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Editorial

¿Guerra civil?, ja.

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Editorial Diario UNO

En una de sus entrevistas, el historiador Pablo Macera, con la agudeza que lo caracterizaba dijo «En el Perú no hay revolución, si no acomodo». La frase viene al caso a propósito de la nota publicada este fin de semana por el buen periodista César Campos en la que concluye «Me temo que lo más cercano a nuestras vidas es la guerra civil… indeseada opción a la que no se le aplasta con golpes de pecho o proclamas reconciliadoras careciendo de base común para entendernos».

Nosotros, más bien, nos tememos que, antes que una guerra civil, la asunción del profesor Pedro Castillo a la Presidencia de la República de lugar a uno más de los muchos acomodos de las elites de poder al nuevo contexto. Así ocurrió con el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, en 1968, el populismo radical de Alan García, en 1985, la política de shock de Alberto Fujimori en 1990 y el pretendido nacionalismo de Ollanta Humala en el 2011. Oportunidades todas en la que el país escuchó la misma monserga de que «se marchaba hacia el comunismo» y que produjo sendas fugas de capitales en dólares hacia el exterior que al cabo de un tiempo fueron revertidas por los protagonistas con el rabo entre las piernas.

En lo que acierta el analista es en señalar, como causa de la crisis política, la fragilidad democrática del país que él cree «ha desaparecido hace tiempo», pero que, en realidad, nunca ha existido realmente. En ese sentido, lo que ha vuelto a ocurrir en estas elecciones es una nueva reprobación en las urnas de la desacreditada clase política peruana que hoy rodea a Keiko Fujimori y que, sin entender la causa de su desgracia, sigue interponiendo desesperados recursos judiciales para desconocer los resultados reales de los comicios. Mientras tanto el grueso de la población de Lima y las regiones, aun la que voto por Fuerza Popular, espera tranquila la proclamación, evidenciando un verdadero espíritu democrático.

En este panorama cabría preguntar ¿quién va a hacer la guerra, los «momios» contra el pueblo? Ja. Por eso, a semejanza de los sueños guerrilleros de la izquierda de hace algunas décadas, la pronosticada «guerra civil» no es más un tema de las sobremesas de los políticos tradicionales, de las que Campos es asiduo contertulio, que una posibilidad real en el Perú de hoy. Más bien, pronto empezarán a conversar sobre cómo se acomodan.

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Editorial

Pirro en la Plaza de Armas

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Pirro fue rey de Epiro, una región de Grecia, que en el año 280 a C. se enfrentó al imperio romano en su propio territorio. Para ello, cruzó el mar Jónico con su ejército, caballería y elefantes e instaló su campamento cerca de la ciudad de Tarento. Ahí enfrentó a las tropas del cónsul Publio Livio Valerio en la batalla de Heraclea. La lucha fue intensa y, al final, los romanos tuvieron que replegarse. Ambas partes sufrieron numerosas bajas. Al final del día, y viendo sus tropas tan mermadas, el rey Pirro dijo una frase que se volvió famosa “¡Una victoria más como ésta y estamos perdidos!”. Por ello, la tradición ha dado en llamar victoria pírrica a aquella que se consigue a un costo tan alto que, incluso, puede ser desfavorable para el vencedor.

Ignorando estos hechos, el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Alejandro Salas, en un afán de minimizar el efecto de la decisión judicial de disponer prisión preventiva por 30 meses para Yenifer Paredes, la cuñada-hija de Pedro Castillo, declaró a RPP: “[Tal decisión] no ha debilitado al presidente de la República, él ha comunicado al gabinete ministerial que se siente fortalecido ante esta adversidad”. Justificación tan forzada, que debe ser propia de Salas y no del profesor, sobre la que se podría decir “otra fortalecida como esta y estamos perdidos”.

Y es que la estrategia negacionista en la que han embarcado a Castillo, su primer ministro, sus abogados y sus voceros ayayeros, lejos de ayudar a una distención de la crisis política, la sigue agudizando. Tanto así que el menú del próximo lunes en el Congreso será “ministro a la cacerola”, a propósito de la doble interpelación al titular del MTC Geiner Alvarado, sindicado como parte del grupo que digitó la oscura operación de licitaciones en el distrito de Anguía. Para no dar paso atrás en su estrategia de defensa, los consejeros presidenciales argumentan que Castillo ha subido su aceptación en las encuestas y que la inspectoría de la PNP ya inicia la investigación del coronel Harvey Colchado. Les convendría leer como acabó Pirro.

