sancionarlos y condenarlos al caos.

En este punto es necesario subrayar nuevamente que la expresión «guerra económica» ha sido utilizada desde hace décadas de manera totalmente inapropiada para designar una competencia exacerbada. Hoy en día una «guerra económica», lejos de ser una simple cuestión de competencia, es una verdadera guerra, con objetivos militares y para matar.

Reacciones de los países víctimas y las reacciones inapropiadas de los aliados de Estados Unidos

Los sirios, que acaban de ganar una guerra militar de 8 años contra los mercenarios yihadistas de la OTAN, están desconcertados por esta guerra económica que los obliga a imponerse un racionamiento estricto de la electricidad, del gas y del petróleo y que provoca el cierre de fábricas que acababan precisamente de reabrir sus puertas. Su único alivio es pensar que al menos no sufrieron los dos tipos de guerra simultáneamente.

Los venezolanos están aprendiendo con espanto el verdadero significado de la expresión «guerra económica» y dándose cuenta de que, tanto con el aventurero Juan Guaidó como con el presidente constitucional Nicolás Maduro, van a tener que luchar duramente por conservar un Estado, aunque sea un «Leviatán» pero que sea capaz de protegerlos.

Las estrategias de los Estados que son blanco de la guerra económica acaban viéndose afectadas. Por ejemplo, al no lograr encontrar quien le venda los medicamentos que necesita, Venezuela acaba de concluir un acuerdo con Siria, país que antes de la agresión armada externa fue un importante productor y exportador de medicinas. En la importante ciudad siria de Alepo han sido reconstruidas fábricas de productos farmacéuticos que habían sido destruidas por Turquía y por los yihadistas.

Esas fábricas acababan de reabrir sus puertas, pero van a tener que cerrar de nuevo por falta de la electricidad necesaria para su funcionamiento.

La multiplicación de los escenarios de guerra –y por consiguiente de las llamadas «sanciones»– empieza a plantear graves problemas a los aliados de Estados Unidos, como la Unión Europea. Este bloque regional ve con gran desagrado las amenazas que Estados Unidos hace pesar sobre las empresas europeas que han invertido en Cuba y, recordando las acciones estadounidenses tendientes a impedir que los países de Europa estén presentes en el mercado iraní, ha reaccionado amenazando con recurrir al arbitraje de la Organización Mundial del Comercio (OMC). No obstante, como veremos de inmediato, este acto de rebelión de la Unión Europea está condenado al fracaso porque Washington lo previó hace 25 años.

La Unión Europea condenada a ser vasallo en las guerras estadounidenses soldados

LA UNIÓN EUROPEA ATRAPADA EN UNA TRAMPA

Previendo que, ante el hecho de no poder comerciar con quien le parezca, la Unión Europea llegara a reaccionar algún día como hoy lo hace, la administración de George Bush padre elaboró la «Doctrina Wolfowitz», que ha consistido en garantizar que los países del centro y del este de Europa carezcan de una defensa propia independiente haciendo que la defensa de esos países sea únicamente autónoma.

Es por eso que Washington castró a la Unión Europea desde el nacimiento mismo de ese bloque regional imponiéndole una cláusula primordial en el Tratado de Maastricht: la sumisión a la OTAN, y no me refiero al Mercado Común sino específicamente a la Unión Europea.

Basta con recordar el respaldo constante de la Unión Europea a todas y cada una de las aventuras del Pentágono –Bosnia Herzegovina, Kosovo, Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen. En todos los casos, sin excepción, la Unión Europea se alineó detrás de su superior inmediato: la OTAN.

El interés de imponer a los europeos esta relación de vasallaje fue lo único que justificó la disolución de la Unión Europea Occidental (UEO) y lo único que llevó a Trump a renunciar a su proyecto de disolver la organización militar permanente de la alianza atlántica. Sin la OTAN, la Unión Europea sería independiente de Estados Unidos.

Es cierto que los tratados en vigor estipulan que todo tiene que hacerse de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.

