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En el cincuentenario de la Reforma Agraria

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En el cincuentenario de la Reforma Agraria

Se va acabando el otoño y nos acercamos a la fecha en que tendremos la noche más larga del año. Es el fin del año andino y el comienzo de uno nuevo. La dominación colonial impuso compulsivamente a la población aborigen la celebración del año nuevo europeo en que el solsticio de invierno ocurre cuando estamos en verano. Se van a cumplir 500 años de dominación y seguimos con el implante cultural que no corresponde científicamente a nuestra geografía, pues a diferencia del hemisferio norte, nuestro solsticio de invierno ocurre cada 21 de junio.

El mundo entero ha tenido que adecuarse a esa homogenización de dominio. En nuestro país, hasta la celebración del “año nuevo chino” que hacen los inmigrantes, es destacado por los medios de prensa, pero se ignora el año nuevo andino, como una forma de discriminación encubierta. Pero los peruanos ancestrales siempre han mantenido la tradición y muchas veces a escondidas del régimen vigente.

Lo mismo sucede con la expectativa de celebración de un bicentenario aciago para los peruanos ancestrales, quienes en esa fecha perdieron su patria originaria en forma definitiva. Los advenedizos se adueñaron de la conducción del territorio nativo, dejando de lado a la población autóctona. No es casualidad que actualmente tengamos en el Parlamento a un connotado descendiente de uno de los trece de la Isla del Gallo como “padre de la patria”.

En todo el país, se añora el pasado porque el presente es aberrante. Basta ver los noticieros para ver toda la podredumbre que emana la sociedad actual. ¿Puede alguien negar que hoy, hay más desnutrición que en los tiempos prehispánicos? ¿Cuándo estuvieron mejor los campesinos: en la época Prehispánica? ¿en el Virreinato? ¿en la República? ¿Hubo más delincuentes que ahora? Es obvio que el modernismo ha traído muchos beneficios, pero los pueblos originarios han quedado rezagados por la maldición de una dominación que no los deja avanzar.

A diferencia de los países dominantes que trabajan la tierra con agricultura de precisión digitalizada, ahorrando costos y esfuerzos; en nuestros andes se trabaja todavía con herramientas prehispánicas. Vayan a las zonas rurales del sur y encontrará a los campesinos trabajando con chaquitaclla, transitando puentes artesanales de paja y durmiendo sobre piel de animales. ¿Es justo que los dueños de casa, desplazados por los advenedizos vivan es estas condiciones? Si no lo es, ¿Por qué permitimos tanta injusticia?

Sus ancestros hicieron Machu Picchu, que se conserva como una maravilla mundial, pero vemos a los descendientes sirviendo como bestias de carga a los turistas y son otros, los que se benefician de los millones de dólares que genera esta colosal herencia nativa. Se les moteja de “indígenas” a los campesinos de pura sangre autóctona, despectivamente, pero ellos llevan consigo la herencia genética que hizo posible el acervo arqueológico y cultural del cual todos los peruanos nos sentimos orgullosos

Cuanto más vil es el sistema que nos rige actualmente, mayor es el deseo de recuperar la patria perdida. Por eso, no se extingue la añoranza por el Tahuantinsuyo y se conserva el Inti Raymi como año nuevo andino que desde tiempos inmemoriales se festeja como culminación de todas las cosechas, coincidiendo con el solsticio de invierno. Siempre ha sido una fiesta de gratitud al sol por los beneficios recibidos en la producción de alimentos, salud, clima y otras bondades.

Pese a la segregación histórica, los nativos han preservado de una u otra forma, sus fuentes idiomáticas, sus cultivos y crianzas autóctonas y sus valores sociales. En Lima, se celebraba la “Fiesta de los Amancaes”, desde la colonia porque allí se reunían los segregados, en las estribaciones de los cerros aledaños teñidos de amarillo por la floración de esa planta silvestre en el mes de junio.

En reconocimiento de la inocultable tradición aborigen de esta fiesta, el presidente de la república, Augusto B. Leguía decretó en 1930, que el 24 de junio de cada año se celebre como “Día del Indio” y se rinda homenaje en escuelas e instituciones, a la población ancestral, estableciéndolo como feriado no laborable. Pero su condición como siervo feudal no cambió.

