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Editorial

La hora es la hora

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Editorial Diario UNO

La ciudadanía ha aprendido desde la niñez el sentido del tiempo. Cuando llegabas al colegio justo en el momento que el timbre dejaba de sonar, el portero no te dejaba entrar. Cuando la sirena dejaba de sonar en la puerta de la fábrica, el portón se cerraba y perdías el pago del día. Cuando ibas al banco a cobrar un cheque que necesitabas cobrar con urgencia, para honrar deudas, y llegabas un segundo antes de la hora de cierre, la puerta se entornaba y los vigilantes no dejaban pasar a nadie. Ni siquiera había piedad cuando ibas a la municipalidad a pagar tu impuesto predial, porque ni con la plata en la mano te franqueaban el paso. Y en todos esos casos te repetían «La hora es la hora».

Pero Keiko Fujimori carece de formación ciudadana. Siempre ha querido imponer su voluntad por sobre las normas y las autoridades. La Ley Orgánica de Elecciones dice que las apelaciones se presentarán tres días después del cierre del acto electoral, y como la elección acabó el domingo 6 de junio a las 8 p. m., el plazo vencía el miércoles también a las 8 p.m. Además, el JNE en este proceso, en tres resoluciones, dejó en claro que su mesa de partes cerraba a las 8 p.m., y que todo documento llegado después de esa hora se reputaba ingresado al día siguiente. Pero nada de eso vale para Keiko, el JNE le debe abrir a la hora que ella quiera y, todavía hoy, sigue presentando nulidades cuando los plazos ya concluyeron.

En el colmo de la alucinación, surgen ayayeros interesados. Por ejemplo, ayer el abogado Rafael Santos difundió una resolución de la ONPE en la que se fijaba como fin del horario de atención las 12 de la noche. Con esto pretendía haber echado por tierra la terca resistencia del JNE a aceptar la ampliación del plazo de aceptación de nulidades y ganar puntos ante Keiko. La sonrisa de triunfo y las llamadas de felicitación se tuvieron que desvanecer solo unas horas después, porque el Comité Técnico de Chequeo de Hechos del JNE, le hizo ver que el documento pertenecía a la ONPE y no al jurado. Solo faltó que le preguntaran si había aprobado el curso de derecho administrativo.

Mientras que el JNE sigue rechazando las nulidades que no se ajustan al plazo, sus cercanos le han recomendado a media voz a Keiko que, en lugar de Óscar Urviola, contrate como asesor a un relojero.

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Editorial

La hora de España

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Editorial Diario UNO

José Luis Dicenta

Las recientes elecciones peruanas han puesto en evidencia que son muchos los que sólo valoran la Democracia cuando esta se ajusta a sus convicciones y/o intereses.

Pero la Democracia no es eso. La Democracia empieza por reconocer los valores, las señas de identidad, la ideología de todos los que no piensan como uno. Le dan el mismo valor y le reconocen la misma legitimidad.

Para que haya una convivencia auténtica es esencial el reconocimiento del Otro. Y en Perú se da la circunstancia, como en otros países, de que hay muchos Otros. Y todos deben tener iguales derechos y obligaciones. El reconocimiento del presidente Castillo no debería hacerse al tiempo que se levanta el hacha de guerra contra él y su política, como acaba de hacer la excandidata Fujimori. La democracia auténtica vive y se desarrolla en los vastos espacios del diálogo, del intercambio de opiniones, de la confrontación ideológica. Pero no en los yermos desiertos de las luchas fratricidas, la sangre y la guerra. Así no se construye, sino que se destruye cualquier país. Los españoles sabemos, por desgracia, algo de eso.

El pueblo peruano ha hablado en libertad y ha elegido su presidente. De nada han servido las voces “autorizadas” que anticipaban la derrota de Castillo y se negaban luego a aceptar su victoria, ni los actos de propaganda antiCastillo en el exterior, ni las señales derrotistas lanzadas a los mercados internacionales. La soberanía del pueblo está por encima de todo eso.

Y ahora, al levantarse el telón, empieza lo verdaderamente difícil: la tarea de gobernar para todos a fin de conseguir que todos los peruanos se sientan parte de la Sociedad y de la Economía peruanas, el ímprobo trabajo de ajustar un programa de gobierno a las reales necesidades de un país con graves deficiencias de integración en todos los órdenes. E iniciar un proceso de eliminación de las desigualdades y las corruptelas.

Es una tarea que difícilmente puede llevar a cabo un país en solitario. Sería deseable que España hiciera acto de presencia en ese despliegue de oportunidades. Porque somos parte de los Otros. Una parte muy especial porque tenemos una importante parte de la culpa y la responsabilidad por los errores cometidos en el pasado de la historia peruana. Y tenemos también la obligación de enderezar los entuertos hablándonos de tú a tú, en la misma lengua.