– Pero, por ejemplo, el 26 de marzo de 2019, Estados Unidos “reconoció” una supuesta soberanía de Israel sobre el Golán sirio ocupado, desconociendo así las resoluciones que antes había aprobado en el Consejo de Seguridad de la ONU. O sea, Estados Unidos simplemente cambió de opinión inesperadamente, poniendo así en tela de juicio el Derecho Internacional.

– Otro ejemplo: Esta misma semana Estados Unidos se pronunció a favor del general Khalifa Haftar –según anunció la Casa Blanca el 19 de abril, el presidente Trump incluso lo llamó por teléfono para expresarle personalmente su respaldo– contra el gobierno creado en Libia por la ONU. A partir de ese momento, los países miembros de la Unión Europea han venido pronunciándose uno a uno a favor del general.

Los tratados constitutivos de la Unión Europea impiden que ese bloque regional pueda liberarse de la OTAN, lo cual equivale a no poder independizarse de Estados Unidos ni convertirse así en una verdadera potencia. Las protestas de la Unión Europea ante las «sanciones» estadounidenses contra Irán y ahora también contra Cuba están por consiguiente condenadas de antemano al fracaso.

Contrariamente a la idea generalizada, las acciones de la OTAN no se deciden en el Consejo del Atlántico Norte, o sea no las deciden los países miembros de la alianza atlántica. Prueba de ello es que, en 2011, el Consejo del Atlántico Norte –que había aprobado una acción tendiente a proteger a la población libia de los crímenes que Kadhafi estaba supuestamente a punto de cometer contra ella– se pronunció contra un «cambio de régimen», pero la OTAN atacó Libia sin consulta previa.

Los países miembros de la Unión Europea, que durante la guerra fría constituían un bloque con Estados Unidos, ahora descubren con sorpresa que su cultura no tiene nada que ver con la de su aliado estadounidense. Durante todo aquel paréntesis, se olvidaron tanto de su propia cultura como del «excepcionalismo» estadounidense y creyeron erróneamente que estaban todos de acuerdo.

Los países europeos, incluso en contra de su voluntad, hoy son corresponsables de las guerras de Washington, incluyendo –por ejemplo– la hambruna que enfrenta Yemen, resultado de las operaciones militares de la coalición conformada alrededor de Arabia Saudita y de las sanciones estadounidenses. Las naciones de Europa tendrán por lo tanto que escoger entre asumir esos crímenes y participar en ellos o retirarse de los tratados constitutivos de la Unión Europea.

LA GLOBALIZACIÓN HA LLEGADO A SU FIN

Las posibilidades de comercio internacional han comenzado a reducirse. No se trata de una crisis pasajera sino de un fenómeno de fondo. Ha terminado el proceso de globalización que caracterizó el mundo desde la disolución de la URSS hasta las elecciones legislativas estadounidenses de 2018. Se ha hecho imposible exportar libremente a cualquier lugar del mundo.

China es el único país que aún tiene esa capacidad, pero el Departamento de Estado está creando los medios para cerrarle el mercado latinoamericano.

En esas condiciones, ya no tienen razón de ser los debates sobre las ventajas que pueden revestir el libre intercambio o el proteccionismo dado el hecho que ya no estamos viviendo una época de paz y que no es posible optar entre el primero o el segundo.

Exactamente de la misma manera, la estructura de la Unión Europea, concebida en una época en que el mundo estaba dividido en dos bloques irreconciliables, ya no se adapta en los más mínimo a la situación actual. Si no quieren que Estados Unidos los arrastre a participar en conflictos que no corresponden a sus intereses, los países miembros de la Unión Europea tienen que liberarse de los tratados europeos y salir del Mando Integrado de la OTAN.

Debido a todo eso es totalmente inadecuado abordar las elecciones europeas como una oposición entre progresistas y nacionalistas. La disyuntiva es otra. Los progresistas dicen querer construir un mundo regido por el Derecho Internacional, ese que Estados Unidos quiere erradicar, mientras que algunos nacionalistas, como la Polonia de Andrzej Duda, se preparan para servir a Estados Unidos en contra de los partidarios de la Unión Europea.