Lejos de devolverles sus tierras arrebatadas a la fuerza, seguían siendo despojados de su heredad por parte de los descendientes de la dominación colonial y republicana. El despojo de tierras generó una estructura feudal de tenencia. Los terratenientes tenían como vasallos a los despojados, obligados a trabajar gratuitamente en las tierras del amo. Las mujeres tenían que trabajar por turnos en la casa del hacendado. El señor feudal era conocido como el “gamonal”, en referencia a una planta parásita que vive a costa de otras.

Los que no han conocido esta realidad, no se imaginan los escalofriantes sufrimientos de los campesinos avasallados por los gamonales. La casta feudal tenía bajo su control a los jueces, con la complicidad de los sacerdotes que siempre reprendían a los nativos, parcializándose con los hacendados. Tenían sus propias cárceles en la casa hacienda y allí castigaban y torturaban a los nativos rebeldes. Los que reclamaban eran castigados sin misericordia.

En el cincuentenario de la Reforma Agraria

Los gamonales y sus hijos, violaban esposas e hijas de sus vasallos sin que fueran sancionados. Cuando al gamonal le faltaba dinero, arrebatan bienes y ganado de sus vasallos con cualquier pretexto y les imponían castigos totalmente arbitrarios. La justicia era imposible. Muchos gamonales eran también senadores y diputados influyentes del Congreso de la República, como también algunos llegaron a ejercer la presidencia del Senado, de la Cámara de Diputados y hasta ocuparon la Presidencia de la República.

Con todo este poder, se posesionaron de diversas empresas en todos los ramos de negocios constituyendo una oligarquía política y económica, que corrompía líderes de los partidos políticos para hegemonizar su poder. Estudiantes, intelectuales y personalidades progresistas reclamaban por las calles y plazas, una reforma agraria que reivindique al campesinado, pero los legisladores la impedían porque defendían los intereses terratenientes. No había salida.

El triunfo de la revolución cubana y su programa de confiscación de tierras y empresas extranjeras, nos mostró que había otra opción, y se generó en nuestro país una corriente política de optar por la lucha armada como solución frente al impasse político. Los campesinos prorrumpieron en los latifundios tomando las tierras para recuperar lo que era suyo y la represión sangrienta no se hizo esperar. El Ejército de Liberación nacional- ELN, incursionó en 1963, por Puerto Maldonado para iniciar la guerra de guerrillas por una revolución agraria, y gobierno popular. Javier Heraud cayó en esta tentativa.

En 1965, precisamente en junio, se reiniciaron las acciones guerrilleras en la sierra y selva central, como también en la selva de Cusco por parte de los combatientes del MIR mientras los combatientes del ELN lo hacían en la selva de Ayacucho. El júbilo fue inmenso entre el campesinado ayacuchano cuando se tomó la hacienda Chapi, eliminando a los gamonales abusivos.

La represión fue cruel y fueron los campesinos los que mayormente derramaron su sangre. Pero este drama sangriento impactó la sensibilidad de los oficiales del ejército enviado a develar la rebelión para que la oligarquía mantuviera su poder total. Sorpresivamente, hicieron suyas las demandas de los guerrilleros caídos, y encabezados por el general Juan Velasco Alvarado, resolvieron derribar el poder de la oligarquía terrateniente. La insurrección se produjo el 3 de octubre de 1968, a un año de la muerte del “Che”, cuyo sacrificio también los impactó.

Asumieron el gobierno siguiendo un proyecto diferente, establecido en el “Plan Inca” con el fin de establecer una democracia de participación plena. En esos términos se dio lo que llamaron Revolución Peruana de la Fuerza Armada. Iniciaron de inmediato la recuperación y nacionalización de los recursos petrolíferos y minerales en manos de empresas extranjeras. En junio de 1969, Velasco promulgó la ley de Reforma Agraria con las siguientes palabras:

“Hoy, en el Día del Indio, día del campesino, el Gobierno Revolucionario le rinde el mejor de todos los tributos al entregar a la nación entera una ley que pondrá fin para siempre a un injusto ordenamiento social que ha mantenido en la pobreza y en la iniquidad a los que labran una tierra siempre ajena y siempre negada a millones de campesinos. Lejos de las palabras de vanos homenajes, el Gobierno Revolucionario concreta en un instrumento de inapelable acción jurídica ese anhelo nacional de justicia por el que tanto se ha luchado en nuestra Patria.

