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Editorial

La última tentación de Aldo

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Editorial Diario UNO

Con el nombre de La última tentación de Cristo, Martin Scorsese produjo una extraordinaria cinta basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis. La película relata la posibilidad de que Cristo alguna vez hubiese pensado dejar de ser Dios para ser solo hombre. Es, por ello, una parábola de lo imposible.

Pero ni aun así, el género ha dejado de ser usado. Solo ayer Aldo Mariátegui ha escrito una nota en la que dice que Dina Boluarte es la peor política que ha visto. «No puede tenerla más fácil para ser presidenta (aspiración última, lo nieguen o no, de todo político). Tiene solo que reemplazar a un sujeto que más limitado no puede ser, sin partido detrás, absolutamente impopular en Lima (y cada vez más en provincias), sin ningún prestigio en el exterior y al que ni el Congreso, el empresariado, los medios, las FFAA y el dólar pueden ver. Bastaría con que prometiese un gobierno centrista (y no entrase a felonías a lo Vizcarra, que después le serían cobradas como a ese) y pactase un “gabinete congresal” (los congresistas estarían encantados de no solo durar hasta el 2026 sino además de tener carteras», predica, incitando a la ministra apurimeña a una traición en forma a su presidente cajamarquino.

En el colmo del paroxismo, Aldito dibuja un gabinete en el que reparte carteras, como panes, a todos los partidos e insiste en que esta «sería la salida menos traumática y más racional para el Perú. Se acabaría con estas polarizaciones e incertidumbres. Y el Ejecutivo y el Legislativo electos perdurarían». Pero, al final se lamenta sosteniendo que «Dina no la ve y sigue aferrándose a ser la decorativa segundona de un naufragio».

El texto es tan bueno que debería ser utilizado en todos los colegios privados de alto pago que preparan yuppies, como manual de la traición y el engaño a usar para escalar a cómo de lugar. Su autor no reconoce valores como la lealtad, la solidaridad, el trabajo en equipo, el reconocimiento del liderazgo, etc todos los cuales son reemplazados por «dale un empujón y siéntate en su sillón», máxima del capitalismo salvaje trasladada a la vida pública. En los colegios nacionales, en cambio, debería utilizado como una guía de lo que no se debe hacer en la política limpia y en las universidades como una pieza maestra del oportunismo más ramplón.

Desgraciadamente para Aldito, ni siquiera en la ficción tamañas tentaciones felonas tienen éxito.

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Editorial

El espejo ecuatoriano

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Editorial Diario UNO

Ayer, organizaciones indígenas y sindicatos en Ecuador marchaban para protestar contra la política económica del gobierno y pedir que se congelen los precios del combustible, en el contexto de un incremento progresivo en lo que va del año y la difícil situación económica en el país.

Las carreteras en varias provincias del país del norte fueron cerradas, mientras que la organización indígena Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae) dijo que algunas carreteras en la región amazónica del país habían sido cortadas desde la madrugada.

El vocero del gobierno indico que solo eran seis las carreteras cerradas. Pero según CNN, la realidad era muchos más grave por la cual se decretó el estado de excepción en todo el país. Peor aun, la Conaie anunció el inicio de una ”jornada progresiva de resistencia y movilización” desde la madrugada de este martes en distintos puntos del país.

El problema es el alza del combustible, cuyo precio piden el congelamiento en una escala mucho mayor a lo anunciado el viernes por el presidente Guillermo Lasso. Lasso expresó la semana pasada que iba a ”defender a Quito de aquellos que les gusta la violencia”. ”Si tenemos que empuñar con fuerza la Constitución para enfrentar a los golpistas, lo haremos”, dijo. Pero la realidad de las protestas, lo cerca cada vez más. Sobre todo, porque se ha negado a acudir a las citaciones del Congreso que desea preguntarle sobre los Pandora papers.

Como se h visto ayer en Las Bambas, una cosa es lo que pueden pensar los funcionarios y otra muy diferente lo que puede sentir la población. El Buen Gobierno es el arte que una y otra coincidan, para la solución de los problemas.

La correa de la primera ministra para soportar los desplantes de las comunidades ayer, para firmar un acta, en Las Bambas va en ese camino. Pero, la solución verdadera es atender las necesidades de las comunidades. Y ello requiere no solo buena voluntad sino conocimiento del problema local, algo que nadie parece tener.

Por ello, no basta visitar Las Bambas desde fuera. Hay que atender lo que piensan dirigentes y pobladores, valorar el costo de las soluciones y pensar en fórmulas flexibles para atenderlas. Cualquier otra cosa, es solo ilusión.

Por eso no hay que esperar caer en el ejemplo ecuatoriano. Hay que arriesgar y tomar decisiones audaces. Lo otro es apostar por el alza de precios.