Solo algunos británicos presintieron el cambio actual y trataron de salir de la Unión Europea, sin haber logrado convencer a sus parlamentarios. Dicen que «Gobernar es prever». Pero la mayoría de los miembros de la Unión Europea no vieron lo que se les venía encima.

 

THIERRY MEYSSAN
RED VOLTAIRE

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VIDAPacino: los 80 años de un mito de Hollywood

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VIDAPacino: los 80 años de un mito de Hollywood

Al Pacino, uno de los actores más embléma­ticos de la historia de Hollywood, cumple 80 años hoy. En su trayec­toria figuran hitos como al trilogía de El Padrino, Tarde de perros, Perfume de mujer (que le valió su único Oscar), un singu­lar debut como director con En busca de Ricardo III y una carrera que se extiende en el cine por medio siglo con algo más de 60 películas en su haber.

El actor nació como Alfredo James Pacino en Manhattan, el 25 de abril de 1940. Hijo único, su­frió la separación de sus padres y pretendía ser jugador de baseball. Dejó la escuela a los 17 años y comenzó a incursionar grupos de teatro. Fue rechazado como alum­no del Actor´s Studio, adonde regresaría bajo la tutela de Lee Strasberg, a quien reconoció como una figura influyente en su formación.

A fines de los 60 desta­có en varias obras en el circuito teatral de Nueva York y llamó la atención con la película, The Panic in Needle Park. Ese rol lo catapultó a la consi­deración de Francis Ford Coppola, que lo convo­có para el personaje de Michael Corleone en El Padrino. La Paramount no vio con buenos ojos que el desconocido Paci­no se hiciera del papel. Coppola desactivó cual­quier intento de cambiar de actor al cambiar la agenda de rodaje y apurarse a filmar la escena del restaurante, que mostró a los ejecutivos para que constataran lo que era ca­paz de transmitir Pacino en pantalla.

El éxito de El Padrino le valió al actor de 32 años la nominación al Oscar como mejor actor de reparto. 1973 sería el año de Espantapájaros, junto a Gene Hackman, y de Serpico, por la cual aspiró al Oscar como actor protagónico. Repitió nomi­naciones al Oscar por la segunda parte de El Padri­no, en 1974, y por Tarde de perros, en 1975.

Una nueva candidatura al premio de la Academia llegaría en 1979 con…And Justice For All. Los 80 co­menzaron mal: filmó Crui­sing, bajo la dirección de William Friedkin. Pacino hacía de un policía que debía infilirarse entre ho­mosexuales para hallar a un asesino, y la película recibió duras críticas de la comunidad gay. Más tarde, el fracaso del drama épico Revolución (1985) sobre la independencia norteame­ricana, lo hizo abandonar el cine por cuatro años.

Sin embargo, la prime­ra mitad de los 80 habían dejado un personaje anto­lógico: el Tony Montana que Pacino compuso en Scarface de Brian de Pal­ma. La película fue una remake del clásico de Howard Hawks de 1932 y puso en escena a Pacino con Michelle Pfeiffer, con quien volvería a coincidir en 1991 en Frankie & Jo­hnnie.

Antes de eso había vuel­to luego de cuatro años de ostracismo (los dedicó al teatro), con Sea of Love, en 1989. Un año más tarde rodó la tercera parte de El Padrino con Coppola y actuó en el Dick Tracy de Warren Beatty, por la que recibió una nominación al Oscar.

La estatuilla, que le fue esquiva durante dos déca­das, le fue concedida en 1992 por el coronel ciego de Perfume de mujer, re­make del film de Dino Risi que protagonizara Vittorio Gassman en 1975. Luego del Oscar se reecontró con De Palma para Carlito´s Way.

En 1995, Hollywood se conmocionó por Heat, de Michael Mann, donde por primera vez coincidieron juntos Pacino y Robert de Niro: habían estado, cada uno, en los dos relatos que alterna la narración de El Padrino II.