De hoy en adelante, el campesino del Perú no será más el paria ni el desheredado que vivió en la pobreza, de la cuna a la tumba, y que miró impotente un porvenir igualmente sombrío para sus hijos. A partir de este venturoso 24 de junio, el campesino del Perú será en verdad un ciudadano libre a quien la patria, al fin, le reconoce el derecho a los frutos de la tierra que trabaja, y un lugar de justicia dentro de una sociedad de la cual ya nunca más será, como hasta hoy, ciudadano disminuido, hombre para ser explotado por otro hombre.”

Nadie creyó que Velasco fuera capaz de esta proeza. Es más, se decretó amnistía para los guerrilleros y se les invitó a participar del proceso. La izquierda estaba desconcertada. No puede ser dijeron algunos y se pusieron en la oposición. Hoy lo lamentan. La revolución iniciada fue traicionada desde adentro del gobierno por acciones de la Central de Inteligencia Americana. Velasco fue depuesto y volvió la podredumbre que hoy nos agobia.

De este modo, la reforma agraria quedó desactivada en sus inicios. Solo se cumplió la primera fase de expropiación y adjudicación. Continuaba con la tecnificación y gestión empresarial, conformando un enorme empresariado asociativo, en un nuevo ordenamiento territorial sobre la base de Proyectos Integrales de Asentamiento Rural- PIAR. Esta reforma fue saboteada y desvirtuada pero los enemigos de ella no pudieron revertir la devolución de las tierras ya en poder de los campesinos.

Al conmemorarse el 50 aniversario de la promulgación de la Reforma Agraria, expreso mi reconocimiento a todos los que la hicieron posible, luchando por años, desde abajo y desde arriba, en todas las formas, en todos los tiempos. Muchos fueron perseguidos, encarcelados y murieron por ella. Lo menos que podemos hacer, es rendirles el homenaje que se merecen.

 

MILCÍADES RUIZ

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

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La policía cubana, vista por un periodista norteamericano

Un grupo de policías mus­culosos que llevan pistolas y bastones semiautomáticos se mueven lentamente entre la multitud al final de un con­cierto de salsa al aire libre. Mis amigos y yo tenemos una botella de ron, y creo que los policías lo confiscarán y tal vez hasta nos arresten.

En cambio, la policía nos pide que bebamos, y rápida­mente cumplimos. Confiscan la botella de vidrio para que no se pueda romper y usar como arma.

Este incidente tuvo lugar en La Habana hace algunos años, y dice mucho sobre lo que constituye una buena vi­gilancia policial. Los policías estaban interesados en preve­nir el crimen, no en agravar­lo.

Contrariamente a la ima­gen de comunistas brutales y represivos, la policía en Cuba ofrece un ejemplo instructivo para los activistas en los Es­tados Unidos. La policía vive en las ciudades que patru­llan. Generalmente tratan a los ciudadanos con respeto. Como documenté en mi libro Dateline Havana, las golpizas policiales a criminales son ra­ras y los asesinatos policiales son inexistentes. Cuba tiene una de las tasas de crimina­lidad más bajas de América Latina.

Las continuas protestas por las vidas de los negros en los Estados Unidos han forzado un debate nacional sin precedentes sobre el pa­pel de la policía. ¿Deben los departamentos de policía ser financiados y ese dinero ser desviado para ayudar a las comunidades pobres? ¿Debe­ría la policía ser abolida por completo?

Cuba ha luchado con pro­blemas policiales desde la re­volución de 1959. El gobierno, aunque ciertamente tiene su cuota de fallas, ha creado un sistema de interacción entre la comunidad y la policía que reduce el crimen sin depen­der de la fuerza bruta.

La lucha contra el crimen en Cuba comienza con una red de seguridad social, que brinda a cada cubano educación gratuita, atención médica gratuita y eventos culturales subsidiados. Cuba no sufre los azotes de la falta de vivienda y la adicción a las dro­gas instigada por los carteles, a pe­sar de los intentos regulares de los traficantes de contrabandear dro­gas a Cuba desde Florida.

La economía socialista signifi­ca que Cuba no tiene extremos de riqueza y pobreza. He visitado las casas de funcionarios gubernamen­tales de alto rango que viven en ve­cindarios de ingresos medios. Me he encontrado con agentes de policía que vivían en un modesto complejo de apartamentos en el mismo ve­cindario que patrullaban.