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Editorial

Problema y posibilidad

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Editorial Diario UNO

En 1931 el joven intelectual tacneño Jorge Basadre, quien después se convertiría en el historiador de la República, en su libro «Perú: problema y posibilidad», sentenció: «Quienes únicamente se solazan con el pasado, ignoran que el Perú, el verdadero Perú es todavía un problema. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad. Problema es, en efecto y por desgracia el Perú; pero también felizmente, posibilidad».

Para Basadre el Perú es problema cuando se cae en la amargura y el pesimismo, cuando el pasado se concibe como una jaula que no permite actuar, pero que también es una posibilidad en su porvenir. El mayor problema del Perú, que radica en su pasado y contamina aún su realidad, es la falta de reconocimiento de la pluralidad, situación a partir de la cual, el maestro explicaba la falta de conciencia que a lo largo de la historia ha gobernado el país, y que no ha logrado reconocer las diferentes capas y estratos étnicos, sociales, y de formas de vida que se gestaron. Y la posibilidad es una apuesta por el socialismo, pero un socialismo democrático que pudiese reconocer y asimilar ese país multiétnico y desintegrado que él vivió

En las últimas cuatro décadas del silo XX científicos sociales como José Matos Mar y Julio Cotler comprobaron la hipótesis de Basadre, al revelar en sus estudios, en qué grado y bajo qué formas, el país seguía careciendo de integración, al punto que cuestionaban que el Perú pudiese ser considerado como una Nación. Si ambos hubiesen vivido las últimas semanas de la última elección presidencial seguramente que se hubiesen ratificado en sus análisis.

Pero, no es solo pesimista la visión de Matos Mar y Cotler, pues también reconocen los bullentes procesos de cambio social iniciados con la migración provinciana que reconfiguran la economía, transforman la sociedad y generan una nueva cultura urbana, indesligable de la cultura andina, aunque sin logar una plena democratización social y política. Sin embargo, esta mixtura es el germen de la nueva peruanidad, expresada hoy en la llegada a la presidencia de un profesor rural.

Por eso, hoy 28 de julio, siguiendo el optimismo de Basadre, toca optar por la esperanza; porque como él mismo sentenció «la esperanza es un valor inalienable de la vida, y que esta no existe sin la otra».

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Editorial

El arte de sumar

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Editorial Diario UNO

A diferencia de las matemáticas, en las que es indispensable saber las cuatro operaciones, en política solo hay que saber sumar y multiplicar, nunca restar ni dividir. Si hubiese tenido en cuenta esta sencilla verdad, Perú Libre no hubiese incurrido en la impericia de realizar una mala inscripción de su lista a la mesa directiva del Congreso de la República, y menos hubiera tenido que lamentar la pérdida del manejo de ésta.

Un corolario de ese axioma político es que cuando no tienes la mayoría debes buscar aliados. Pero los aliados no se consiguen imponiéndoles la posición propia, sino consensuando con ellos puntos de acuerdo que comprometen a ambas partes. Así ocurrió entre Perú Libre y Acción Popular, hasta 13 de los 16 congresistas populistas de provincias expresaron su deseo de hacer una mayoría. El problema vino cuando Perú Libre no quiso ceder la presidencia. Sería muy constructivo que, ahora, los congresistas de Perú Libre y su cúpula partidaria se dieran cuenta que negociaron llevando una chaveta en la mano.

Otro principio de la suma en política es que lo que tu ganas, se lo restas al rival. La conversación de Perú Libre con AP, descolocó a la derecha. Hasta APP se acercó para no quedarse fuera de la foto, pero cuando la tozudez de los Cerrón espantó a los populistas, estos se llevaron a APP y Podemos y dejaron huachos a los oficialistas. El problema es que pareciera ser que la lección no ha sido asimilada en las huestes perulibristas, como demuestra el tweet de Vladimir Cerrón contra Pedro Francke que circulaba ayer.

A diferencia de Perú Libre, el fujimorismo sigue pensando en cómo sumar. Ya Keiko Fujimori ha anunciado que armará una tiendita de campaña en la puerta de la embajada de España, para tratar de hablar con Felipe II y pedirle… auditoria. Pero, además, los resultados de la votación para la mesa directiva han movido a las dos fuerzas de derecha, el fujimorismo y el lopezaliaguismo, a soñar con sumar unos votos más para alcanzar el mínimo constitucional y promover una vacancia de presidente y vicepresidenta y encumbrar en Palacio de Gobierno a María del Carmen Alva, tal como ocurrió con Manuel Merino de Lama.

Si Perú Libre sigue restando y dividiendo y no aprende el arte de la adición, podría convertirse en el mejor aliado de esa intentona desestabilizadora.

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