Un año más tarde, Pa­cino sorprendió con En busca de Ricardo III, su debut como director. La película toma como base el drama de Shakespeare y se construyó en base a los ensayos de los acto­res y al detrás de escena en la elaboración de la puesta de la obra.

Los años siguien­tes vieron a Pacino en films como Brasco, El abogado del diablo, El informante, Insomnia y El mercader de Venecia. En 2007 fue el villano de Ocean’s Thirteen, la ter­cera y última parte de la saga protagonizada por George Clooney y Brad Pitt. Al año siguiente, volvió a coincidir con De Niro en Righteous Kill.

Ambos, junto a Joe Pes­ci, estarían a las órdenes de Martin Scorsese en El irlandés, en 2019. Pacino volvió a ser nominado al Oscar después de 27 años, tras ponerse en la piel de Jimmy Hoffa. Su último rol fue en la serie Hunters y se lo anuncia en una nueva adaptación de Rey Lear.

En su vida privada, nunca se casó. Durante años tuvo una relación de idas y venidas con Dia­ne Keaton, su compañera en la trilogía de El Pa­drino. Tuvo una hija en 1989 junto a la maestra de actores Jan Tarrant. En 2001 nacieron melli­zos de su relación con la actriz Beverly D´Angelo. En 2016, pasó por Buenos Aires y dio una clase de actuación en el Teatro Colón.

* Por Juan Pablo Csipka | Página 12

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Especial

“Si dos guerras mundiales no nos han cambiado, menos lo hará este virus”

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“Si dos guerras mundiales no nos han cambiado, menos lo hará este virus”

Desde su casa en el pueblo na­varro de Elizondo, en el corazón del valle de Baztán, rodeado por abetos y alguna cresta de nieve tardía, el pensador, poeta y ensa­yista Ramón Andrés (Pamplona, 1955) medita sobre dos de sus grandes fuentes de sabiduría: la música y el silencio. Y lo hace en medio de una pandemia global que ha llevado a buena parte del mundo a suspender el tiempo, a cambiar de forma abrupta su trasiego frenético.

En entrevista con La Jornada, Ramón Andrés explicó que estos días le hacen pensar en algunas de las ciudades medievales en las que se guardaba silencio para no despertar al diablo, o en la danza de la muerte que se popularizó en la Europa del siglo XV precisamente para conjurarla. Sobre el día des­pués de la cuarentena, no espera grandes cambios: Si dos guerras mundia-les no nos han cambiado, menos lo va a hacer este virus.

ARTE SONORO Y FILOSOFÍA

–En su nuevo ensayo, Filo­sofía y consuelo de la música (de inminente publicación en Acantilado) vuelve a reflexionar sobre la música y, quizá, su ca­rácter sagrado, ¿por qué?

–No, en realidad se trata de un libro que examina la música desde la filosofía; es decir, la música vista por los filósofos que, desde los presocráticos, empezaron a preguntarse qué era la música, que para ellos representaba una imagen de perfección, porque te­nían una idea armónica del mun­do y del universo. Que el libro se titule así explica también el apoyo emocional, importantísimo, que ha supuesto para el ser humano.

–También a través de la mú­sica se evoca constantemente al recuerdo, a la memoria… Parece una idea recurrente.

–Muy a menudo la música parte de un bagaje muy lejano, nos arranca del presente y puede llevarnos a un lugar que quedó en el pasado. En cierto modo, la música tiene la facultad de hacer actual e inmediato lo ocurrido hace mucho. Su vaivén en el tiem­po es una de las grandes hazañas de este arte.

–Hace tres años que se fue a vivir a Elizondo, después de mu­chos años de residir en una gran ciudad como Barcelona. ¿Buscaba acaso más serenidad? ¿Alejarse de lo mundano y vulgar?

