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Editorial

La falsa lealtad

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Editorial Diario UNO

Hace dos días, los medios de comunicación anunciaron que el secretario general del despacho presidencial, Bruno Pacheco Castillo, abrumado por el peso de las acusaciones en su contra, presentó su renuncia al cargo. La carta vino acompañada de una declaración en la que argumentaba que el paso al costado lo daba “con la convicción de no haber cometido nada indebido y que su decisión buscaba no afectar la imagen del presidente Pedro Castillo”. Un triste caso de falsa lealtad.

Con el solo mérito de haber trabajado en un cargo menor en la municipalidad del Rímac, Pacheco al llegar a Palacio de Gobierno debe haber sentido que se había sacado la lotería. No tenía ninguna preparación previa no había descollado en ninguna actividad política, pero ahora tenía una tarjeta de presentación con el sello de la presidencia y un teléfono de órdenes por el que podía comunicarse con cualquier nivel del gobierno para trasmitir directivas, reales o ficticias, de parte del presidente.

Y Bruno no se midió. Primero, como han revelado varios medios de comunicación, por su despacho pasaron lobistas, empresarios interesados en contratos y oficiales de alto rango preocupados por los ascensos. A todos los atendió con diligencia impropia y les aseguró su apoyo para los temas que gestionaban. En el intermedio de tan agotadora tarea se dio tiempo para llamar a la Sunat, y recomendar algunos casitos especiales. Como era un virtual desconocido no es inverosímil que se haya cuidado de mencionar que el recado venía “de parte del profesor”.

Por lo menos, así quedó en claro en los intentos de influencia ante los comandantes generales del Ejército y la FAP, a quienes trasmitió un “encarguito”, como si el cuadro de orden de méritos de las entidades castrenses fuera un documento de Azángaro que pudiese borronearse impunemente. Todo ello ya ha desprestigiado al presidente de la República, así que las lágrimas de cocodrilo de Pacheco en su tweet de renuncia no son sino la mejor prueba de la falsa lealtad que le ha prodigado a quien generosamente lo nombro. Su caso, seguramente, será usado en los cursos de ciencia política como ejemplo de lo que no se debe hacer.

Pero como Pedro Castillo es una persona noble podría verse tentado de destinar al torpe Pacheco a alguna otra posición gubernamental en la que seguramente volvería a hacer abuso de poder. Claro, si antes el Ministerio Público no impide que la falsa lealtad sea pagada con el ingenuo agradecimiento.

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Editorial

La estafa periodística

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Editorial Diario UNO

Ayer algunas casas de las zonas residenciales de Lima tenían un aire de fiesta. Con las luces de Navidad encendidas, reunían a grupos de amigos y socios, quienes con un buffet premium y whisky etiqueta azul esperaban con emoción las 8 de la noche para espectar lo que suponían iba a ser el fin de Pedro Castillo como presidente de la República.

La esperanza era fundada. A su juicio, la inutilidad de los congresistas de Fuerza Popular y Renovación Popular había permitido la consolidación de un gobierno «comunista», al cual las costosas marchas sabatinas no le habían movido un pelo. Y hasta la achorada iniciativa de vacancia de Patricia Chirinos no acababa de cuajar, sobre todo por la falta de interés de la población que ni siquiera le había dado bola. Más eficaz había sido, siempre en su raciocinio, la presidenta del Congreso. María del Carmen Alva, a la que consideraban la mejor de sus cartas.

Pero, esta noche Cuarto Poder iba a dar el puntillazo. No por los méritos de los opositores sino por los errores de quien consideraban un provinciano torpe que se había dejado engatusar por una lobista chicha, que a punta de coimas había logrado penetrar hasta el corazón del poder. Toda la semana, las redes sociales habían anunciado que había tres videos de los pagos realizados y, si los periodistas se esmeraban, de repente hasta alguna conversación íntima se podría conseguir. Con ello, ¡zas!, Castillo a su casa, y en una semana Dina Boluarte también… y a empezar de nuevo.

Claro, si esos señorones limeños leyeran las humildes páginas de este diario se hubiesen percatado que hace solo tres días dijimos que los famosos audios eran solo una más de las bolas limeñas, que existen desde la Colonia. Tanto así que ayer, minutos después de que se propalara la edición de Cuarto Poder, en el programa competidor Panorama, no un vocero del gobierno sino un periodista liberal como Juan Carlos Tafur se viera obligado a reconocer que todos los derechosos habían sido objeto de una verdadera «estafa periodística» y que, a su juicio, eso haría que la vacancia se cayera.

Ciertamente ya la vacancia se había empezado a caer con el rechazo que sufrió casi desde que fue formulada por parte de las verdaderas fuerzas vivas: el empresariado nacional y la población regional y hasta de las Fuerzas Armadas.

Pero que la vacancia se caiga no justifica, como ha dicho el propio Pedro Castillo, que en el gobierno de un profesor los estudiantes vean que se roba impunemente. De él depende.

