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Editorial

¿Inundar Juliaca?

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Editorial Diario UNO

En esta casa, como Aristóteles, «somos amigos de Platón, pero somos más amigos de la verdad». Por ello no hemos vacilado en cuestionar las medidas incomprensibles del presidente Pedro Castillo y en reclamar la máxima transparencia en relación a las graves acusaciones contra sus exallegados, hoy investigados por la fiscalía por presuntos actos de corrupción. Pero ese mismo afán nos impide avalar la acusación fácil y falsa para descalificar al profesor chotano.

Recordamos este hecho, porque ayer las redes sociales se vieron inundadas por una supuesta declaración presidencial en la que anunciaba su propósito de inundar la ciudad puneña de Juliaca. Así, en un video viral se escuchaba: «Este gobierno y a partir de esta fecha, vamos a permitir que Juliaca, a través de las lluvias, se inunde esta gran ciudad», pero en el video original se habían cortado algunas palabras con el fin de desvirtuar lo que Castillo dijo realmente «Y el tema del alcantarillado, nunca más en este gobierno y a partir de esta fecha, vamos a permitir que Juliaca, a través de las lluvias se inunde esta gran ciudad. Por eso, queridos compatriotas, queremos lo más importante que decirles, de que no solo es un honor estar en este pueblo, sino es un compromiso». Ya se han hecho habituales de burla algunas improvisaciones del presidente, que lo hacen ver como un estadista calichín, pero en este caso obviamente sus palabras fueron editadas y sacadas de contexto, con mala fe.

Lo triste es que el presidente se estaba refiriendo al principal problema urbano de Juliaca, la falta de un adecuado sistema de drenaje pluvial, carencia que en épocas de lluvia convierte a las calles de esa pujante ciudad en verdaderos charcos, por carecer de declive. Además, por su cercanía al lago Titicaca y a la laguna Chacas y el río Coata, la napa freática se encuentra muy cercana a la superficie y ello conlleva una dificultad adicional a la adecuada eliminación de las aguas superficiales.

Precisamente, ante estos problemas que no son de ahora, el gobierno ha dispuesto la ejecución de la obra del drenaje de Juliaca con una inversión de 1.200 millones de soles y que para evitar la acción de Zamires y Karelinas, se le ha encargado licitar a la Oficina de las Naciones Unidas para Proyectos (UNOPS). A esta obra era a la que el presidente se refirió cuando mencionó el tema del alcantarillado.

Así que los únicos «inundados» van a ser los críticos de oficio, que no solo desprecian el habla popular, sino que tampoco conocen el país.

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Editorial

Colombia: tan cerca y tan lejos

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Editorial Diario UNO

En algunos aspectos esenciales, Colombia se parece mucho al Perú: ha pasado una era brutal de violencia, está asolada por las lacras del narcotráfico y la corrupción y su sociedad muestra abismales diferencias sociales, especialmente en el área rural. Todo ello, sumó una ola de insatisfacción que ha catapultado a la presidencia a Gustavo Petro quien, en muestra de la aspiración de cambio de la mayoría de los colombianos, recibió más de 11 millones de votos, récord en la historia de los comicios en ese país.

La violencia en Colombia fue un problema endémico. Se inició en la primera parte del siglo pasado, por la lucha entre liberales y conservadores, y llegó a su cima con la aparición de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) que llegaron a conquistar una parte del territorio, En el 2016 se firmó un Acuerdo de Paz, pero está lejos de haberse detenido: las bandas armadas de la derecha solo en lo que va del año han asesinado a 30 excombatientes y desde el 2018-2020 a 261.

La corrupción ha corrido paralela a la continuidad de la violencia. El gobierno del saliente presidente Iván Duque pidió a las Naciones Unidas y la Unión Europea (UE) recursos para el Acuerdo de Paz, pero una red en la que presuntamente participaron funcionarios de la Contraloría, Departamento de Planeación y algunos congresistas conservadores, se robaron 500.000 millones de pesos para la implementación del Acuerdo. Por último, la economía sigue dependiendo de la inyección de las divisas del narcotráfico, en medio de una enorme desigualdad del ingreso, una altísima tasa de desempleo y la devaluación del peso.

Estas son nuestras similitudes. Pero, a diferencia del Perú, el presidente Petro ha decidido enfrentar tales retos apelando a lo mejor de la inteligencia académica y profesional, rodeándose de cuadros técnicos altamente calificados y de indudable idoneidad moral. Todo lo cual es consecuente con su propuesta de cambio.