–Barcelona es una ciudad muy mal tratada, no se le ha respetado. Ha sido vendida a un precio bajo por los polí­ticos y los muchos especuladores que vieron en ella una simple máquina registradora. Se ha deshumanizado, y los ciudadanos tienen la impresión de vivir en medio de un saqueo. Echo de menos, eso sí, a mis amigos, unas cuantas librerías y las escaleras del puerto, donde a veces pasaba horas sentado y contemplando la nada.

Ir a Elizondo estaba en mis planes desde hace décadas. Nací en Pamplo­na, así que he vuelto a los paisajes de mi infancia. No me arrepiento, porque aquí el silencio, la belleza del paisaje y el trato humano te hacen la vida más amable y profunda.

LA DIMENSIÓN DEL SILENCIO

–En estos tiempos complejos, difíciles, de confinamiento y de pandemias, ¿cómo ve el futuro?

–La población está desprotegida porque ha sido sobornada desde hace décadas. Me refiero a que se ha creado una realidad artificial de bienestar, comodidad y abundancia.

Los políticos y el mundo del ca­pital más agresivo han jugado con esta baza y hoy las personas han perdido los auténticos puntos de referencia. Se ha vivido sin pensar, como en una huida hacia adelante. Esto hay que detenerlo, hacer que ciertas cosas vuelvan a replantearse. De todos modos, he de decirle que si dos guerras mundiales no nos han cambiado, menos lo va a hacer este virus. Somos muy primarios, nos gusta lo nuevo, lo que brilla, y vamos a por ello aunque nos cueste la vida.

–¿Cree que realmente el silen­cio adquiere toda su dimensión en estos días de recogimiento?

–El silencio no es sólo una ausen­cia de ruido o una falta de música. El verdadero silencio es el mental, es la quietud interior que cada uno puede alcanzar si no se deja arrastrar por este vértigo impuesto por la llamada vida moderna, que no es moderna sino antiquísima, porque la historia de la humanidad es una historia de la ambición y de los espejismos, como sucede hoy.

–¿Adónde debemos entonces conducir nuestro silencio en este tiempo complejo y lleno de incer­tidumbres?

–Pues a no buscar en las cosas ni en las relaciones humanas sólo utilidad. Todo se ha convertido en un comercio; debemos aprender a que no toda acción ni propósito debe darnos un rédito. No entrar en este continuo cambio de intereses personales sería ya una forma de silencio, quiero decir de ética. Porque el silencio, a veces, es una respuesta ética.

DEL DECAMERÓN A LA DANZA DE LA MUERTE

–Y la música, ¿qué papel jue­ga en medio de la cuarentena de aislamiento?

–Imagino que a muchos les supondrá una grata compañía, un aliento para pasar el tiempo y no caer en el hastío. A otros les servirá de relajación, a otros de evasión. En mi caso la música es una constante, desde la adolescencia. Me ha ayudado muchísimo a pensar y, sobre todo, a no sucumbir.

–No sé si en sus libros y en sus numerosas lecturas ha encontrado el papel que han jugado el silencio y la música en épocas de pandemias y arrasamientos como el actual. Si es así hábleme de ello…

–Ahora me viene a la memoria el Decamerón, de Giovanni Boccaccio, que empieza narrando los estragos de la peste que asoló Florencia en el siglo XIV y de la cual huye un grupo de muchachos y mu­chachas que se pone a salvo en una hermosa hacienda. Deciden contar cuentos, ser felices, y tocar música francesa, que en la época era la más avanzada y refinada. Esa música los abstraía del dolor que se estaba viviendo a unos cuantos kilómetros de distancia. Debemos pensar también en la danza de la muerte, que se popularizó en la Europa del siglo XV. Era una manera de conjurarla. Y en cuan­to al silencio no recuerdo nada al respecto, salvo que a veces en algunas ciudades medievales se guardaba silencio para no desper­tar al diablo.

–¿Cree que el mundo cam­biará después de todo esto?