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Editorial

Por Dios y por la plata

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Editorial Diario UNO

Hace 21 años, un 26 de julio del año 2000, se instalaba la junta preparatoria del Congreso de la República. Presidía la ceremonia la inflexible Martha Hildebrandt, acompañada de los congresistas Humberto Martínez Morosini y Milagros Huamán. Cada nuevo parlamentario se acercaba respetuosamente al estrado y ante un crucifijo respondía con la fórmula ritual.

«Juráis por Dios y por la patria desempeñar fiel y lealmente el cargo de congresista que el pueblo os ha confiado» repitió la presidenta a Gerardo Saavedra Mesones legislador de Perú Posible. Este, presto, respondió sonoramente «Por Dios y por la plata. ¡Si juro!». Frase que, desde entonces, ha entrado en el diccionario político del país, como la verdadera motivación de algunos representantes que llegan al Parlamento para beneficiarse ellos, antes que a sus electores.

Quienes conocieron en vida a Cucho Saavedra afirmaban que la respuesta no fue un «lapsus linguae», es decir una equivocación que se comete por olvido o equivocación, sino que le salió del alma, fruto de su genuina preocupación por recuperar el dinero generosamente invertido en su campaña y en la de su candidato presidencial Alejandro Toledo.

Pero los memoriosos que creyeron que la frase era un hecho del pasado, ayer Hernando Guerra García revivió a Saavedra, en versión un poco más moderna. Fue en el homenaje póstumo al congresista de Perú Libre Fernando Herrera Mamani. Allí, en medio del salón de los Pasos Perdidos, y sin que nadie se lo solicitara, soltó una queja económica a nombre del fallecido. «Solo, en un sitio modesto, en el que se alojaba para poder transportarse a su ciudad, con pocos recursos porque son pocos los recursos que tiene un congresista para poder hacer un trabajo como el que Fernando quería hacerlo. Ya quisieran muchos congresistas tener el suelo de un ministro o un viceministro, tener movilidad y no tener que transportarse por vía terrestre o en los horarios que se le ocurre a cualquier línea aérea. La política es permanentemente vapuleada en nuestro país y aquellos que son elegidos al Congreso más aún. A la prensa, a las redes sociales, les encanta desprestigiar a los que han sido electos, les encanta decir que (los congresistas) ganan buenos sueldos, que tienen gollerías, pero en su partida Fernando nos ha dado muestra que no es así».

Herrera Mamani vivió y murió luchando por unos ideales, por los que juró ante el pueblo. Guerra García en cambio lo hace por Dios y por la plata.

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Editorial

Camisea, como sea

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Editorial Diario UNO

Ayer la sanisidrina calle Tomás Edison, donde se encuentra la tradicional cafetería La Bombonniere, se vio interrumpida. Una cuadrilla de obreros rompía la pista, mientras que diligentes vigilantes desviaban a los autos letrero en mano. Lo raro de este despliegue era que se realizaba al amparo de un cartel de la empresa Calidda que anunciaba la llegada de gas natural barato para una zona claramente pudiente.

¿Por qué razón el gas no llega primero a los conos y después a San Isidro? Podría preguntarse cualquier viandante, del mismo modo que se lo ha preguntado en la intimidad el presidente Pedro Castillo. Porque nadie lo ha propuesto como política de Estado podría respondérsele a cualquiera de los dos.

Esta cuestión clave es la que está a la base del anuncio de nacionalización del gas que ha realizado ayer el mandatario y frente al cual los fariseos de siempre se rasgan las vestiduras, denunciando la violación de la propiedad privada y olvidando la necesidad cotidiana de combustible barato de la mayoría de los peruanos.

El problema es que la solución no es tan fácil como la pregunta. Especialistas en el tema de energía han explicado que en la cadena de valor se encuentran distintos protagonistas: el consorcio Camisea (Pluspetrol y otras cuatro empresas), en la producción en los lotes 56 y 88; el consorcio TdG, en el transporte: Calidda y otras tres empresas, en la distribución; y el consorcio Perú GNP en la exportación.

Fue durante la gestión de Alejandro Toledo que la lógica de esta cadena, que se suponía era abastecer de gas natural a todo el Perú, se torció, orientándola a la exportación. A partir de ahí se abandonó la construcción de la infraestructura mínima necesaria (y dentro de ella, el gasoducto), para que los peruanos pudieran ver sus domicilios abastecidos con la producción de Camisea.

Pero el lema de combate de Pedro Castillo ha sido «no más pobres, en un país rico», que para el caso del gas de uso doméstico podría también leerse «no más gas caro, en un país que reinyecta el gas natural al subsuelo pues no puede trasladarlo a quienes lo necesitan». Raciocinio cuyo corolario obligado es la masificación del gas natural y el cambio de la matriz energética. De ahí a la necesidad de reorientar a la cadena de valor desde su actor principal, hay un solo paso. Lo que conduce a dos vías: la renegociación o la nacionalización.

Por eso el gobierno, ha asumido el reto de volver al proyecto original de Camisea, y sacarlo «como sea».

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