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Chocando con las Paredes

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Editorial Diario UNO

Se dice que “les gusta chocar con la pared” de aquellas personas que, sabiendo el resultado de una acción u omisión, insisten en realizarla así se estrellen una o más veces. Es propio de los tercos. Eso es, exactamente, lo que está pasando con la defensa legal del presidente Pedro Castillo en perjuicio de su esposa Lila Paredes y de su cuñada Yenifer Paredes en las investigaciones en curso sobre irregularidades en la adjudicación de obras en su distrito natal de Anguía.

Y es que las versiones de los, hoy “confesores sinceros”, hermanos Hugo y Anggie Espino que les atribuyen a las hermanas la responsabilidad principal en sus tramas de corrupción con el alcalde Nenil Medina Guerrero, no parecen convincentes. Por simple razonamiento lógico, es incoherente que una joven inexperta como Yenifer, quien venía de ser asistente administrativa de una pequeña municipalidad, sea el cerebro del tráfico de influencias de negocios millonarios. Como tampoco parece razonable que la primera dama haya sido la gestora de la organización criminal. Pero, lo cierto es que a este paso ambas van a resultar víctimas de las circunstancias creadas por los abogados de Pedro Castillo.

Ello, porque en lugar de una defensa esclarecedora y transparente que rebata el fondo de las acusaciones, Benji Espinoza y sus carnales se han dedicado no a una tinterillesca obstrucción de la investigación fiscal, con un doble discurso que, piensan, engaña a la opinión pública. Así, por ejemplo, proclamaron que el presidente no tenía nada que ocultar y que colaboraría, pero al final acaba mudo ante el fiscal.

El resultado es autoalimentar las sospechas de que hay algo raro en la reticencia del profesor para aclarar de una buena vez las acusaciones contra él y, de paso, obligar a la Fiscalía a que involucre a las personas y circunstancias colaterales, en este caso sus familiares más cercanos. Exponer a esposa y cuñada es una estrategia de defensa cobarde, propia de abogados que solo quieren ganar el caso y los respectivos honorarios, pero que tarde o temprano va a chocar con la pared.

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El contradictorio “factor Antauro”

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Editorial Diario UNO

Finalmente, tras haber cumplido con 18 años de carcelería, el líder etnonacionalista Antauro Humala Tasso, recuperó la libertad. Pese a su indoblegable pugnacidad, las fuerzas sociales que lo acompañaron antes de ir a prisión se fueron desorganizando y debilitando, pero el solo anuncio de su salida ha generado reacciones de distinto tipo que reflejan que en el incierto panorama político nacional cualquier cosa puede pasar.

En su efímera participación electoral, él mismo invocaba “voten por Antauro, que a la derecha le duele más”. Ahora, curtido en la prisión, sale con un radicalismo macerado que ya lo llevó a tener diferencias extremas con su hermano expresidente (“Yo fusilaría a Ollanta”) y que, antes, erizó el pelo a la elite conservadora. Más aún cuando su primera declaración ha sido en reivindicación del llamado Andahuaylazo, del que no se arrepiente y que, en cristiano, significa la combinación de las formas legales y constitucionales y de la acción directa de los reservistas etnocacertstas para la toma del poder.

Pero, un aspecto poco destacado de la actual postura política de Antauro es su terca posición anticorrupción y de sus críticas a la inconsecuencia del gobierno de Pedro Castillo con la adopción de un programa de reformas estructurales. Como desde la prisión ha seguido oliendo al país, él ha tomado nota de la insatisfacción social de los grandes bolsones urbanos frente al gobierno, lo cual le genera un espacio político que podría ganar en base a su estilo confrontacional y populachero.

Entonces, en lugar de la imagen del “cuco de la derecha” que los comentaristas políticos inflan, Antauro podría ser el cuchillo más afilado contra el gobierno, al que no le debe nada, sino cierto resentimiento porque no cumplió con liberarlo antes. Ayer mismo, al salir de Piedras Gordas algunos partidarios le gritaban “¡A Palacio, a sacar a Castillo!”. Y es que, ante la incompetencia de los partidos políticos, el pragmatismo de Humala parece una virtud, que podría encandilar hasta a los sectores de derecha. Por eso, todos “¡Agárrense!”.

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