Por ello, es una pena que el presidente Pedro Castillo no viaje a la trasmisión de mando en Colombia, hubiera podido aprender mucho.

 

 

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Editorial

¿El ultimo gabinete?

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Editorial Diario UNO

Hace solo dos días, la agencia de noticias estatal difundía la declaración del presidente de la república en el sentido que ayer juraría un gabinete de «ancha base». Una promesa más incumplida. El gabinete que juró ayer son las mismas caras del anterior, solo hay cuatro nombres nuevos Kurt Burneo en Economía y Finanzas, Miguel Ángel Rodríguez en Relaciones Exteriores; Betssy Chávez en Cultura y César Paniagua Chacón en Vivienda, los otros dos cambios son solo un troque de puestos Geiner Alvarado, al MTC, y Alejandro Salas, a Trabajo. Aníbal Torres fue ratificado en la PCM. ¿Por qué insistir en esos nombres quemados? Por la soledad de Pedro Castillo, que hoy no tiene audiencia en ningún grupo político, ni siquiera en Perú Libre, y lo único que trata es de mantenerse como sea en el poder. Y para ese fin los Torres, Salas y Chávez, son los únicos que sirven.

El profesor debió darse cuenta que su mensaje por 28 de julio no convenció a nadie. Pintó un mundo ideal, como si el Perú fuese una nación europea, pero no reconoció ningún error, ninguna omisión, ningún problema. Todo estaba solucionado. Esa falta de realismo es el primer gran obstáculo al diálogo. El otro es su silencio revelador sobre las graves denuncias de corrupción que pesan contra su entorno palaciego, y que no ha querido (o podido) despejar.

Entonces, nadie sensato, excepto el outsider Burneo, se ha atrevido a subirse al carro gubernamental, calculando que marcha en ineludible rumbo de colisión. Y es que resulta claro que no puedo haber diálogo entre Ejecutivo y Parlamento, entre castillo y los partidos políticos, sino sobre la verdad como base. Y es lo único a lo que el gabinete reciclado se ha negado, a reconocer los enormes déficits de gestión frente a las promesas formuladas en la campaña electoral.

Por ello, lo único que se puede prever con este gabinete es la insatisfacción creciente de la población, la multiplicación del conflicto social, el deterioro de la economía y la continuidad de la incertidumbre política. Quizás esto lo lleve a ser el último de Castillo.

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Editorial

La soledad de Pedro Castillo

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Editorial Diario UNO

Ayer a las 9 de la mañana, la imagen tomada desde un dron que permitía ver a un Pedro Castillo caminando por la avenida Abancay, acompañado por un grupo de 50 partidarios y custodiado por 200 policías, quienes portaban barandas móviles para impedir el contacto con los desavisados transeúntes de esa hora, era el mejor retrato de su situación política: la soledad absoluta.

Para quien no lo ha gozado, el poder tiene varios efectos alucinógenos secundarios. En primer lugar, te hace creer que es interminable y que nunca se va a acabar. En segundo lugar, te convence de que hagas lo que hagas no te va a pasar nada, que siempre vas a poder encontrar una salida a las situaciones más difíciles. En tercer lugar, te hace dudar de todos y confiar solo en tu grupo más cercano, aquel que estás seguro que nunca te va a traicionar ni delatar. Como se sabe, todas esas percepciones son falsas. El poder se puede acabar en un instante y quienes ayer te aplaudían y abrazaban ni te saludan, cualquier cosa buena, mala o regular que hayas hecho puede ser considerada dolosa y pasible de ser investigada y, normalmente, solo te defenderán aquellos de cuya buena voluntad dudaste mientras que los más cercanos competirán por salvar su pellejo contando todo lo que te ofrecieron nunca revelar.

Ejemplos sobran. Alberto Fujimori quien pensaba gobernar al país 15 años o más, de un momento a otro tuvo que huir del país para luego acabar condenado en el penal de Barbadillo. Alejandro Toledo, quien se reputaba a sí mismo como «sano y sagrado» terminó reclamado por la justicia con un grillete en el tobillo y prohibido de tomar bebidas alcohólicas. Y Alan García, Ollanta Humala y PPK, quienes consideraban que podían confiar ciegamente en su amigo y mecenas Jorge Barata, terminaron siendo «echados» por él mediante una colaboración eficaz.

Pedro Castillo no cree esas historias. A él le basta una portátil, un megáfono y una banderola para sentirse popular. No se da cuenta que mientras la justicia investiga, la soledad ya lo tiene prisionero.

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