Cuba usa la presión de la comu­nidad para desalentar el crimen. Los Comités para la Defensa de la Revolución (CDR) se crearon origi­nalmente a principios de la década de 1960 para erradicar a los contra­rrevolucionarios respaldados por Estados Unidos. Hoy en día, los CDR promueven la salud pública y ac­túan como grupos de vigilancia del vecindario.

Humberto Carillo Ramírez, un líder nacional de CDR entonces, me dijo en un documental de radio que los residentes locales a menudo sa­ben quiénes son los delincuentes.

“Si una familia no envía a sus hijos a la escuela o si un joven no está trabajando y se está metiendo en problemas…nos reunimos con ellos “, dice. “Vivimos en [su] blo­que… Explicamos por qué es malo para el país y también explicamos las graves consecuencias legales para ellos”.

Cuando los residentes son con­denados por delitos, los miembros de CDR los visitan en la cárcel. “Queremos…reincorporarlos a la so­ciedad después de que salgan “, dice Carillo.

A principios de la década de 1990. Cuba enfrentó una crisis eco­nómica masiva provocada por el co­lapso de la Unión Soviética e inten­sificada por los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al gobierno. Los cubanos enfrentaron una gra­ve escasez de gasolina, alimentos y electricidad. A partir de 1996, la na­ción experimentó un fuerte aumen­to en los robos de viviendas y asaltos callejeros; incluso hubo un intento de robo de un vehículo blindado.

Según los estándares de Estados Unidos, el crimen en Cuba seguía siendo ligero, pero era más de lo que los cubanos estaban dispues­tos a aceptar. En 1999, el gobierno aprobó una ley que duplicó algunas penas de prisión. Los jueces tam­bién permitieron que menos prisioneros salieran en libertad condicional. La policía estaba estacionada en cada esquina de las zonas turísticas. La represión resultó en una caída del 20 por ciento en la delincuencia, me dijo el juez de la Corte Suprema Jorge Bodes Torres en una entre­vista en ese momento.

Él atribuye el éxito a las medidas de “ley y orden” y a la organización comunitaria. “La mayoría de las personas están involucradas en la lucha contra el crimen”, dice. “Ese es el factor más importante”.

Los disidentes políticos cu­banos están totalmente en des­acuerdo. Afirman que la policía golpea y encarcela rutinariamen­te a los opositores del gobierno. Sin embargo, como he documen­tado, muchos de estos disidentes son financiados por Washington y regularmente difunden noti­cias falsas, por lo que sus recla­mos de brutalidad sistemática carecen de credibilidad.

Algunos cubanos tienen quejas legítimas. Entrevisté a docenas de jóvenes afrocubanos que fueron detenidos e interro­gados por la policía porque son negros.

Pablo Michel, un joven afro­cubano, me cuenta que fue detenido por la policía varias veces en las zonas turísticas de La Habana. En una ocasión, llevó a dos turistas blancas al aeropuerto de La Habana. La po­licía se detuvo e interrogó a Mi­chel, sospechando que estaba dirigiendo un servicio de taxi ilegal. Él dice que los cubanos blancos que llevan extranjeros al aeropuerto “no tienen los mismos problemas”.

Michel y otros entrevistados dicen que la policía no realiza búsquedas violentas y que no golpean ni disparan a los sospe­chosos. Sin embargo, muchos policías estereotipados cubanos de piel oscura como ladrones y buscavidas, dice.

A fines del año pasado, el gobierno cubano anunció una importante campaña contra el racismo. Los funcionarios pla­nean identificar áreas específi­cas de discriminación, iniciar un debate público y educar al público.

“Este es un verdadero paso adelante, después de haber lu­chado durante tantos años”, dijo a Reuters Deyni Terri, fundado­ra de la Alianza de Unidad Racial en La Habana, en noviembre pa­sado. “Es un buen comienzo.”

Obviamente, las institu­ciones desarrolladas en Cuba no pueden transferirse sim­plemente al por mayor a los Estados Unidos. Pero podemos aprender del concepto de parti­cipación de la comunidad, dice Max Rameau, un organizador del grupo de base Pan-African Community Action con sede en Washington, DC, que ha es­tudiado las prácticas policiales cubanas.