–Sustancialmente, no. Cambia­rá, en algunos aspectos, el modo de organizarse. Los buenos pro­pósitos durarán poco. Quizá los Estados se den cuenta de que la idea de recortar tanto el presu­puesto en sanidad es equivocada y, desde un punto de vista político, es una estrategia fácil y grosera. Hoy, los ejércitos ya no sirven para las contiendas que vendrán. Es innecesario seguir gastando de­soladoras cantidades de dinero en un armamento que no entrará en funcionamiento. En pocos años la defensa no consistirá en armas, sino en ataques informáticos y en epidemias muy dañinas pro­piciadas desde los laboratorios. La salud pública necesitará de un elevado presupuesto.

–¿O que el silencio tendrá más sentido?

–Más sentido no, más impor­tancia tal vez. Porque sentido lo ha tenido siempre; si digo que quizá tenga más importancia es porque debería actuar como contrapeso en medio de este griterío de mer­cado que es el mundo.

–¿O que la música tendrá más relieve?

–Podría decirse lo mismo que respecto del silencio. Pero recor­demos que una buena música se transforma en silencio en nuestro interior.

 

* Armando G. Tejeda | La Jor­nada

 

 

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Especial

Los hoteles en tiempos de coronavirus

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Los hoteles en tiempos de coronavirus

Un hotel que no incluye de­sayuno buffet y minibar habría sido inconcebible para muchos estadounidenses hasta hace tres meses, pero ahora, con la pan­demia del coronavirus, todo eso podría podría cambiar.

La aparición del coronavirus ha provocado un cambio radical que podría alterar todo, desde cómo los huéspedes se registran al llegar hasta cómo se limpian las habitaciones.

Los expertos hoteleros pre­dicen que la pandemia alterará drásticamente las estadías en los próximos meses, lo que provo­cará que muchas propiedades adopten una serie de nuevas prácticas, que pueden incluir controles de temperatura a la llegada de los huéspedes.

“Los hoteles tienden a ser un negocio reactivo”, explicó Cheki­tan Dev, profesor de marketing y branding en la Facultad de Administración de Hoteles de la Universidad de Cornell. “Se ha necesitado el Covid-19 para que muchos hoteles analicen los procedimientos de seguridad y mejoren su acción”.

Dev dio como ejemplo los cambios de seguridad que acaba de implementar el Hotel Four Seasons en la ciudad de Nueva York, medidas que podrían lle­gar pronto a los hoteles de todo el país.

“Somos un conejillo de in­dias”, mencionó Rudy Tauscher, gerente general de Four Seasons. “Estamos a la vanguardia de la ‘nueva normalidad’ del mundo de la hospitalidad”.

El viaje como conejillo de in­dias del Four Seasons comenzó el mes pasado, cuando H. Ty War­ner, dueño de la propiedad, dijo que abriría las puertas de su hotel a los profesionales médicos que trabajan en el frente de batalla Covid-19. “Ahora casi no tenemos puntos de contacto en todo el hotel, lo que está completamente en contra de la naturaleza de un hotel de ser práctico y amable”, aseguró Tauscher. “Solíamos ser conocidos por el toque humano, pero ahora no tenemos ningún toque”.

Los registros de entrada y salida se realizan virtualmente, sin contac­to de persona a persona. Los viajes en ascensor están limitados a un huésped por elevador. El servicio de habitaciones ha sido descontinua­do, y el restaurante, bar y estación de café de cortesía del hotel están cerrados indefinidamente.

La nueva opción gastronómica del hotel son comidas preparadas en caja, disponibles en un refrigerador industrial en el lobby.

“Creo que es seguro decir que los buffets de desayuno y las mesas comunitarias y el tipo de cosas que habían sido tradiciones en muchos hoteles van a desaparecer, por quién sabe cuánto tiempo”, dijo Tauscher.

El Dr. Robert Quigley, vicepresi­dente senior de International SOS del grupo Four Seasons, señaló por su parte que “la habitación se deja vacante durante 24 horas después de que un huésped se retira”.

Explicó que “luego un equipo de limpieza entra con trajes de ma­teriales peligrosos y realiza una limpieza profunda, después de lo cual la habitación se deja va­cía durante 24 horas más”.

 

*Con información de ANSA Latina

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