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Editorial

Conversar no es pactar

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Editorial Diario UNO

Corría el año 1956 y el fin del gobierno dictatorial de Manuel Odría. El país debatía, electoralmente, la sucesión entre el candidato oficialista Hernando de Lavalle y el expresidente Manuel Prado, terciaba un desconocido Fernando Belaúnde Terry. El APRA, entonces partido mayoritario, tenía el voto decisivo. Tanto que el propio Lavalle había enviado emisarios a Roma, donde Víctor Raúl Haya de la Torre se encontraba desterrado para ofrecerle la amnistía. El secretario general de ese partido era Ramiro Prialé, quien recibió la propuesta de los pradistas de mejorar las condiciones de Lavalle. «Compañero, le dijeron los miembros de la comisión política, ya cerramos con Lavalle». A lo que Prialé respondió «Conversar no es pactar», haciendo célebre esta frase como expresión de pragmatismo político.

El dicho ha vuelto a la memoria este fin de semana, después de que líderes de cuatro partidos políticos de centro (APP, Somos Perú, Podemos y Avanza País) se reunieran en Palacio de Gobierno con el presidente Pedro Castillo para tratar la coyuntura política signada por acusaciones de corrupción de allegados al chotano. Hoy día está programada la presencia de los dirigentes de Acción Popular, cerrando una saludable ronda de conversaciones, que deberían producirse más a menudo.

Los únicos que poden remilgos a esta sana práctica democrática, que no compromete a quien habla ni a quién escucha, son las fuerzas extremas. Perú Libre, que está preparando una lista de lavandería para ponerla como condición a Castillo para su apoyo en la votación y los partidos de derecha (Fuerza Popular y Renovación Popular) que tienen miedo de que cualquier contacto con el gobierno los pueda teñir con una mancha de rojo.

La verdad de las cosas es que, a hoy día, en el Congreso las perspectivas están más que claras. Los partidarios de la iniciativa de vacancia están en el borde de los 52 votos necesarios para conseguir la admisión, dependiendo de un pequeño margen de indecisos que podrían inclinar la balanza a uno u otro lado. Pero, esos votos ni siquiera alcanzan para obligar al presidente a ir a responder al Congreso, pues puede hacerse representar por un abogado. Al mismo tiempo, los cuestionadores están muy lejos de los 87 votos para aprobar la vacancia presidencial. Entonces, su insistencia es puro verso para contentar a las tribunas desde dónde sus partidarios aguardan ilusionados la caída de Pedro Castillo.

Quizás, a unos y otros, hoy les valdría más, valorar la sentencia de Prialé.

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Lima, ciudad de los rumores

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Desde la Colonia, Lima se ha caracterizado por ser una ciudad donde lo más común son los chismes y bolas. Nacidos de personajes ingeniosos y que no tienen otros quehaceres, los rumores nacen, crecen, se transforman y se expanden siendo repetidos por los ciudadanos de a pie con plena fe y absoluta exageración. Saber «la última» es casi una obligación nacional.

La crisis de la vacancia no podía dejar de aportar ocurrencias a esta especie de realidad paralela, en la cual todo puede suceder. Así ayer tres bolas ocupaban las conversaciones de café limeñas y las redes sociales, todas sobre el sufrido profesor Pedro Castillo.

La primera bola era una supuesta decisión histórica de la izquierda caviar, representada por Salomón Lerner y Gustavo Gorriti, de dar la puntilla al chotano y ungir como su reemplazo a Dina Boluarte. Para rodearla de un aire de credibilidad, incluso se hablaba de una supuesta cita nocturna entre Lerner y la vicepresidenta, lo que esta desmintió con una sonrisa en los labios pues ha estado dos días fuera de Lima.

La segunda bola era la existencia de tres audios que, supuestamente estarían listos a ser hechos públicos en los programas dominicales. Un audio lo tendría Cuarto Poder y consistiría en una grabación entre un congresista de Perú Libre (aparentemente Alex Paredes), negociando con un congresista de AP, para evitar la interpelación de Castillo. Otro audio consistiría en una conversación de Karelim López (la lobista que visitó Palacio de Gobierno y el departamento de Breña) con el sobrino del profesor, Fray Vásquez Castillo, recibiendo dinero en dólares; este audio habría sido grabado por ella misma. Y un tercer audio, también supuestamente grabado por López, consistiría en una conversación con el presidente sobre una obra por adjudicar. Ningún medio aceptó tener tales audios.

La tercera bola era que Castillo había llegado a un acuerdo con Cerrón para formar un nuevo Gabinete encabezado por Roger Najar, quien ingresaría con un equipo de ministros radicales, rompiendo la supuesta alianza con los caviares. Este run run decía que los cambios se realizarían entre la admisión de la vacancia y antes de la votación. Pero, en lugar de juntarse con los cerronistas, el profesor ayer se reunía con los líderes de centro invocándoles a defender la democracia y no dejarse pechar por la derecha.

Cuando le hablaron de los rumores, jocosamente habría comentado: «A los chotanos no nos entran ni balas ni bolas».

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