“Necesitamos diferentes en­tidades de la comunidad para diferentes tareas que son res­ponsables de la seguridad y el bienestar del vecindario”, me dice en una entrevista telefó­nica. Por ejemplo, los grupos comunitarios estadounidenses pueden resolver problemas de salud mental y disputas familia­res sin involucrar a la policía.

Pero Rameau no apoya des­hacerse de la policía por com­pleto.

Si un supremacista blanco ataca a una iglesia negra, como sucedió en Carolina del Sur en 2015, dice: “Queremos asegu­rarnos de que nuestro equi­po de seguridad comunitaria pueda responder. En cualquier sociedad con diferentes clases, tendrás policía. Pero debería­mos tener control sobre ellos”.

El debate de los Estados Unidos sobre la actuación policial se ha desplazado cla­ramente hacia la izquierda. Después del asesinato po­licial de Michael Brown en 2014 en Ferguson, Missouri, los políticos pidieron a la policía que usara cámaras corporales. Hoy, después del asesinato de George Floyd, el Ayuntamiento de Minneapo­lis ha votado para desmante­lar la fuerza policial, aunque todavía está dando detalles.

Los grupos contra la bru­talidad policial han desarro­llado una variedad de planes para descentralizar los de­partamentos de policía en fuerzas comunitarias, gober­nadas por juntas civiles.

Por primera vez en la historia reciente, personas de todos los orígenes en los Estados Unidos están dis­cutiendo seriamente cómo cambiar fundamentalmente las fuerzas policiales. Las ex­periencias de Cuba deberían ser parte de esa discusión.

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

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Estudiantes peruanos ganan hackatón del MIT para enfrentar al Covid-19

Un chatbot para faci­litar el reporte remoto de casos de coronavirus es uno de los proyectos ganadores del “MIT Co­vid-19 Challenge: Latin America vs Covid-19”, una hackatón virtual de 48 horas desarrollada para buscar soluciones de impacto relevante en Latinoamérica.

Esta aplicación que usa inteligencia artifi­cial fue creada por un grupo de estudiantes de las universidades de Harvard, Stanford y Brown, entre los que se encuentran cuatro peruanos.

Una integrante del equipo es Valerie Agui­lar Dellisanti, quien jun­to con sus compañeros, se propuso crear un sistema para realizar chequeos y controles de forma remota para la detección de la en­fermedad.

ASÍ FUNCIONA

“Imaginemos que una persona tiene sín­tomas de coronavirus, entonces envía un men­saje a nuestro chatbot que verifica sus datos de identidad y a través de los SMS le realiza un triaje, y con esa informa­ción detallada se hace un diagnóstico. Poste­riormente, dependiendo del resultado, se hace un seguimiento o se lo re­dirige a la central 113”, explica Valerie, orgullo­sa de que su proyecto haya resultado uno de los elegidos.

Su equipo estuvo con­formado por Marcelo Peña, Valeria Wu y Ro­drigo Chanamé de Perú; Jorge Armenta, Santiago Hernández y José Lavarie­ga de México, todos ellos estudiantes universitarios de las principales univer­sidades de EE. UU.

La hackatón, organiza­da por el Instituto Tecno­lógico de Massachusetts (MIT), se realizó del 19 al 21 de junio y convocó a 1 500 jóvenes emprende­dores de todo el mundo, quienes en equipos multi­disciplinarios colaboraron para desarrollar solucio­nes innovadoras frente a la crisis de Covid-19.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

Valerie Aguilar Dellisanti, integrante del equipo que creó el chatbot, cursa el primer año en la Universidad de Brown.

COORDINACIÓN CON EL GOBIERNO

Como se recordará Valerie, egresada de los colegios Saco Oliveros y Alexander Von Hum­boldt, sorprendió el año pasado a la comunidad educativa al ganar be­cas en 10 universidades top del mundo: Yale, Duke, Amherst Colle­ge, Singapur y Brown, entre otras.

Ella ahora busca co­ordinar la integración de los datos del bot con la base de datos del Es­tado para implementar este servicio que será de gran ayuda para nues­tro sistema de preven­ción y diagnóstico del coronavirus.

“Por ahora necesita­mos contactos con el Estado, con la Reniec y los ejecutivos del Mi­nisterio de Salud y de la Línea 113 para incorpo­rar los datos al sistema y realizar las pruebas lo más antes posible para colaborar en la lucha contra esta pandemia.”, puntualiza.

Actualmente, Va­lerie Aguilar cursa el primer año en la Uni­versidad de Brown y seguirá dos carreras: Ingeniería de Sistemas y Economía y Relacio­nes Internacionales y Públicas.

En tanto emplea toda su energía, conoci­miento y liderazgo para contribuir a frenar esta pandemia mundial en el país.

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

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Vencimos al coronavirus porque estábamos preparados

Hace unos días, un equipo de 85 médicos procedentes de Cuba llegó a nuestro país como parte de un acuerdo solidario entre el estado peruano y el gobierno de dicho país para brindar apoyo en la lucha contra la pandemia del Covid19 que se desarrolla inten­samente a lo largo de nuestro territorio nacional.

Para conocer los detalles de esta misión médica conversa­mos con Sergio González, emba­jador de Cuba en el Perú, quien nos comentó que este grupo de profesionales de la salud estará destacado en Ayacucho (16), Mo­quegua (16), Arequipa (26) y An­cash (27). “En esta última región comenzarán a trabajar en Chim­bote, donde al parecer existe un preocupante crecimiento de la epidemia”, expresó.

—¿Cómo han sido las nego­ciaciones con el estado perua­no para concretar la ayuda?

— Intensas y fructíferas. Las partes han debido evaluar innu­merables detalles técnicos pro­pios de la actividad médica a la que se enfrentarán los colabora­dores de la Isla, pero sobre todo los relativos a las condiciones de trabajo y condiciones prácticas de existencia, que se han acorda­do en estricto apego a las normas laborales, migratorias y hasta sa­nitarias de ambos países. Todo esto debió hacerse en las circuns­tancias que impone el modo pausa mundial, la limitación de movimientos dentro del Perú, el cierre de aeropuertos que impli­ca el cese de las operaciones de las aerolíneas y otras. Pero pre­valeció el ánimo de concretar la iniciativa, que fue ampliamente consensuada entre las autori­dades de gobierno y las goberna­ciones regionales, el ministerio de Salud, el de Relaciones Exteriores y el Colegio Médico, así como los mi­nisterios homólogos cubanos y las respectivas embajadas. En el tramo final, el ministerio de Defensa y la Policía Nacional del Perú desempe­ñaron un decisivo rol para asegurar el traslado.

—¿Aparte de Perú a que otros países de la región están llegan­do para brindar el apoyo solida­rio?

— Para enfrentar la Covid-19 han viajado alrededor de 2,500 co­laboradores en 32 brigadas cuba­nas del contingente Henry Reeve a 25 países. En algunos casos se han sumado a otros profesionales que ya estaban trabajando en virtud de acuerdos bilaterales previos.

En la región, están en Antigua y Barbudas, Barbados, Belice, Do­minica, Granada, Honduras, Haití, Jamaica, México, Nicaragua, Suri­name, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Trinidad y Tobago y Venezuela.

En África están en Angola, Togo, Cabo Verde y Sudáfrica. En Europa, están en Italia y Andorra. Tam­bién están en el Medio Oriente, en Kuwait y Qatar.

Es por este aporte que se ha le­vantado una campaña internacio­nal a favor de la concesión del Pre­mio Nobel al contingente para la cooperación Henry Reeve, al que ya la OMS le otorgó el premio Dr. Lee Jong Wook.

— Este aporte cubano for­ma parte de la larga historia de solidaridad hacia nuestro país ¿qué significado tiene 50 años después del apoyo a Perú tras el terremoto de 1970?

— Extraordinario simbolismo. Un día como ayer, 06 de junio, hace 50 años Fidel se tendió en una camilla de un banco de sangre del barrio Vedado e hizo una donación, con la que convocó a los 8 millones 500 mil cubanos de entonces a dar su aporte voluntario. 150 mil bolsas de sangre y plasma se recogieron y, posteriormente, 37 constructores levantaron 6 hospitales, tres de ellos en la región. Hace unos meses pude visitar 2 que todavía funcionan y ahora van a alojar probablemente a una nueva hornada de médicos cu­banos. La mayor parte de ellos, no había nacido hace 50 años.

Es decir, la historia tiene esos ciclos, esas sorpresas. Para comple­tar, por estos mismos días en que conmemoramos medio siglo de la epopeya de solidaridad que siguió al terremoto, un grupo de la Aso­ciación Peruana de Graduados en Cuba hizo una donación de cajas de equipos de protección personal (EPP) a los colaboradores que han venido a sumarse a la lucha contra la Covid 19. Fueron una representación de los alre­dedor de 2,000 galenos graduados en Cuba por las becas otorgadas en dife­rentes momentos por el gobierno revo­lucionario.

—¿Qué le responden a las voces que hablan -otra vez- de una injeren­cia política cada vez que Cuba envía a sus médicos?

— Apenas le prestamos atención. Significa que cabalgamos, para recor­dar al Quijote. Pero no dejamos de re­flexionar.

La derecha recalcitrante y nuestros detractores tienen un dilema irracional e insoluble. ¡Que se pongan de acuerdo! O los acusan de ser “esclavos” o de ser “espías”, pero ambas condiciones, com­prenderás, son incompatibles. No exis­te la magia que pueda convertir a un esclavo en espía o agente político.

Es parte de la narrativa del eje Washington-Miami, que después en­cuentra en el Nuevo Herald y el grupo El Comercio una siempre servicial caja de resonancia. Parecía superada en la última etapa de la administración Oba­ma, quien llegó a suprimir el llamado Programa Parole para Profesionales Médicos Cubanos (que instaba a los médicos a desertar de sus misiones) y previamente había dicho (22 de marzo de 2016):

“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los po­bres y los que sufren. El año pasado, tra­bajadores de la salud estadounidenses –y militares de EEUU– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vi­das y acabar con el Ébola en África Occi­dental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países”.

Pero cambió la administración y dentro de la nueva se entronizó la ma­fia mayamera, con Marco Rubio a la cabeza y su furibundo odio anticubano. El inefable John Bolton, asesor para la seguridad nacional, resumió en un ca­pricho la nueva doctrina: acabar con el mito de la medicina cubana y su coope­ración.

Aquí cabe la especulación. Tendrían nuestros detractores la misma desfa­chatez y mezquindad de actuar contra la hipotética administración de Hillary Clinton, de haber mantenido la actitud de Obama? Se opondrían a la “línea de Washington” si una administración diferente se decidiera por una actitud ci­vilizada de cooperación como insinuaba Obama?.

Pompeo – de quien todavía espera­mos una condena contra el ataque te­rrorista contra la embajada de Cuba en Washington, que su gobierno debería proteger— no pierde ocasión para de­nostar la colaboración cubana un día sí y otro también. Con él, el subsecretario Kozak y su encargada de negocios en La Habana, articulan un belicoso equipo de choque.

Después, un par de gobiernos obse­cuentes de la región y parte de la prensa derechista hacen el resto. Cuando, en medio de la epidemia, las muertes en EEUU alcanzaban los 6 dígitos, el gobier­no de Trump decidió dedicar 3 millones de dólares de los que aportan los contri­buyentes norteamericanos a perseguir y denunciar supuestas violaciones de los derechos de nuestros colaboradores. No los dedicó a comprar los tan nece­sarios ventiladores mecánicos ni al de­sarrollo de la vacuna contra la covid, sino a “acabar con el mito de la medi­cina cubana”. Nadie más en el Mundo, aparte de esos 4 gatos, está preocupado por los supuestos inconvenientes de la colaboración médica cubana.

Eso es lo que te diría, Francisco, para evitar hablar del irrespeto y la afrenta que significa para 164 países que sean considerados como “esclavistas” o ton­tos manipulables por haber recibido la colaboración de más de 400,000 profe­sionales de la salud de Cuba en 56 años, ni más concretamente de las 66 naciones en que hoy se desempeñan 29,000.

Y por si acaso, ratificamos que no queremos el copyright de los esquemas de colaboración. Si alguna gran potencia quiere emularnos, bienvenida sea. Ojalá tuviéramos a los médicos norteameri­canos o de otros países desplegados en todo el mundo resolviendo los abruma­dores problemas de salud y superando las carencias que la Covid 19 ha puesto de manifiesto.

No andamos por el Mundo torciendo brazos, ni utilizamos la solidaridad – porque no sería tal— ni la colaboración como moneda de cambio. La evidencia la puedes encontrar en que hemos man­tenido los acuerdos de colaboración en países que cambiaron de gobierno y sig­no político, incluso como resultado de golpes de estado. Allí donde las nuevas autoridades respetaron los acuerdos y manifestaron su interés por la actividad, nuestros colaboradores prosiguieron en­tregando sus esfuerzos con toda legitimi­dad y dignidad para beneficio de la salud de los pueblos que los acogieron.

A Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

A
Cuba nunca le faltará voluntad de cooperación con el Perú, afirma el embajador Sergio González.

—¿Cómo está Cuba afrontando este tema de la pandemia?

Creo que no es pretencioso decir que estábamos preparados para la pandemia desde hace muchos años. Es decir, no tu­vimos que prepararnos para “este” fenó­meno en particular porque hemos desa­rrollado un sólido sistema de salud con capacidades suficientes para enfrentar cualquier contingencia y además con­tribuir a la lucha mundial contra otros flagelos.

La clave para el éxito de esa lucha han sido las políticas públicas, a partir de una firme voluntad del estado y la consideración de la salud como derecho humano inalienable, no una mercancía.

No se gradúan 95 mil médicos en una década. No se consigue una densi­dad de médicos de 9 por cada 1,000 habi­tantes (la mayor del mundo) de la noche a la mañana, ni se consiguen 5,2 camas hospitalarias por cada 1,000 personas en cuestión de semanas.

La epidemia la hemos enfrentado con un doble anillo de contención. El primero, con medidas sociales de prevención, apoyadas en ese potencial de recursos humanos calificados. Esto ha permitido que, sin llegar a la inmovilización general obligatoria, se hayan podido detectar los focos de contagio (unos 45 eventos), aislarlos y desactivarlos. La decisión ha sido aislar no solo a los contagiados activos, sino también a los asintomáticos y los sospechosos, en instituciones del Estado.

En el segundo anillo están las acciones clínicas y los protocolos de enfrentamiento a la epidemia una vez que se detecta un sospechoso. Para él se utilizan tratamientos preventivos. Luego, para los que desarrollan síntomas, se utiliza una variedad de acciones que incluyen el suministro de alrededor de 20 fármacos, la mayoría fabricados en Cuba. Se cuentan entre ellos el interferón alfa 2B ®, el itolizumab y un péptido novedoso creado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana que lleva su nombre, el CIGB-258.

— ¿Vendrá otro grupo de profesionales o solo estos 85 que han llegado a Perú?

— Todo dependerá de cómo evolucione la pandemia en el Perú y en otras partes del mundo, que también han reclamado la colaboración cubana. Por nuestra parte, estaremos atentos a los requerimientos peruanos y haremos las evaluaciones pertinentes en cada momento. Voluntad de ayudar no nos faltará.

 

Y APLICAN FÁRMACOS CON ÉXITO

Científicos cubanos tras vacuna contra Covid-19

—¿Qué aportes científi­cos están brindando en esta lucha de encontrar una va­cuna?

— El interferón cubano se utilizó con gran éxito en Chi­na; mientras que el CIGB-258 ha sido efectivo en el 78% de los casos críticos y el 92,3% de los graves tratados en Cuba, mientras que a nivel mundial la sobrevivencia de los casos críticos que se logra es 30% sin el uso del mismo.

Aquí entra a jugar la otra conquista de la Revolución: su emblemática biotecnología y su industria farmacéutica, el desarrollo del potencial cientí­fico de la Isla.

La aplicación de estas con­ductas nos permitió superar a fines de abril el pico de la epidemia. Para que tengas una idea, La Habana ha sido el epi­centro y allí, en esos días de mayor cantidad de casos acti­vos, sólo se ocupó el 30% de las camas hospitalarias y el 8% de las camas de cuidados intensi­vos.

Hoy tenemos 248 casos activos y 3 críticos o graves, una situación favorable que nos permite considerar que la epidemia está bajo con­trol. Hemos acumulado 190 contagiados por cada millón de habitantes y lamentado la muerte de 7 personas por cada millón. Cuba ocupa el lugar 93 por el número de contagiados absolutos en el universo de más de 200 paí­ses.

El CIGB es uno de más de 100 centros de investigación que desarrolla un candidato vacunal contra la Covid-19. Pero las investigaciones avan­zan en ambos sentidos: en la búsqueda de la vacuna y en el desarrollo de tratamientos para la curación.

 

 

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